jueves, 26 de julio de 2012

TREINTA Y UNO


No era ninguna novedad, pero a Rex no le caía bien Vicenta.  Nadie le caía bien realmente, eso era cierto, pero si solía conseguir que la gente a su alrededor se sintiera incómoda y era entonces cuando Rex desarrollaba una extraña empatía con los demás, si él era el enfermo desagradable y la otra persona era la que le sufría y le aguantaba entonces estaba todo bien, pero no era así con Vicenta.  Aquella mujer era servicial y callada, pero Rex no conseguía que se sintiera incómoda con sus insultos y sus desprecios, o al menos ella no lo hacía notar.  Siempre seria y mirándole a los ojos desafiante, con una mirada dominadora, insolente, una mirada como la suya.  Aquella bruja no era trigo limpio, Rex lo sabía porque intuía que era igual que él.  Una hija de puta.

Vicenta estaba abajo preparando algo de cena cuando Rex volvió a recibir, por fin, un mensaje de Admika.

-            Hola, ¿está ahí?
-            Muy graciosa, como siempre. ¿Hiciste mi recado?
-            Si.
-            ¿Y qué tal? ¡Cuéntame todo!
-            Bien, Bien.
-            ¿Cómo reaccionó ella?
-            Salió todo bien, ya te lo he dicho, hice lo que me dijiste y punto.
-            Pero dame detalles.
-            Hoy no.
-            ¿Hoy no?¿Por qué no?¿Para qué lo has hecho si luego no me lo vas a contar?
-            Ahora no puedo, me tengo que ir enseguida.
-            Estás muy rara, ¿te pasa algo?
-            Escucha, ella me dio algo para ti y te lo tengo que enviar.  Dame tu dirección y te lo mando hoy mismo. – Tatú no era precisamente un tipo brillante y no había encontrado mejor idea para pedirle los datos a aquel cabrón que la necesidad de enviarle un paquete.
-            ¿Te ha dado algo?¿Qué es?
-            Claro, esta era la pregunta lógica que venía después y para la que no tengo respuesta – Pensó Tatú en voz alta en la soledad de su habitación.
-            No lo sé, está metido en una caja – No se le ocurría otra cosa más estúpida, se estaba dando cuenta de que se estaba metiendo en un callejón sin salida.
-            Ábrelo y me dices qué es.
-            No, no quiero hacer eso, es algo particular vuestro y yo no me quiero meter por medio.  Bastante he hecho ya por ti de darle tu recado. – Pulsó la tecla de INTRO para enviar el mensaje y se quedó esperando una respuesta que tardó bastante en llegar.
-            Yo te doy permiso para que la abras.
-            No la voy a abrir, ¿quieres que te la mande o no?
-            Estás muy rara. ¿Estás segura de que eres Admika?
-            Eres muy listo hijoputa – rumió Tatú entre dientes antes de seguir escribiendo – No, soy su puta madre, pero es que ella tenía que salir y me ha dado sus contraseñas para que hablara contigo. ¡No te jode!
-            Vale, vale.  No me gusta darte mi dirección.
-            Pues te quedas sin regalo, tú verás.


Con todas las reservas, Rex le dio la dirección del Doctor.

-            Mándalo al Doctor Navarro en Limés en Asturias, él me lo entregará.
-            Bueno, bueno, no es tu dirección, pero con esas pistas ya te encontraremos, mamón. – Dudó unos instantes si apagar directamente el ordenador sin despedirse, pero pensó que mejor sería no levantar sospechas y que aquel tipo pudiera marcharse de algún modo, así que escribió un lacónico “Hasta luego” y apagó su pantalla.

Atrapado en su pequeña aldea Rex no pudo evitar tener la sensación de haber cometido un error.

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