miércoles, 8 de agosto de 2012

EPÍLOGO



-            ¡Bueno inspector! No tienes tan mal aspecto para haber salido de una casa ardiendo. -  El inspector César Cánabas se sentó a los pies de la cama del inspector Miravalles sin hacer intención de acercarse a él – Supongo que no me vas a dar un abrazo aunque te alegres de verme, ¿no, viejo amigo?

            Miravalles sonrió y efectivamente no se levantó a abrazar a su amigo, tenía los dos brazos escayolados.

-            Eso es, perdona que no me levante, jajaja.
-            ¿Cómo estás viejo?
-            Bueno, bastante bien para lo aparatoso que fue todo, los dos brazos rotos por la caída por las escaleras, magulladuras varias y un chichón en la frente producido por un enorme falo de madera, y haz el favor de no poner esto último en el informe, cabronazo.
-            No te preocupes, los chistes serían inevitables y no soy tan malo.
-            Ponme al día, anda.
-            Ayer entramos en la vivienda de Valencia y encontramos mucha documentación.  Al parecer llevaban años buscando una víctima propicia para un sacrificio humano y buscaban a alguien vulnerable y lleno de maldad para conectar mejor con su maestro Belcebú, como sospechábamos, crearon la agencia HHB para meterse en las casas y buscar alguien a quién sacrificar.  Al parecer tu amigo Restituto era un cabronazo del quince.
-            Lo era.  Ahora te cuento.
-            Le encontraron por casualidad hace un año en uno de los destinos que las contrataron y han estado envenenándole con belladona siguiendo un rito de las brujas de la Edad Media.  Al parecer el doctor que le trataba se dio cuenta y la que le cuidaba tuvo que huir y el grupo aceleró sus planes, mala suerte que no llegasteis a tiempo.
-            Por un pelo.  Me tuvieron que esperar los de la policía local porque la casa estaba muy escondida y no la iba a encontrar, además no pensábamos que la cosa iba a complicarse tanto.
-            Lo sé. – Asintió el inspector Cánabas. – Si no te hubieran lanzado la polla a la cabeza no habría pasado esto.
-            Mamón. – Miravalles se sentía mejor cuando se reía, aunque las heridas le dolían el doble.
-            Desde luego el paralítico debió tener una muerte horrible, espero que estuviera drogado.
-            Era una pieza de cuidado también, hace años estrelló su coche contra una pared cuando intentaba matar a su novia, por eso se quedó parapléjico, aun así le pusieron una orden de alejamiento y por eso se vino a vivir a su pueblo natal, pero el muy hijoputa se las ingenió para seguir acosando a su antigua novia, encontró una pardilla en internet que le hacía el trabajo sucio aquí en Madrid, pero tuvo mala suerte y la chica ha enfermado, es “la niña del Exorcista” que te comenté.
-            ¿Cómo está ella?
-            Ha tenido suerte y el doctor que la trata ya había visto otro caso similar en Cataluña, ya la tiene en tratamiento y parece que saldrá de esta.
-            ¡Vaya coincidencia!.
-            Tú sabes que no creo en las coincidencias.
-            Yo tampoco.

            A muchos kilómetros de distancia, el doctor Navarro tuvo la misma pesadilla que el inspector Miravalles, soñaron que veían cómo ardían sus piernas.  Aquella noche, como muchas otras después, el doctor Navarro pasó miedo.





F I N

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