jueves, 12 de julio de 2012

VEINTISEIS


No tardó mucho en volver el inspector y lo hizo acompañado de una mujer de mediana edad, más bien bajita y con aspecto de haber sido muy atractiva hacía unos años, sin embargo su gesto serio y un extraño sentimiento de amargura la precedía y la privaba de aquella belleza pasada.  Admika no la reconoció en un primer momento a pesar de que había estado muy cerca de ella la noche anterior, exactamente encima de ella.

-            Hola de nuevo señorita, le he traído una visita que quiere contarle un par de cosas interesantes. – El inspector Miravalles sonreía satisfecho quizá por ir acompañado de aquella mujer o quizá por los churros que acababa de desayunar -Le presento a la señorita Lourdes Martín, aunque creo que se conocieron anoche.
-            Hola Belén.

Admika no contestó, seguía en guardia, estaba atrapada.

-            ¿De qué conoces tú a Rex?
-            ¡Lourdes! Habíamos quedado que nada de preguntas, de eso me encargaré yo más adelante, usted limítese a contar su historia.
-            Tiene razón, perdóneme.  Verás, no sé qué te habrá contado él, pero yo te voy a contar la verdad.  Rex y yo éramos novios hace mucho tiempo ya, al principio de la relación era todo muy bonito, como en todas las relaciones, pero pronto me di cuenta de que era una persona obsesiva con muchas cosas y sobre todo tremendamente celoso, sin razón todo hay que decirlo.  Como me iba mal de dinero entré a trabajar en un restaurante y cerrábamos bastante tarde, era invierno así que volvía a casa siempre de noche.  Él lo llevaba fatal, sospechaba de mí, empezó a registrarme el bolso, a fisgar en mi móvil y su carácter iba de mal en peor, llegó un momento en que me iba a buscar todas las noches al trabajo y si salía acompañada de algún compañero nos insultaba brutalmente acusándonos de que estábamos liados.  Como el tema se volvió muy desagradable le prohibí que volviera a buscarme, entonces empezó a hacerlo a escondidas, me esperaba dentro del coche con las luces apagadas y me seguía hasta casa, al llegar allí me montaba un escándalo por cualquier cosa.  Cuando intentaba pegarme le eché varias veces de casa, pero siempre volvía con una sonrisa y le dejaba volver a entrar.

Empecé a plantearme seriamente dejarle pero tenía miedo, cada vez era más violento y me empezó a amenazar de muerte habitualmente, así que le pedía ayuda a un viejo amigo, le dije que viniera al restaurante a cenar para poder hablar con él sin levantar las sospechas de Rex.  La mañana anterior a mi cita Rex había estado especialmente nervioso, luego sospeché que habría leído algún correo mío o me habría oído hablar por teléfono con mi amigo, el caso es que me fui a trabajar como todos los días y cuando llegó mi amigo me senté con él a cenar con permiso de mi jefe que sabía de mi situación, todo fue fenomenal y quedamos en que me iría a vivir a Cuenca con él para huir de Rex la semana siguiente.  Le acompañé hasta la salida y me dio dos besos para despedirse, dos besos de amigo no te vayas a creer.  Era tarde y era una noche especialmente oscura, no había luna y además el cielo estaba muy cubierto, como a punto de llover, el caso es que al fondo de la calle, que estaba muy poco iluminada, se encendieron los faros de un coche que a toda velocidad se abalanzó contra nosotros, mi amigo me empujó a un lado justo a tiempo y pudimos esquivarlo antes de que se estrellara contra la fachada del restaurante, fue un choque brutal, nos habría matado a los dos sin duda.  Por supuesto el conductor era Rex y en un principio creímos que había muerto, pero se salvó y quedó tetrapléjico, eso le libró de la cárcel y me libró a mí de él porque conseguí que le apartaran de mí para siempre, o eso creía yo hasta anoche.  Cuando llamaste a mi puerta y me dijiste aquello de “he vuelto, gatita” supe que era él quién te había llevado allí, era lo que me decía siempre que volvía a casa y me volvía a engañar para quedarse, para volverá a empezar de nuevo la tortura.  Es mala persona, no sé qué relación tienes con él pero no te conviene te va a arruinar la vida como hizo conmigo.
-            Él no me contó eso, me dijo que tú intentaste matarle – con lágrimas de impotencia y de rabia por sentirse engañada, Admika se liberó de la carga que la mantenía casi muda.
-            Es un manipulador ya te lo he contado, a mí me engañaba todos los días.
-            Es hora de que me contesta usted a la pregunta, señorita.  ¿Qué hacía usted ayer por la noche en casa de Lourdes Martín?- Volvió a insistir por tercera vez el inspector.
-            El cabronazo ese me ha dicho que estabas intentando envenenarle – Admika no tenía intención alguna de contestar al inspector y de hecho ni siquiera le dirigía la mirada.
-            ¿Envenenarle yo? ¡No sé dónde está ni me importa!.
-            Yo tampoco sé dónde vive.
-            ¿Entonces de qué le conoces?.
-            De Facebook.
-            ¿Me estás diciendo que has hablado con un desconocido por internet y que te ha convencido para que fueras a casa de la señorita Lourdes para darle un susto y tú lo has hecho? ¡No puedo creerlo! ¡No eres mala, eres tonta!.
-            No te culpes chiquilla, a mí me engañaba todos los días y yo sabía cómo era él.
-            No me consuela, si pudiera le partiría las piernas.
-            Ahora tienes que ayudarnos a saber dónde está para pararle los pies y que no vuelva a hacer esto nunca más, ni a ti ni a nadie.  ¿Está dispuesta ahora a colaborar, señorita?

Admika no contestó al inspector, pero estaba furiosa y atada a la cama, desde luego no podía ir a partirle las piernas a nadie y ya vería si salía inmune de aquel embrollo en el que se había metido, así es que pensó que si, ayudaría a aquel bigotudo gordo aunque no le hiciera ninguna gracia, era la menos mala de las pocas opciones que tenía.

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