viernes, 23 de marzo de 2012

SEIS


        Una antigua conocida de Rex le acompañó aquella noche en sus sueños, excitándole y reconfortándole como hacía tiempo que no sentía.  Esa compañera que había sido el motor de su vida durante tantos años, esa arpía que le había llevado hasta Spandau, aquella cama, aquella prisión en la que se encontraba ahora y para siempre.  Ahora de nuevo despertaba en su interior.  La venganza.   Lo que más excitaba a Rex era sentir el vértigo de un reto tan difícil que a cualquiera parecería imposible.  Para un mortal cualquiera la venganza enturbiaría la conciencia, pero para Rex le activaba las neuronas y le ponía alerta ante cualquier oportunidad.

            Aquel invento que le había traído el doctor le abría un enorme abanico de posibilidades, conexión con el mundo exterior, posibilidad de contactar con desconocidos, aquellos miles de ignorantes que estaban esperando en cualquier lugar a que alguien los manipulara.  Aquella legión de lerdos sin personalidad que podrían estar a su disposición si conseguía dominar aquella máquina que el tonto de la bata blanca le había puesto al servicio de su voz.

            Hacía tiempo que Rex no tenía nada en lo que pensar excepto en maldecir su mala suerte.  Aquello era algo inesperado y estaba dispuesto a utilizarlo.

-                            Jal, ¡entrar en Facebook!

  
La pantalla azul se iluminó y le pidió unos cuantos datos personales.  Por suerte no era obligatorio rellenarlos todos.  Rex, cauto y ladino, espero unos instantes antes de rellenar tan solo algunos de ellos.  Lugar de nacimiento: “Madrid”, cursó sus estudios en: “INB Rey Pastor.”  Año: “1980”.  Decidió borrar este último dato, ¿por qué acotarlo en el tiempo?, aquello era dar pistas, así que nada de eso.  ¿Qué estás pensando ahora?: “Lo mismo de siempre, que no puedo salir de esta cama.”  Seleccionó el botón de Seguir y entró.  Al instante la pantalla azul le devolvió algunas sugerencias de amigos seleccionadas con los extraños algoritmos secretos de la red social.

Un sentimiento de incertidumbre detuvo a Rex.  No sabía cual era el siguiente paso que debería dar.  Aquello era totalmente desconocido para él.  Los siguientes minutos los pasó en silencio mirando la pantalla azul.

-¡Bing!-  Un símbolo rojo se encendió en el enjambre de azules que llenaban la pantalla.  Lo seleccionó.

“Admika quiere ser tu amiga en Facebook”

Rex se tomó su tiempo antes de hacer nada.  Admika.  Estaba claro que eso no era un nombre.  Era un mote o algo así, eso es que era alguien que quería ocultar su identidad, eso le gustó.  Curioseó un poco con los datos que se le presentaban en pantalla.  Había estudiado en el Rey Pastor de Moratalaz y vivía en Madrid, era un punto de partida muy interesante.

-                      ¿Por qué alguien querría ser amigo mío sin conocerme? – pensó
-                     O quizás si me conoce – Descartó en seguida esa idea por improbable.  No creía que aquel invento le fuera a hacer coincidir con alguien conocido en unos segundos.

Pinchó “Aceptar” y una extraña sensación le recorrió su columna insensible, desde los hombros hasta la nuca.

¡Bing!

Una ventanita, también azul, se abrió en la parte inferior derecha de su televisión.

-                            ¡Hola Restituto! ¿Qué haces metido en la cama? – Apareció escrito como por arte de mágia.

Rex se sobresaltó y quiso, una vez más, huir de su cama.  

-                            ¿Alguien me está espiando? – gritó
-                            Jal, ¡apágate!

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