lunes, 18 de junio de 2012

VEINTIUNO


Lourdes se despertó sobresaltada con el sonido prolongado del timbre de la puerta de entrada.  Estaba sumida en un sueño profundo provocado por los somníferos, en condiciones normales no se habría despertado, pero alguien estaba pulsando aquel timbre sin levantar el dedo y aquel desagradable sonido la trajo de vuelta a su cama.  Hizo un tremendo esfuerzo antes de incorporarse en la cama, tenía que parar ese sonido que le atravesaba la cabeza de un lado a otro.  Se incorporó, por fin, y se puso la bata como un autómata, confusa, aún volviendo del más profundo sueño.  Se fue acercando poco a poco a la fuente de aquella horrible chicharra.  Apenas unos metros antes de que alcanzara la puerta, el zumbido cesó, quizá se había fundido aquel artefacto diabólico.  Se paró un momento en el pasillo, como dudando si ir a abrir o volver a la cama, pero finalmente decidió que tenía que ser algo muy importante para que estuvieran llamando de esa forma a aquellas horas de la noche.  Dio un paso más y agarró el frio pomo de la puerta.  Abrió despacio como preparándose para recibir una mala noticia, pero realmente no estaba preparada para lo que iba a encontrar al otro lado.

El rellano de la escalera estaba a oscuras y ella no había encendido la luz dentro de casa, porque realmente no había abierto los ojos desde la cama hasta allí, así que no podía distinguir bien la extraña figura que estaba ante ella, lo único que pudo apreciar claramente era el extraño baile que estaba llevando a cabo, con un movimiento exagerado de los brazos por encima de una cabeza que tampoco para de moverse.  Solo permaneció unos segundos atónita e incapaz de reaccionar, hasta que el extraño ser que la había despertado le dijo algo que le heló la sangre: - He vuelto, gatita. Reeee! – Era una voz extraña, desgarrada, casi incomprensible, pero aquellas palabras eran tan terriblemente familiares que se paralizó por completo, hacía años que nadie la llamaba así, los mismos años que había pasado tratando de olvidar aquella pesadilla que dejó atrás, o al menos eso creía ella.  Ahora había vuelto, allí, en la mismísima puerta de su casa.  Apenas un segundo después de terminar de hablar, aquel ser se abalanzó contra ella, la derribó de espaldas y comenzó a golpearla de forma inconexa y poco certera, como si la estuviera golpeando una marioneta.  Pero no eran los golpes lo que la estaban aterrando, eran los recuerdos que la magullaban una y otra vez la memoria.  Con cada golpe volvía a ver el rostro de aquel hombre que la golpeaba y la insultaba cada vez más y más, durante tantos años, hasta anularla por completo, hasta casi volverla loca, de hecho estaba segura que se había vuelto loca, lo suficiente como para atropellarle aquella noche para librarse de él para siempre, y ahora había vuelto la pesadilla.

Una luz se encendió en la escalera dejando al agresor a contraluz, haciéndolo aún más terrorífico.  Por detrás de los gritos de aquel demonio que tenía sobre ella, pudo oír otra voz que llamaba a alguien desesperadamente.

-¡Admika, ¿dónde estás?!

Pudo oír cómo alguien subía las escaleras corriendo y una sombra le indicó que se había parado frente a su puerta.

Gritó de nuevo y se lanzó también sobre ella derribando al agresor.  El apagado de nuevo de la luz de la escalera envolvió un tremendo alboroto de ruidos y golpes que llevó a su punto más alto el desconcierto de Lourdes.

Boca abajo y aturdida, oyó como algunos de sus vecinos acudían, por fin, en su ayuda.  Solo tuvo tiempo antes de desmayarse de oír a uno de ellos que la llamaba y le anunciaba que había llamado a la policía.

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