jueves, 24 de mayo de 2012

DIECISEIS

- Sinceramente, yo creo que es envenenamiento.

- Me resulta difícil de creer, Marcelo, la persona que lo cuida me parece un encanto y nadie más que ella entra en esa casa excepto yo – El doctor Navarro estaba perplejo con el avance que le estaban dando por teléfono. - ¿Estás seguro de que no hay otra posibilidad?

- Si claro, ya te lo he comentado, pero es muy poco probable. Yo apostaría por el veneno. Quizá sea algo involuntario. Un tóxico casero, ya te lo confirmaré cuando tengamos los resultados, pero yo te aconsejaría ir buscando a una interna sustituta.

Al doctor le resultaba imposible imaginarse a Evencia envenenando ni siquiera a un ratón de campo, pero su obligación era tomar todas las precauciones posibles con su paciente. Colgó el teléfono y abrió su agenda para buscar el número de HHB, la agencia dónde contrataron a Evencia. Era un tema muy delicado, sin duda. Tendría que pedir la sustituta de momento sin dar muchas explicaciones hasta que no estuviera seguro de lo que estaba pasando realmente, pasar más tiempo en la casa de Rex hasta que llegara la nueva interna y avisar a la policía en cuanto le confirmaran lo del veneno. Un tema delicado y desagradable, además Evelia le había caído siempre bien. No podía ser, tenía que ser algo accidental. Aprovecharía su estancia en la casa para indagar.

Descolgó de nuevo el auricular y marcó de nuevo.

- HHB, dígame.

- Buenos días, soy el doctor Navarro. Le llamo para pedir la sustitución de una interna.

- ¿Ha tenido algún problema con ella?

- No, no, es un problema nuestro, de logística, ehh… sin importancia

- ¿Puede darme el nombre de la interna, por favor?

- Evencia Pellitero.

- ¿Evencia?. Es muy buena mujer y buena trabajadora.

- Si, si, no tenemos queja de ella.
- Tengo que poner algo en la petición de cambio.

- Si – El doctor calló durante unos segundos mientras pensaba una excusa creible

- ¿Señor?

- Si, ponga que se lleva mal con el enfermo.

- Pero si es un encanto de mujer, nunca la he visto enfadada.

- Lo sé, yo tampoco, es culpa del paciente.

- Quizá podríamos hablar con ella. Darle otra oportunidad.

Demasiada insistencia estaba poniendo más nervioso aún al doctor.

- No, queremos un cambio

- ¿Quiere un cambio el enfermo o usted también?

- Mire, le he dicho que quiero una sustituta, ya le he dado más explicaciones de las que debería, nosotros pagamos y nosotros exigimos. Queremos una sustituta ¡ya mismo! Y haga el favor de no decirle nada a Evencia, ya se lo diremos nosotros.

- Está bien señor.

- Buenos días – y colgó el teléfono sin esperar respuesta.

Dos minutos después el teléfono sonó en casa de Rex.

- Dígame

- ¿Evencia?

- ¡Hermana!

- ¡Qué has hecho, insensata!

Evencia ni siquiera contestó, directamente se puso a llorar. No sabía lo que pasaba, pero la Hermana era una figura muy impactante para ella y su tono de voz no dejaba lugar a dudas sobre su estado de ánimo. Estaba furiosa.

- ¡Deja de llorar y dime que has hecho!

- Nada Hermana, lo que me ordenaste.

- ¡Está claro que no, te han descubierto, inútil! Haz las maletas y escóndete dónde puedas durante unos días. ¡Y deja de llorar, maldita sea!

- ¡Perdóneme Hermana! – Pero la Hermana ya no estaba al teléfono.

Llorando con toda su alma, Evencia volvió a su cuarto y preparó su vieja maleta a toda prisa, sin hacer caso a los gritos que, desde el piso de arriba, le estaba dedicando Rex.

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