jueves, 5 de julio de 2012

VEINTICUATRO


Hay momentos que te cambian la vida para siempre y a partir de ellos cuentas tu vida como un antes y un después de “aquel momento”.  Cuando Admika se despertó en aquella cama de hospital atada a la cama supo que aquel era uno de aquellos momentos.  Miró a su alrededor y vio que estaba sola, comprobó con preocupación que efectivamente tenía las dos muñecas sujetas y que no se podía levantar.  A pesar de que aún se sentía muy desorientada, recordaba vagamente lo que había pasado la noche anterior, recordó que le había dado otro ataque y recordó haber subido una escalera a oscuras, pero no recordaba qué había pasado allí, podía recordar momentos de violencia, una pelea quizá, pero no conseguía recordar si ella estaba involucrada o había visto luchar a alguien.  Las magulladuras de sus brazos se despertaron y le confirmaron que ella sí había peleado también.  ¿Pero con quién? ¿Por qué?.  La puerta de la habitación se abrió y entró una enfermera, era el momento de buscar preguntas y respuestas.

-            ¿Qué coño hago aquí?
-            Vaya, se ha despertado usted con fuerza señorita Belén.
-            Bueno, tú sabes como me llamo yo. ¿Cómo te llamas tú?
-            Soy Laura, tu enfermera por las mañanas, estate tranquila.
-            ¿Qué coño hago aquí? – Volvió a preguntar Admika.
-            Creo que liaste una buena anoche, pero enseguida vendrá un inspector y te contará algo más, yo he entrado a trabajar esta mañana y no te puedo dar muchos detalles.
-            ¡Desátame!
-            No puedo, lo siento mucho.  Por tu bien y por las órdenes de la policía.

El oír hablar de la policía no la tranquilizó precisamente, el estar en el hospital no la gustaba, pero sabía que la pasaba algo serio y que algo había que hacer, pero con la policía por medio no quería estar allí ni en ningún sitio.  Sus encuentros no habían sido precisamente agradables en el pasado.  Pero allí, atada a la cama y con un ridículo camisón, no tenía posibilidad de escapar de ningún modo.

-            ¿Qué me pasa?
-            Aún no lo sabemos, te vamos a hacer unas pruebas esta mañana y luego te visitará el doctor para contarte algo más.
-            Pero estoy mal ¿verdad?
-            Nos ha contado tu amigo Rafael que no es el primer ataque que te da, yo no te puedo decir mucho, luego te contará el doctor.
-            ¿Rafael?¿Qué Rafael?
-            El chico que venía contigo anoche, se ha ido hace un rato a desayunar, pero ha estado todo el tiempo aquí.
-            No sé quién es.
-            Lleva una camiseta negra y está lleno de tatuajes.
-            El Tatú – Una leve sonrisa se dibujó en la cara de Admika.
-            Ese debe ser, si, no creo que tarde en volver.

No sabía cómo había llegado hasta allí, pero el saber que estaba acompañada por un amigo la hacía sentirse mucho mejor.

Antes que Tatú llegó el doctor a la habitación.

-            Buenos días señorita, ¿qué tal se encuentra esta mañana?
-            Atada.
-            Si claro, no hemos tenido más remedio, anoche llegó usted dándole golpes a todo el mundo y no sabíamos lo que iba a hacer al despertarse.  A parte de atada ¿se encuentra bien? ¿dolores de cabeza o malestar?.
-            Me duelen los brazos y las muñecas, pero es de los golpes, la cabeza no me duele, pero estoy algo mareada. ¿Qué me pasa?.
-            Has tenido un brote psicótico, convulsiones y no conseguías hablar o por lo menos no se te entendía lo que gritabas, aún no tenemos nada, pero no descarto una meningitis o un tumor en el cerebro, te haremos unas cuantas pruebas esta mañana, de momento estate tranquila y avísanos en cuanto empieces a encontrarte mal, sería muy interesante observar una de esas crisis.

Con gesto serio Admika reflexionaba en silencio, aquello no pintaba bien, estaba atada y enferma, no pintaba nada bien.  Por un momento pensó que la situación era peor imposible, pero la puerta se volvió a abrir para demostrarle que aquello no había terminado de empeorar.  Un tipo al que hubiera identificado sin ninguna duda como policía entre un millón de personas entró en la habitación con gesto circunspecto.

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