martes, 24 de abril de 2012

ONCE

- Creo que el médico se va a dar cuenta pronto, Hermana

Al otro lado de la línea telefónica una respiración pausada pero profunda hacía sospechar a Evencia que la Hermana estaba pensando en varias cosas a la vez antes de contestarla. Siempre hacía eso, era lo que más admiraba Evencia, tenía una enorme capacidad de planificación para cualquier cosa que hacía y su tesón era más cuanto más importante era la tarea. Evencia quería cumplir con su parte y no defraudar a la Hermana, pero era incapaz de dar un paso sin su aprobación, y menos cuando tenía una responsabilidad tan importante.

- No te preocupes Evencia, tú sigue con tu labor, ya sabes, una dosis diaria. Yo creo que a finales de esta semana estaremos preparadas. Loado.

- Loado, Hermana.

Las cinco y cuarto. La hora del caldito. En la misma taza de todos los días Evencia sirvió dos cazos generosos de caldo hirviendo y espolvoreó unos gramos del contenido del sobre que le había entregado la Hermana en mano meses atrás y que guardaba celosamente en el bolsillo de su descolorido delantal. Le gustaba tener la mano ligeramente dentro del bolsillo durante casi todo el día y tocar con la punta de los dedos aquel sobrecito. Le hacía sentirse más segura, reafirmaba su fe.

Puso la taza en la bandeja y se dirigió escaleras arriba.

- ¡La hora del caldito! – anunció en voz alta con el tono cantarín que sabía que tanto molestaba a Rex.


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