lunes, 2 de julio de 2012

VEINTITRES


-            Buenos días, me envían de la agencia HHB.  Perdóneme si llego demasiado pronto, pero me dijeron en la agencia que era urgente.

El doctor no había entendido casi nada de lo que le decía aquella mujer que había estado a punto de matarlo de un infarto.  Ella había tenido que insistir con el timbre antes de que el doctor superara su miedo y se decidiera a abrirle a puerta a aquel monje oscuro que, para su alivio, había resultado ser una mujer con un chubasquero bajo un enorme chaparrón matutino.

-            ¿Puedo entrar?
-            ¿Eh?, si, si, claro, perdóneme pero estaba dormido y aún no me he despertado del todo – mintió el doctor que aún petrificado sujetaba con fuerza el pomo de la puerta de entrada.
-            Adelante, adelante, que se estará usted calando.

La mujer pasó a su lado y el doctor pudo comprobar que era de mediana edad, aunque quizá representaba más años de los que tenía realmente, porque su rostro mostraba claramente que había llevado una vida dura.  El doctor percibió algo que le recordó poderosamente a  Evencia, quizá ese fuerte acento valenciano que compartía con ella y que era tan poco común por aquellas tierras.

Una vez recuperada la compostura, el doctor le mostró a la nueva cuidadora la planta baja de la casa antes de subir a presentarle a Rex.

-            No sé si la habrán puesto en antecedentes en la agencia, pero yo la pongo al día en seguida.  El cliente es un hombre tetrapléjico que últimamente está bastante delicado de salud.  Necesita atención las 24h, con lo que si necesita usted salir de la casa me tendrá que avisar al menos dos horas antes.
-            ¿Qué le pasó a la persona que le cuidaba antes?
-            Se tuvo que marchar inesperadamente. – El doctor era consciente de que quizá ese mismo día aparecería por allí el comisario con todo su “ejército local” y la nueva iba a hacer preguntas, pero ya llegaría el momento de dar explicaciones si había que darlas.
-            También tengo que advertirle de que el cliente tiene un carácter “especial” – enfatizó las comillas con los dedos de ambas manos. – Digamos que no tiene buenos modales.
-            No se preocupe doctor, llevo muchos años cuidando todo tipo de enfermos.
-            No como este – pensó el doctor – Tomamos un café y subimos a despertarle, que ya va siendo hora.  Por cierto, no me ha dicho usted como se llama.
-            Si, perdone.  Me llamo Vicenta Alabaina y soy de un pueblecito de la provincia de Valencia.
-            La anterior cuidadora también era de por allí.
-            Ya me imagino, la central está en Valencia y suelen contratar a mucha gente de la comarca, intentan no contratar muchas extranjeras.

Sintió una cierta aprensión mientras la nueva cuidadora preparaba servicialmente el café, no podía evitar pensar en aquel veneno que podía estar por todas partes.

-            Buenos días Rex, ya ha venido la nueva cuidadora
-            Hola matasanos.  Es igual de fea que la anterior ¿esta también me va a envenenar?

El doctor miró de reojo a Vicenta que, sorprendentemente, no dio muestras de asombro.

-            Rex, te voy a dejar esta mañana con ella para que te vaya conociendo, yo tengo que visitar unos pacientes.  Más tarde llegará el comisario Acero a hacerte unas preguntas.
-            Si alguien ha roto los cristales del ayuntamiento yo no he sido.

El doctor Navarro necesitaba salir de aquella casa al menos durante unas horas, necesitaba despejarse y olvidarse un poco de la noche pasada, del veneno y de Rex.  No acababa de gustarle la nueva cuidadora, pero no había dónde elegir aquella mañana y no pensaba quedarse más rato a controlarla.  Quizá era tremendamente discreta, pero después de lo que había oído del envenenamiento de Rex y que iba a venir el comisario, lo lógico era que hubiera preguntado algo, al menos eso era lo que pensaba el doctor.

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