domingo, 6 de mayo de 2012

QUINCE

Admika llevaba algunos días con un extraño dolor de cabeza que no parecía mejorar ni con las medicinas que se autorecetaba, ni con las drogas habituales que le pasaba Tatú, pero la excitación que le provocaba hablar con Restituto le había hecho olvidar la incomodidad de aquella jaqueca permanente.


Aquella tarde le resultaba difícil incluso escribir en el ordenador, le costaba coordinar los pensamientos y las palabras. Decidió llamar a Tatú, la única persona a la que podía considerar algo parecido a un amigo.

- Tatú, tío, o sé qué me ocurre, pero navidad dispurrr…

- ¿Qué coño dices?

Admika se quedó en silencio aterrorizada. Le costaba hablar, le costaba vocalizar, estaba claro que le pasaba algo grave. Quería decirle a Tatú que la ayudara, que tenía miedo, que viniera a buscarla a su casa, pero no encontraba las palabras.

- Ardilla murr pasarela.

- ¿Me tomas el pelo? ¿Estás pedo o qué?

- Uhmmmm!!! – Admika emitió un sonido gutural que era lo más parecido a un grito de ayuda que pudo entonar.

- ¿Dónde estás? – Tatú se empezó a preocupar seriamente cuando oyó por el teléfono un golpe seco seguido por un verdadero alboroto que denotaba claramente que algo violento estaba pasando dónde estaba su amiga.

- ¿Estás bien, tía? ¡Dime algo!

Pero Admika no podía contestarle, su cerebro se había bloqueado y no conseguía emitir sonido alguno. No podía hablar, pero si podía sentir miedo, un miedo irracional cuando se vio a sí misma revolcándose por el suelo y arrancándose la ropa sin ningún sentido, sin ningún propósito, su cuerpo y su mente se habían desconectado y actuaban independientemente. Cada uno por su lado y alocadamente. Empezó a convulsionar exageradamente y a perder la conciencia. Hasta que quedó inconsciente y desnuda en el suelo de su habitación.



La pantalla de su ordenador parpadeaba con una pregunta de Rex esperando su respuesta.

- ¿Realmente harías eso por mí?

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