miércoles, 27 de junio de 2012

La semana que viene

Para los que estáis siguiendo la novela, deciros que la semana que viene empiezo con la jornada intensiva y tendré mucho más tiempo para escribir, así que prometo darle un buen empujón a la trama a ver por dónde nos lleva.

La foto no tiene nada que ver, pero os la pongo para que os relajéis un poco con este calor que tenemos encima.


viernes, 22 de junio de 2012

VEINTIDOS


Aquella tampoco fue una noche tranquila para el doctor Navarro, se había acomodado en un sillón del salón de la planta baja una vez que dejó a Rex dormido.  No había podido localizar a su colega para informarle de su descubrimiento.  Ya había dado parte a la policía de lo que había descubierto, pero no lo habían considerado una urgencia, el presunto envenenado estaba al cuidado de un médico, la presunta culpable había huido de la escena del delito y ya habían dado parte para su búsqueda, se limitaron a indicarle que no tocara nada y que se pasarían al día siguiente para la inspección y toma de declaraciones.  La vida en los pueblos es diferente.  La sustituta de Evencia vendría al día siguiente, eso esperaba al menos.  Tenía otros pacientes y no podía quedarse allí todo un día cuidando de aquel desagradecido, pero estaba claro que le tocaba pasar la noche en la casa.  No quiso acostarse en la cama de Evencia, ni siquiera había llegado a planteárselo seriamente, ni siquiera se había acercado a la habitación, para no borrar pruebas o para no envenenarse por accidente, un punzante sentimiento de repulsa le impedía hacerlo, así que decidió dormir en el sillón del salón.

La casa siempre le había parecido acogedora, una casa típica de pueblo del norte de España, mucha madera, mucha piedra y, en aquella en particular  mucha limpieza, siempre la habría calificado como una casa acogedora, pero aquella noche se le antojaba distinta, oscura, fría, testigo de un inexplicable intento de asesinato.  La acogedora madera del suelo comenzó a emitir sus lamentos nocturnos, sus crujidos de tablones viejos, cada uno de ellos imitaba la pisada de un pie invisible y hacía que el doctor volviera la vista hacia ellos inconscientemente, esperando encontrar un monje envenenador.  Estaba medio dormido y medio despierto, en estado de alerta, con los cinco sentidos pendientes de cualquier señal de alerta.  Un estremecimiento le animó a llevarse la manta con la que se tapaba las piernas hasta debajo de la nariz, para  abrigarse un poco, para protegerse.

La noche agonizaba cuando una ráfaga de viento comenzó a mover los árboles que decoraban las ventanas del salón, parecía que una tormenta estaba a punto de romper la noche.  Unas gruesas gotas de lluvia golpearon la ventana rítmicamente al principio y alocadamente poco después.  El primer relámpago de la tormenta descubrió las sombras de la noche e hizo cerrar los ojos al doctor en un rápido pestañeo, no sin antes dejar en su imaginación la visión de cientos de monstruos acechando en la arboleda.  Superando su miedo infantil a las tormentas, el doctor Navarro abrió los ojos para convencerse de que eran imaginaciones suyas y de que los monstruos no existen, no han existido nunca.  Lo mismo que le repetía su madre todas las noches cuando se despertaba llorando.  Pero ahora ya era un adulto, ya no podía tener miedo a la oscuridad ni a las tormentas, abrió aún más los ojos.  No podía tener miedo a los monstruos.  - Los monstruos no existen.  Los monstruos no existen – Se repetía a sí mismo.  Un segundo relámpago estalló en la penumbra y en la mente del doctor.  La silueta de un oscuro monje medieval le observaba inmóvil desde la ventana.  - Los monstruos si existen y esta noche han venido a por ti -  La certeza del miedo le hizo taparse completamente con la manta que amortiguó el sonido del timbre de la puerta de entrada.

lunes, 18 de junio de 2012

VEINTIUNO


Lourdes se despertó sobresaltada con el sonido prolongado del timbre de la puerta de entrada.  Estaba sumida en un sueño profundo provocado por los somníferos, en condiciones normales no se habría despertado, pero alguien estaba pulsando aquel timbre sin levantar el dedo y aquel desagradable sonido la trajo de vuelta a su cama.  Hizo un tremendo esfuerzo antes de incorporarse en la cama, tenía que parar ese sonido que le atravesaba la cabeza de un lado a otro.  Se incorporó, por fin, y se puso la bata como un autómata, confusa, aún volviendo del más profundo sueño.  Se fue acercando poco a poco a la fuente de aquella horrible chicharra.  Apenas unos metros antes de que alcanzara la puerta, el zumbido cesó, quizá se había fundido aquel artefacto diabólico.  Se paró un momento en el pasillo, como dudando si ir a abrir o volver a la cama, pero finalmente decidió que tenía que ser algo muy importante para que estuvieran llamando de esa forma a aquellas horas de la noche.  Dio un paso más y agarró el frio pomo de la puerta.  Abrió despacio como preparándose para recibir una mala noticia, pero realmente no estaba preparada para lo que iba a encontrar al otro lado.

El rellano de la escalera estaba a oscuras y ella no había encendido la luz dentro de casa, porque realmente no había abierto los ojos desde la cama hasta allí, así que no podía distinguir bien la extraña figura que estaba ante ella, lo único que pudo apreciar claramente era el extraño baile que estaba llevando a cabo, con un movimiento exagerado de los brazos por encima de una cabeza que tampoco para de moverse.  Solo permaneció unos segundos atónita e incapaz de reaccionar, hasta que el extraño ser que la había despertado le dijo algo que le heló la sangre: - He vuelto, gatita. Reeee! – Era una voz extraña, desgarrada, casi incomprensible, pero aquellas palabras eran tan terriblemente familiares que se paralizó por completo, hacía años que nadie la llamaba así, los mismos años que había pasado tratando de olvidar aquella pesadilla que dejó atrás, o al menos eso creía ella.  Ahora había vuelto, allí, en la mismísima puerta de su casa.  Apenas un segundo después de terminar de hablar, aquel ser se abalanzó contra ella, la derribó de espaldas y comenzó a golpearla de forma inconexa y poco certera, como si la estuviera golpeando una marioneta.  Pero no eran los golpes lo que la estaban aterrando, eran los recuerdos que la magullaban una y otra vez la memoria.  Con cada golpe volvía a ver el rostro de aquel hombre que la golpeaba y la insultaba cada vez más y más, durante tantos años, hasta anularla por completo, hasta casi volverla loca, de hecho estaba segura que se había vuelto loca, lo suficiente como para atropellarle aquella noche para librarse de él para siempre, y ahora había vuelto la pesadilla.

Una luz se encendió en la escalera dejando al agresor a contraluz, haciéndolo aún más terrorífico.  Por detrás de los gritos de aquel demonio que tenía sobre ella, pudo oír otra voz que llamaba a alguien desesperadamente.

-¡Admika, ¿dónde estás?!

Pudo oír cómo alguien subía las escaleras corriendo y una sombra le indicó que se había parado frente a su puerta.

Gritó de nuevo y se lanzó también sobre ella derribando al agresor.  El apagado de nuevo de la luz de la escalera envolvió un tremendo alboroto de ruidos y golpes que llevó a su punto más alto el desconcierto de Lourdes.

Boca abajo y aturdida, oyó como algunos de sus vecinos acudían, por fin, en su ayuda.  Solo tuvo tiempo antes de desmayarse de oír a uno de ellos que la llamaba y le anunciaba que había llamado a la policía.

jueves, 14 de junio de 2012

VEINTE


A pesar del ataque del día anterior, Admika se encontraba bien aquella tarde, al menos lo suficientemente bien como para ir a repartir unas cuantas pizzas aquella noche.  Necesitaba dinero y no podía estar más tiempo sin trabajar.  Así que despidió a Tatú dándole las gracias a su manera mientras buscaba algo para abrigarse un poco antes de salir a la calle.

-            No quiero dejarte sola esta noche.
-            Pues los dos en la moto no cabemos, así que vete a tu casa que tengo que currar, no te preocupes que ya estoy bien.
-            No tienes cara de estarlo. – Tatú, observaba el evidente mal aspecto de Admika, aunque no estaba seguro de que se debiera a una enfermedad o a lo poco que comía últimamente.
-            Eso es problema mío. – Recogió su cazadora y empujó a Tatú fuera antes de salir ella y cerrar la puerta.  Antes de coger la escalera de bajada le mostró el dedo corazón a la puerta de enfrente, su saludo habitual para la vecina que se pasaba el día vigilándola por la mirilla. - ¡Me voy, bruja! Vete a descansar.

A pesar de las protestas, Tatú no tuvo más remedio que dejarla ir, cuando a ella se le metía algo en la cabeza era imposible convencerla de lo contrario.  Por primera vez en su vida, Tatú sintió que tenía un deber que cumplir, tenía que seguir a su amiga sin que ella se diera cuenta, por si le pasaba algo.  Se había otorgado a sí mismo el título de “adulto responsable de Admika”, aunque sabía que tenía que ser extremadamente cauto para que ella no le descubriera, estaba en juego su amistad y aquel extraño rollo sexual que mantenían entre ellos.

Admika enfiló calle abajo con un acelerón de su scooter rumbo a la pizzería.

Tatú no había llegado a tiempo hasta su destartalado Renault 5 como para no perder de vista a su amiga, pero sabía perfectamente hacia dónde se dirigía ella, así que recorrió el barrio a la luz de las farolas bordeando el parque dónde tantas veces había hecho botellón.

Por suerte llegó justo a tiempo de ver cómo Admika salía del local con un par de cajas humeantes y las introducía en el cajetín de su moto para entregar el primer pedido de la jornada.  Sin parar el coche y no sin cierta dificultad, la siguió sin perderla de vista.

Admika se conocía bien el barrio, era su barrio de toda la vida, allí era dónde había vivido de pequeña y dónde se había corrido sus primeras juergas, así que no le resultaba difícil encontrar las direcciones lo que redundaba en que fuera la repartidora más rápida de la pizzería mes tras mes.  En poco más de cinco minutos entregó y cobró las pizzas y se paró un momento junto a la moto para consultar los mensajes de su móvil.  Con sorpresa comprobó que esa noche el Facebook si funcionaba y que tenía un intrigante mensaje de Rex.

-       No me queda tiempo, creo que mi ex me está envenenando, se llama Lourdes Martín y vivía en Arroyo de las Pilillas, 34.  Ve a buscarla y si la encuentras solo dile “he vuelto, gatita”.  Ella sabrá de quién es el recado.

Sonaba divertido, pero tenía que entregar unos cuantos pedidos más antes de hacer ningún recado para que la noche fuera rentable.  Eso le daría tiempo para pensar si lo hacía o no, y si llegaba a hacerlo era mucho mejor despertarla de madrugada y darle el recado recién levantada, mucho más efectivo, mucho más impactante sin duda.  Menuda arpía tiene que ser – pensó – Primero le atropella, le deja paralítico y ahora le quiere rematar.  Quizá se merece algo más que un susto

Admika no se quitó el tema de la cabeza durante toda la noche, calle arriba y calle abajo hasta la una y media de la madrugada, la hora en que el número de pedidos bajaba notablemente y se espaciaban cada vez más.  Ya había hecho diez entregas y reunido unas cuantas propinas así que ya era hora de dejarlo.  Además Tatú tenía razón, no se encontraba del todo bien, decidió hacer su recado particular y volver a casa a descansar.  La idea de darle un susto a la bruja aquella la estaba animando bastante, sentía el subidón clásico de cuando se hace algo prohibido, algo ilegal, pero justo.  Aquella tipa se merecía un susto y algo más.  Cuando terminara con ella Rex debería llamar a la policía para que la enchironaran.

Tomó la avenida de Moratalaz en dirección al Arroyo de las Pilillas, por suerte no se había puesto casco y el frescor de la noche y la velocidad aliviaban el extraño dolor de cabeza que parecía estar volviendo.  A pesar de la brisa, Admika rompió a sudar.

-            Arroyo de las Pilillas, 34, Arroyo de las Pilillas, 34, Arroyo de las Pilillas, 34

Admika repetía la dirección automáticamente porque tenía la impresión de que la iba a olvidar de un momento a otro, no estaba pensando con claridad.  Por suerte, aquella dirección le era conocida, tenía varios colegas que vivían en el portal de al lado.  Paró la motocicleta y casi la dejó caer al suelo antes de dar el primer paso tembloroso hacia el portal.

Primer acierto, la puerta estaba abierta, solo le faltaba encontrar el piso, sería fácil por los buzones.  Intentó recordar el nombre, pero no pudo.  Tenía la misma sensación extraña que la tarde en la que sufrió el ataque, los pensamientos no fluían con facilidad.  Cogió de nuevo su móvil y allí estaba el nombre.  Si, allí estaba, pero no podía leerlo con facilidad, las palabras se habían apropiado de una sombra inverosímil y tuvo que hacer un esfuerzo tremendo para leer el nombre de pila – Lourdes -.  Se dirigió hacia los buzones que la miraban con la boca abierta y fue repasando las etiquetas blancas recorriendo las líneas con el dedo para no saltarse de una a otra.  Leía tan solo el nombre de pila para ir más rápido, pero aún así tardaba casi un minuto por buzón.

-            Manolo, Julia
-            Ezequiel, Marta
-            Zambombo, Marea
-            Adksjlos, Jklooo

No podía, “aquello” estaba volviendo.  La escasa luz del portal se apagó pasados unos minutos programados de antemano.  Decidió leer sólo la primera letra de cada nombre, subiría a ver al primero que comenzara con L, eso si podía verlo bien.  O eso creía.  Es igual, subiría a dar su recado y se marcharía, seguro que Rex estaría orgulloso de ella.  Las piernas le temblaban y estaba sudando abundantemente.

Entorno los ojos para intentar seguir leyendo.  Aquello era una L, estaba segura, o casi segura.  Por suerte el número del piso era grande y dorado, incluso podía reconocerlo solo pasándole las yemas de los dedos: 1C

Se giró hacia la izquierda y se dispuso a acometer la escalera que se adentraba en la oscuridad a los pocos metros de comenzar a subir.  - Solo un piso, ¡vamos Belén! –

Envuelta en un mar de sudor y haciendo un tremendo esfuerzo, Admika consiguió llegar al primer piso antes de que su brazo izquierdo empezara a vivir por cuenta propia.  No había tiempo para buscar la puerta correcta, tenía que llamar, dar su recado y marcharse a casa, tenía miedo, las tres puertas que tenía enfrente se movían en círculos a su alrededor y no había tiempo, así que alargó su dedo y pulsó el timbre que pasaba en ese momento por su derecha.

jueves, 7 de junio de 2012

DIECINUEVE


            El doctor Navarro tardó casi media hora en llegar a casa de Rex, tenía un caso urgente en un pueblo cercano y la llamada le había pillado por sorpresa.  No esperaba que Evencia fuera a salir “huyendo”, aquello parecía confirmar que la cuidadora tenía trapos sucios y disparó todas sus señales de alarma.

Cuando llegó a la casa se encontró la puerta abierta y reprimió el impulso de subir corriendo las escaleras hacia la habitación de Rex, cuando se acordó de la llamada: “Evencia se ha marchado y ha entrado alguien en casa,… y me encuentro mal”.  Temió que el visitante estuviera aún por allí y entró con cuidado, no era precisamente un héroe como para enfrentarse a nadie y mucho menos para defender a Rex.  Estaba dispuesto a defenderle de bacterias, virus y tumores, pero cualquier atacante que midiera más de diez centímetros estaba fuera de su competencia, si oía el más mínimo ruido en la planta baja llamaría inmediatamente a la policía.  Realizó una inspección ocular con más prisas que dedicación y se decidió a subir las escaleras.  Quizá su paciente le necesitaba otra vez.  Cruzó el umbral de la puerta y vio a Rex dormido o quizá inconsciente.

-                      ¡Rex, despierta!

Aún tardó unos largos segundos en abrir los ojos, pero los abrió con claro aspecto de desorientación.

-                      Has tardado mucho en venir, matasanos.
-                      Estaba atendiendo a otro paciente algo lejos de aquí.
-                      Se te habrá muerto también, yo ya me he muerto un par de veces seguro que por tu culpa.  Y para una vez que te necesito de verdad, no estás.
-                      ¿Cómo te encuentras? Cuéntame que ha pasado con Evencia.
-                      La oí llorar durante casi una hora y no me contestaba por mucho que la gritara, luego se marchó a la francesa, sin despedirse.  Después me quedé solo un buen rato y empecé a oír ruidos abajo.  Al principio pensé que era ella que había vuelto pero luego subió un monje…
-                      ¿Un monje?
-                      Si, un monje.  Cogió unas mierdas que Evencia me había dejado de decoración en la habitación y se marchó sin decir nada.
-                      ¿Cómo sabes que era un monje?
-                      Vale, cojones, no sé si había hecho los votos o algo así, pero vestía como un monje.
-                      ¿Le viste la cara?
-                      No, tenía una capucha, además me empecé a encontrar mal y se me nubló la vista.
-                      ¿Y qué dices que se llevó?
-                      Desde que me dejaste el aparatito este, Evencia me había llenado la habitación de mierdas esotéricas, velas negras y cosas de esas.  Y un libro de brujas.
-                      Ya.

El doctor Navarro apuntó en su memoria otro síntoma de los males de Rex, alucinaciones, si realmente le habían estado envenenando esto podría ser también uno de los efectos.  Llamaría a su colega Marcelo para contárselo, seguro que eso le ayudaba a definir el tipo de veneno.  No podía creerlo, Evencia parecía la reencarnación de la “Abuelita Paz”, no podía ser que se hubiera vuelto loca y le hubiera dado por hacerle un favor a aquel mal nacido.

-                 No me estás escuchando, matasanos.
-                 Perdona, ¿qué decías?
-                 ¡Coño!, que ya puedes quedarte aquí esta noche hasta que me encuentres a alguien de confianza.  Mándame otra vez a la hija de la farmacéutica que es una monada. – Le sugirió Rex con una sonrisa sarcástica.
-                 No creo que quiera volver a verte.
-                 Me quedaré hoy yo, me van a mandar a alguien muy pronto.  Voy abajo a prepárate algo.
-                 Me sorprende que sepas cocinar, estaba seguro de que eras un completo inútil.

Haciendo caso omiso de los sarcasmos de Rex, el doctor Navarro bajó a la cocina dispuesto a sacar su vena culinaria.  Vio que, como siempre, la cocina presentaba un aspecto inmaculado, igual que el resto de la casa.  Todo recogido, ordenado, impecable, aquello era fruto del buen trabajo de Evencia.  Increíble, pensó de nuevo.

Con cuatro cosas que sacó de la nevera se dispuso a hacer una buena sopa casera, era un hombre soltero y con recursos y no iba a tener ningún problema en hacer cena para dos.  Puso el cazo en el fogón y alargó la mano para coger una caja de cerillas que estaba bien colocada a su derecha, cuando reparó en algo que le llamó la atención.  En aquella cocina tan perfectamente limpia, una pequeña línea de polvo blanco de apenas un par de centímetros, justo al lado del cazo que estaba a punto de utilizar, era algo que llamaba poderosamente la atención.  El doctor la miró durante unos segundos, como esperando que se fuera a escapar reptando y buscó alguna bolsita dónde poder guardar aquello que era sin duda una prueba.  Después llamaría al inspector.

miércoles, 6 de junio de 2012

Nuestra Raquel presentará "Expedición Imposible"

Una buena noticia respecto al nuevo programa de Cuatro, Expedición Imposible será presentado por Raquel Sánchez Silva según nos cuenta esta mañana Vertele.  Pero no todo iban a ser buenas noticias, al parecer se tiene previsto iniciar su grabación a finales de verano para estrenarse ya en la temporda 2013/14, lo que me hace pensar que al menos hasta esa fecha no volveremos a a saber nada de un posible Pekín Express de anónimos.  O el dinero empieza a entrar en Cuatro (cosa poco probable) o esto se va a retrasar.


Nos dice Vertele que "Con Boomerang al frente, este nuevo programa, pensado para el prime time semanal, será llevado a cabo por el mismo equipo de producción de Pekín Express, y presentará una macro-gymkana en Marrakech" aunque todos sabemos que esto no es totalmente cierto, ya que Eva Sanz, la directora de las cuatro ediciones de Pekín Expresss no estará al frente de este nuevo reality.


Por otra parte, y contradiciendo lo que decía yo ayer, Vertele nos anuncia que "Una de las principales diferencias que presentará este Expedition Impossible con Pekín Express es la de que los retos físicos tendrán un peso específico menor en el concurso, mientras que se potenciarán las relaciones humanas entre los miembros de cada equipo y entre los distintos equipos. Trabajar conjuntamente, cooperar y soportar las condiciones naturales del entorno serán algunas de las claves de este formato."  Desde luego en el video que os puse ayer no se apunta a eso, y si es así, no me gustaría ver algo tipo últimas ediciones de Supervivientes.

  

martes, 5 de junio de 2012

Expedición Imposible - El sustituto de Pekín Express 2012


Hoy os traigo el video promocional del que parece que será el sustituto de Pekín Express 2012.  La principal diferencia con este video es que la edición española será con famosos en lugar de anónimos.  No me negaréis que la promo es interesante y atractiva.  ¿Me gustaría participar aquí en lugar de Pekín Express?  No lo sé, habrá que verlo, en principio diría que no ya que veo Pekín como algo más que una seríe de pruebas tipo handicap pero en otro país.  Tiene su gracia, es muy aventurero, pero le falta el factor humano que yo creo que es lo que hace único a nuestro concurso favorito.

Eso si, lo veré sobre todo para no perderme el intermedio dónde seguro anunciarán el casting del próximo Pekín Express.  El mio.

viernes, 1 de junio de 2012

DIECIOCHO


Rex oyó como una puerta se cerraba con un portazo en la planta baja, era sin duda la puerta de la calle.  El silencio que invadió la casa a continuación le indicó claramente que se había quedado solo.  Había estado oyendo llorar a Evencia durante al menos media hora.  No había contestado a sus gritos y no le había subido el caldito de todos los días.  Algo excepcional había pasado, Evencia no le había dejado solo nunca y cuando tenía que salir a hacer la compra o a alguna gestión siempre se encargaba de dejarle a alguien a quién insultar.  Su preferida era la hija de la farmacéutica, era joven, guapa y apenas tenía que llamarla gilipollas o inútil y se ponía a llorar como una Magdalena, Rex disfrutaba con esto, pero solo había venido un par de veces.  Después solo vino el doctor o una especie de obrero rumano que no podía o no quería entenderle, el caso es que ignoraba a Rex sin mover un músculo de la cara, gritara lo que le gritara este.

            Por eso resultaba tan extraño el comportamiento de Evencia, marcharse así, sin decirle nada, sin dejarle compañía y sin subirle el caldo a esas horas de la noche era una irresponsabilidad.  En cuanto la volviera a ver la despediría, pensó.  No podía hablar tampoco con Admika porque aparecía como desconectada en su Facebook, así es que el ruido del ventilador del ordenador era el único sonido que rompía el silencio de la casa.  Un extraño sabor metálico invadió su boca y una vez más se empezó a sentir mal.  El saber que estaba solo le encendió todas las alarmas.  Recorrió con la vista su habitación como había hecho mil veces, pero esta vez en un vano intento de buscar ayuda.  Desde que le instalaron el ordenador había sido mucho menos maniático con el orden milimétrico de todos los objetos que poblaban su cuarto y de hecho hacía días que no se paraba ni siquiera a pasar revista a los adornos, una actividad que le mantenía entretenido un buen rato, pero hoy había algo más, algo nuevo, algo extraño.  Rex no había visto quién había colocado varias velas negras en la estantería más alta, pero allí estaban.  También había otra cosa detrás de la cámara anexa al ordenador, era algo delgado, como una figura, pero no podía verla con claridad porque algunos cables la ocultaban parcialmente.  Quizá un crucifijo, pero parecía estar colgado boca abajo.  Evencia se iba a enterar, ¿qué hacían esas mierdas santeras en su cuarto? ¿Por qué estaba todo desordenado? Incluso había algunos libros tumbados y… allí había un tomo que no era suyo, un tomo viejo, tumbado en la estantería dónde estaban las velas negras, ¡mierda!, eso parecía un libro de esos esotéricos, tenía una estrella de cinco puntas en el lomo en relieve…  La puerta de entrada se abrió y cortó de raíz los pensamientos de Rex.

-                 ¡Evencia, cabrona, sube inmediatamente!

La respuesta fue un silencio y unos pasos acolchados que comenzaban a subir la escalera.

-                 ¡Evencia, hija-de-puta, contesta cuando te hablo!
Las pisadas seguían avanzado sigilosa y rítmicamente, escaleras arriba.

-                      ¿Quién está en casa? – Rex fue consciente de que no era Evencia la que estaba en casa, ella le habría contestado con sorna, como hacía siempre, siguiéndole el juego.  Seguro que era el rumano cabrón que había venido a robar.

-                          La policía está a punto de llegar – era un truco viejo pero podía surtir efecto, casi era lo único que podía hacer, eso y esperar a que el rumano entrara a acuchillarle.  El sabor metálico, el malestar de estómago y el persistente dolor de cabeza no le ayudaban a mantener la calma.  - ¿Calma para qué? – estaba a punto de morir acuchillado.


Aún con la certeza de la muerte que le estaba ahogando, un sudor frio le cubrió la frente cuando una figura oscura entró en su cuarto sigilosamente.  No podía distinguirlo bien, la vista se le estaba nublando por momentos, quizá por el sudor que le invadía la frente, quizá porque le iba a dar otro ataque, pero le pareció distinguir un encapuchado con un hábito viejo y sucio, como un monje medieval, como una aparición.  Ignorando a Rex, que observaba la escena con el rostro petrificado, y sin pronunciar palabra se dirigió a la estantería y recogió el libro que acababa de descubrir Rex, lo introdujo en un zurrón igualmente viejo y lo terminó de rellenar con las velas, el crucifijo de detrás de los cables y alguna otra cosa más.

Rex no podía pronunciar palabra, era un mero espectador viendo como aquel monje se daba la vuelta silenciosamente y se marchaba por dónde había venido.

Haciendo acopio de todas sus fuerzas, Rex le dio una orden al ordendor.
-                 Jal, llama al doctor