viernes, 20 de abril de 2012

DIEZ

Eran apenas las nueve de la mañana cuando Admika se despertó. No por gusto, sino por el ruido que hacía el camión que todos los miércoles descargaba mercancía para la tienda que estaba justo bajo su ventana. Esto hacía que, invariablemente, los miércoles estuviera más cansada y más malhumorada. La descarga solía durar unos treinta minutos, con lo que no había manera de volverse a dormir, por muy borracha que se hubiera acostado la noche anterior. Sin salir de la cama, alargó su brazo derecho y encendió el portátil con un suave toque de su dedo. Normalmente lo dejaba encendido toda la noche, era de la generación conectada y no le gustaba dejar pasar mucho rato sin responder un mensaje, en el Facebook, en el twitter o dónde fuera, pero había olvidado dejarlo enchufado cuando salió por la noche y a la vuelta se lo había encontrado “muerto”. Así que lo dejó cargando y se fue a dormir.


La luz procedente de la pantalla iluminó su cara y ella pudo percibirlo aún con los ojos cerrados.

Casi como un zombie abrió ligeramente un ojo. Veinte mensajes. Lo normal. Sin incorporarse del todo movió el cursor y desplegó la lista de mensajes: Tatú, Raúl, El pecas y ¡coñó el Restituto!, olvidó de momento los otros mensajes y abrió el de su nuevo contacto.

- Es verdad que soy parapléjico, no salgo de la cama porque no puedo.

Admika se incorporó con creciente interés y escribió su respuesta.

- Yo tbn estoy en la cama, y me hubiera quedado otras cuatro horas si el cabronazo del camión no hubiera venido hoy.

El cursor parpadeó en la pantalla unos segundos y pudo ver que Restituto estaba conectado.

- Tengo que pedirte un favor. Soy nuevo en esto de los ordenadores, hasta que me ponga al día no me pongas símbolos raros y escribe bien, sino no te entenderé.

- Lo intentaré, Restituto.

- Quiero pedirte otro favor.

- Dos favores son muchos para no conocerme. – Admika se levantó a prepararse un café. El paralítico parecía que tenía ganas de hablar y ella tenía ganas de tener un amigo nuevo.

- No me llames Restituto, llámame Rex. Lo otro es una mierda de nombre.

A más de cuatrocientos kilómetros, Rex se quedó esperando una respuesta. En realidad tampoco podía hacer nada más que esperar. Era lo que hacía todos los días, esperar algo. Esperar el caldito de Evencia, esperar al doctor, esperar a que se hiciera de noche, esperar a morirse,…

- Me había ido a hacer un café. ¿Quieres uno? ;-D

- Otra vez me escribes cosas raras.

- Si, jajaja, esto ;-D significa que me rió a carcajadas. Si ladeas un poco la cabeza verás que es una cara con un ojo guiñado y con una sonrisa en la boca.

- No puedo ladear la cabeza, pero ya lo veo.

- ¡Ah claro! ¡Que eres como un tronco! ;-D

- Muy graciosa, pero no me has contestado a lo de mi nombre.

- Si, tienes razón, es una mierda de nombre, pero me descojono de risa con él. De momento te llamaré así, luego si te portas bien te llamaré Rex. Ok?

- Yo no puedo escribir el simbolito ese, pero hazte cuenta como que me estoy descojonando de risa.

- ¿Por qué no lo puedes escribir?¿Se te estropeó el teclado? Bueno, ahora caigo. ¿Cómo escribes?¿Con el nabo? ;-D

- Realmente eres muy graciosa.

En realidad Rex le había dictado al ordenador: “Realmente eres gilipollas”, pero tras unos segundos de duda decidió borrarlo y cambiarlo por algo más amable. Parecía que aquel pez había picado y no quería dejarlo escapar por decirle lo que pensaba realmente. Decidió hacer un esfuerzo tremendo para mostrarse recatado, aunque le daba la impresión de que aquella “Admika” debía ser bastante descarada. Quizá llegaría a entenderse bien con ella. De momento quería saber si además de bocazas era lo suficientemente influenciable.

- Me han puesto un invento con el que le dicto al ordenador lo que quiero escribir.

- Alguno de mis colegas se dejaría cortar un brazo para probarlo.

- Diles que me manden el brazo por correo y les dejo que lo prueben.

- Jajaja, ¡vaya, tú también eres un gracioso! Escucha, tengo que salir un rato, pero volveré a la hora de comer. Luego seguimos hablando. Si me quieres decir algo tengo Facebook en el móvil, pero no me funciona bien, así que no te contestaré hasta que vuelva.

- Vale, solo dime algo antes de irte.

- ¿?

- ¿Eres hombre o mujer?

- Si me lo preguntas a mi te diré que soy mujer, pero si me vieras por la calle creo que dudarías. Mi madre dice que tengo unas pintas un poco raras. Me voy.

- Hasta luego.

Admika se vistió con lo primero que encontró por el suelo, se mojó ligeramente su corta melena oscura para desordenárselo con algo de estilo y salió a la calle con una extraña sensación. Ahora tenía un nuevo “amigo” en el Facebook. Evidentemente el concepto de amigo no era el mismo que tenían sus padres, pero a ella le gustaba especialmente tener amigos a los que no conocía.

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