sábado, 17 de marzo de 2012

CINCO


Como un mago a punto de presentar en sociedad su mejor truco, así se sentía el Doctor Navarro mientras miraba la pantalla de la televisión de Rex esperando que se encendiera aquella primera mañana.

Rex maldecía y refunfuñaba como siempre, pero en el fondo estaba tan expectante como un niño pequeño esperando sus regalos de cumpleaños.  Por supuesto no podía demostrar, delante de nadie, esa enorme curiosidad que le había hecho pasar en vela casi toda la noche, eso sería un signo de debilidad de carácter que no estaba dispuesto a permitir, pero si, estaba intrigado.

-       ¡Aquí lo tenemos! – El doctor señaló a la televisión de costado y con los brazos extendidos, como quién presenta a Miss España al patio de butacas.



Un mensaje parpadeaba en la pantalla: “¿Qué vamos a hacer ahora?”

Rex estaba tan sorprendido que ni siquiera insulto al doctor esta vez.
-                            Jal, ¡Baja la persiana! – ordenó el doctor a la televisión.

La persiana de la eterna ventana de Rex comenzó a cerrarse con un suave zumbido eléctrico.

-                            ¡Me cago en la puta!

Una sonrisa de ganador iluminó la cara del doctor.

-                            Jal, ¡Sube la persiana! – ordenó otra vez.

La luz volvió a entrar en el cuarto.

-                            Jal, Quiero ver la televisión, La Sexta

Inmediatamente se sintonizó la cadena.  Rex estaba boquiabierto.

-                            Esto te va a encantar.  Jal, sube la cama.

La cama de Rex se incorporó lentamente de posición horizontal a ligeramente incorporada.

-                            Jal, llama al doctor.

El número de teléfono del doctor apareció en pantalla y se oyeron unos tonos de llamada.  Inmediatamente el móvil del doctor empezó a sonar.  Este colgó.

-                            Jal, quiero entrar en Internet.

La pantalla de Internet Explorer sustituyó al magazine matutino de La Sexta.

-                       ¿Qué te gustaría Rex? ¿Leer el periódico, ver algún video, buscar algo en internet, entrar en Facebook,…?  Bueno, supongo que no sabrás lo que es Facebook, pero te va a encantar, ya lo verás. – Hizo una pausa esperando cualquier improperio de Rex, pero este no llegaba.
-                       Vaya, creo que es la primera vez que te veo despierto y callado durante más de diez minutos.
-                       ¡Váyase usted a la mierda! ¿Qué es eso del feisbur?
-                       ¡Así está mejor!.  Verás, te lo voy a enseñar.  Jal, ¡entrar en Facebook! – le ordenó de nuevo a la televisión.

Una pantalla azul, que se mostró de manera casi instantánea, les anunciaba que estaban en la red social Facebook.  El doctor seleccionó el botón verde de “Regístrate” con su voz.

-                     Me he tomado la libertad de abrirte una cuenta de correo electrónico que necesitas para darte de alta en Facebook.  Aunque supongo que no la usarás nunca, ya te explicaré como se hace por si te hace falta.  Ahora te damos de alta con tus datos.  No voy a poner todos los datos porque luego podrás poner tú los que quieras, pero el nombre por lo menos es obligatorio.

Para sorpresa de Rex, el doctor escribió su verdadero nombre en las casillas apropiadas: “Restituto Teodoro Martín”.

-                            ¡Ni se te ocurra poner eso, cabronazo!.
-                            Es tu nombre, si no lo pones así nadie te podrá encontrar.
-                            No quiero que me encuentre nadie. ¿Y tú como sabes mi nombre?.
-                            Soy tu médico, lo sé casi todo de ti.
-                            No sabes ni la mitad, gilipollas – pensó Rex – No quiero que pongas eso. – Le dijo al doctor al tiempo que este ordenaba: “Jal, confirmar”
-                            Demasiado tarde Rex.  Estás en facebook.

El gesto huraño de Rex reflejaba claramente que aquello no le estaba haciendo ninguna gracia.

-                            ¿Y para qué coño sirve la mierda esa del facebuk?
-                          Podrás encontrar a gente con la que te apetezca hablar, gente que tenga intereses comunes contigo aunque no les conozcas de nada, antiguos compañeros de colegio, antiguas amantes o cosas así.

Rex calló por un momento.  Algo de lo que le había dicho el doctor había removido viejas heridas en su interior, alguna idea estaba empezando a surgir en su mente y él sabía perfectamente que aquello significaban malas noticias para alguien.  Rex sabía que era perverso y por ello sonrió.

-                            ¡Vaya! Parece que te gusta.
-                            Creo que me encanta.

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