miércoles, 28 de marzo de 2012

Los recortes llegan a Pekín Express

Según nos cuenta hoy Detele la edición de famosos que está preparando Cuatro este año está recortando gastos a marchas forzadas.  Hablan de rebajar el caché de los famosos (2.000€/programa) e incluso hablan de que se ha cambiado la ruta por una más barata.  Nada de Austrália como en la que se está preparando estos dias para la edición francesa.  O nada de India, como en el VIP también francés.  Si hay que ahorrar, se ahorra y nosotros mandamos a los famosos a Marruecos que es mucho más barato.  Tampoco lo presentarían ni Jesús Vázquez ni Raquel Sánchez Silva, porque están en otros proyectos.

Puestos a reducir, se plantea incluso cambiar ligeramente el formato del programa y dejarlo tan solo en una gymkana ¿?.  Pues digo yo, si lo que graban al final es una gymkana de famosos en lugar de una aventura de anónimos, presentada por ejemplo por Ramón García ¿estaríamos hablando de Pekín Express o de otra cosa?.

Mi opinión es que aquí, como en los recortes de la Reforma Laboral, no vale todo, y si se hace así no debería llamarse Pekín Express.

¡Barato, barato!


martes, 27 de marzo de 2012

SIETE

     La pieza favorita de Evencia era una pequeña estrella de cinco puntas plateada enmarcada en un círculo de plata.  En aquellos escasos momentos en que no hacía nada, su pasatiempo favorito consistía en no dejar de frotar aquella estrella con un suave pañito de felpa. Se sentaba en la sala de costura y enfocaba su vista por la ventana aunque no miraba hacia ningún sitio. Y frotaba su estrella suavemente pero sin pausa. Se la había regalado aquel hombre que conoció hacía ya dos años y que tanto apoyo la había dado en los momentos más duros de su vida. Acariciar aquella estrella era para ella lo que para otras muchas mujeres de otra época era rezar el rosario, aquel pasar la cuentas de un modo casi hipnótico, recitando las oraciones sin pensarlas, cayendo casi en trance. Evencia, sin embargo, no rezaba en aquella ocasión, solo pensaba. No pensaba en el cómo, pensaba en el qué era lo que tenía que hacer. El maestro sabía, ella era tan solo un instrumento, pero era el que el maestro había elegido y por ello, Evencia, se sentía dichosa.

     Un bufido familiar en la planta superior la sacó del trance. Rex la estaba llamando otra vez. Guardó su estrella reluciente, envuelta en su pañito, dentro de una caja de madera bellamente labrada, cogió la tacita de caldo que había mantenido caliente y se dirigió hacia las escaleras.

- ¡Ya subo! ¡Deje de gritar hombre, que se va a quedar afónico!



viernes, 23 de marzo de 2012

SEIS


        Una antigua conocida de Rex le acompañó aquella noche en sus sueños, excitándole y reconfortándole como hacía tiempo que no sentía.  Esa compañera que había sido el motor de su vida durante tantos años, esa arpía que le había llevado hasta Spandau, aquella cama, aquella prisión en la que se encontraba ahora y para siempre.  Ahora de nuevo despertaba en su interior.  La venganza.   Lo que más excitaba a Rex era sentir el vértigo de un reto tan difícil que a cualquiera parecería imposible.  Para un mortal cualquiera la venganza enturbiaría la conciencia, pero para Rex le activaba las neuronas y le ponía alerta ante cualquier oportunidad.

            Aquel invento que le había traído el doctor le abría un enorme abanico de posibilidades, conexión con el mundo exterior, posibilidad de contactar con desconocidos, aquellos miles de ignorantes que estaban esperando en cualquier lugar a que alguien los manipulara.  Aquella legión de lerdos sin personalidad que podrían estar a su disposición si conseguía dominar aquella máquina que el tonto de la bata blanca le había puesto al servicio de su voz.

            Hacía tiempo que Rex no tenía nada en lo que pensar excepto en maldecir su mala suerte.  Aquello era algo inesperado y estaba dispuesto a utilizarlo.

-                            Jal, ¡entrar en Facebook!

  
La pantalla azul se iluminó y le pidió unos cuantos datos personales.  Por suerte no era obligatorio rellenarlos todos.  Rex, cauto y ladino, espero unos instantes antes de rellenar tan solo algunos de ellos.  Lugar de nacimiento: “Madrid”, cursó sus estudios en: “INB Rey Pastor.”  Año: “1980”.  Decidió borrar este último dato, ¿por qué acotarlo en el tiempo?, aquello era dar pistas, así que nada de eso.  ¿Qué estás pensando ahora?: “Lo mismo de siempre, que no puedo salir de esta cama.”  Seleccionó el botón de Seguir y entró.  Al instante la pantalla azul le devolvió algunas sugerencias de amigos seleccionadas con los extraños algoritmos secretos de la red social.

Un sentimiento de incertidumbre detuvo a Rex.  No sabía cual era el siguiente paso que debería dar.  Aquello era totalmente desconocido para él.  Los siguientes minutos los pasó en silencio mirando la pantalla azul.

-¡Bing!-  Un símbolo rojo se encendió en el enjambre de azules que llenaban la pantalla.  Lo seleccionó.

“Admika quiere ser tu amiga en Facebook”

Rex se tomó su tiempo antes de hacer nada.  Admika.  Estaba claro que eso no era un nombre.  Era un mote o algo así, eso es que era alguien que quería ocultar su identidad, eso le gustó.  Curioseó un poco con los datos que se le presentaban en pantalla.  Había estudiado en el Rey Pastor de Moratalaz y vivía en Madrid, era un punto de partida muy interesante.

-                      ¿Por qué alguien querría ser amigo mío sin conocerme? – pensó
-                     O quizás si me conoce – Descartó en seguida esa idea por improbable.  No creía que aquel invento le fuera a hacer coincidir con alguien conocido en unos segundos.

Pinchó “Aceptar” y una extraña sensación le recorrió su columna insensible, desde los hombros hasta la nuca.

¡Bing!

Una ventanita, también azul, se abrió en la parte inferior derecha de su televisión.

-                            ¡Hola Restituto! ¿Qué haces metido en la cama? – Apareció escrito como por arte de mágia.

Rex se sobresaltó y quiso, una vez más, huir de su cama.  

-                            ¿Alguien me está espiando? – gritó
-                            Jal, ¡apágate!

jueves, 22 de marzo de 2012

Otra pareja para el PE VIP 2012?

Según afirma la página El Cajón Desastre, Soraya y Edurne (ex Triunfita), serán otra de las parejas que participará en la próxima edición de Pekín Express VIP, con la que ya contamos con 3 parejas.  Andy y Lucas, Canales Rivera y Óscar Higares.

Toma fuerza el tema del VIP y, para mi alivio y el de muchos, parece que se aleja de las parejas tipo Sàlvame, con lo que incluso podría salir algo divertido dependiendo de la ruta.  Lo lógico es que se vuelva a India que es la ruta más espectacular (para mi gusto).

Todo sea por mantener vivo el formato y que podamos el año que viene tener otra edición de anónimos.

Seguiremos informando.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Un favor que os pido

Para los que hayáis leido "Formerio se va de viaje", os pido que entréis en la tienda Kindle de Amazon y pongáis un comentario sobre lo que os ha parecido la novela.

No hace falta darse de alta ni nada, tan solo poner un pseudónimo (no hace falta que sea el de Google ni ninguno en particular), la opinión y puntuarla de 1 a 5.

Os estaría muy agradecido, es una manera como otra cualquiera de que otros lectores se animen a leerlo que para eso lo he escrito.

Thanks a lot,

Para los que no lo hayáis leido también os animo a que lo hagáis ahora que le han dado un premio. Solo cuesta 0,99€ en ebook y 8€ en papel (para comprarla en papel me tenéis que enviar un mail).


sábado, 17 de marzo de 2012

CINCO


Como un mago a punto de presentar en sociedad su mejor truco, así se sentía el Doctor Navarro mientras miraba la pantalla de la televisión de Rex esperando que se encendiera aquella primera mañana.

Rex maldecía y refunfuñaba como siempre, pero en el fondo estaba tan expectante como un niño pequeño esperando sus regalos de cumpleaños.  Por supuesto no podía demostrar, delante de nadie, esa enorme curiosidad que le había hecho pasar en vela casi toda la noche, eso sería un signo de debilidad de carácter que no estaba dispuesto a permitir, pero si, estaba intrigado.

-       ¡Aquí lo tenemos! – El doctor señaló a la televisión de costado y con los brazos extendidos, como quién presenta a Miss España al patio de butacas.



Un mensaje parpadeaba en la pantalla: “¿Qué vamos a hacer ahora?”

Rex estaba tan sorprendido que ni siquiera insulto al doctor esta vez.
-                            Jal, ¡Baja la persiana! – ordenó el doctor a la televisión.

La persiana de la eterna ventana de Rex comenzó a cerrarse con un suave zumbido eléctrico.

-                            ¡Me cago en la puta!

Una sonrisa de ganador iluminó la cara del doctor.

-                            Jal, ¡Sube la persiana! – ordenó otra vez.

La luz volvió a entrar en el cuarto.

-                            Jal, Quiero ver la televisión, La Sexta

Inmediatamente se sintonizó la cadena.  Rex estaba boquiabierto.

-                            Esto te va a encantar.  Jal, sube la cama.

La cama de Rex se incorporó lentamente de posición horizontal a ligeramente incorporada.

-                            Jal, llama al doctor.

El número de teléfono del doctor apareció en pantalla y se oyeron unos tonos de llamada.  Inmediatamente el móvil del doctor empezó a sonar.  Este colgó.

-                            Jal, quiero entrar en Internet.

La pantalla de Internet Explorer sustituyó al magazine matutino de La Sexta.

-                       ¿Qué te gustaría Rex? ¿Leer el periódico, ver algún video, buscar algo en internet, entrar en Facebook,…?  Bueno, supongo que no sabrás lo que es Facebook, pero te va a encantar, ya lo verás. – Hizo una pausa esperando cualquier improperio de Rex, pero este no llegaba.
-                       Vaya, creo que es la primera vez que te veo despierto y callado durante más de diez minutos.
-                       ¡Váyase usted a la mierda! ¿Qué es eso del feisbur?
-                       ¡Así está mejor!.  Verás, te lo voy a enseñar.  Jal, ¡entrar en Facebook! – le ordenó de nuevo a la televisión.

Una pantalla azul, que se mostró de manera casi instantánea, les anunciaba que estaban en la red social Facebook.  El doctor seleccionó el botón verde de “Regístrate” con su voz.

-                     Me he tomado la libertad de abrirte una cuenta de correo electrónico que necesitas para darte de alta en Facebook.  Aunque supongo que no la usarás nunca, ya te explicaré como se hace por si te hace falta.  Ahora te damos de alta con tus datos.  No voy a poner todos los datos porque luego podrás poner tú los que quieras, pero el nombre por lo menos es obligatorio.

Para sorpresa de Rex, el doctor escribió su verdadero nombre en las casillas apropiadas: “Restituto Teodoro Martín”.

-                            ¡Ni se te ocurra poner eso, cabronazo!.
-                            Es tu nombre, si no lo pones así nadie te podrá encontrar.
-                            No quiero que me encuentre nadie. ¿Y tú como sabes mi nombre?.
-                            Soy tu médico, lo sé casi todo de ti.
-                            No sabes ni la mitad, gilipollas – pensó Rex – No quiero que pongas eso. – Le dijo al doctor al tiempo que este ordenaba: “Jal, confirmar”
-                            Demasiado tarde Rex.  Estás en facebook.

El gesto huraño de Rex reflejaba claramente que aquello no le estaba haciendo ninguna gracia.

-                            ¿Y para qué coño sirve la mierda esa del facebuk?
-                          Podrás encontrar a gente con la que te apetezca hablar, gente que tenga intereses comunes contigo aunque no les conozcas de nada, antiguos compañeros de colegio, antiguas amantes o cosas así.

Rex calló por un momento.  Algo de lo que le había dicho el doctor había removido viejas heridas en su interior, alguna idea estaba empezando a surgir en su mente y él sabía perfectamente que aquello significaban malas noticias para alguien.  Rex sabía que era perverso y por ello sonrió.

-                            ¡Vaya! Parece que te gusta.
-                            Creo que me encanta.

viernes, 16 de marzo de 2012

ORGULLOSO

Estoy más que contento de anunciaros que mi segunda novela, publicada en este blog y que muchos de vosotros habréis leido, "Formerio se va de viaje" ha sido seleccionada como FINALISTA (lo que antes se llamaba el 2º premio) de los PREMIOS ALBERT LANGTON DE NARRATIVA 2012.

En gran parte vosotros, los lectores de este blog, tenéis mucha culpa de que me haya puesto a escribir.  Gracias por leerme.

Como diría aquel "Me llena de orgullo y satisfacción..."



Entrevista a Mar y Vanesa en Giralda TV

Aquí os paso un video de una entrevista a Mar y Vanesa en Giralda Tv.

A mi particularmente no me gustan este tipo de programas y casi todo lo que sale en la entrevista ya lo hemos oido antes en las entrevistas de Javi, pero es una oportunidad de ver a las campeonas de este año, la mar de reguapas ellas.


martes, 13 de marzo de 2012

Novedades de Pekín Express 2012

Según nos informa Vertele, parece que no está todo perdido en cuanto a un posible Pekín Express este año.

Se barajan varias opciones, PE VIP (Andy y Lucas, Oscar Higares y Canales Rivera son algunos de los famosos con los que se ha contactado para esta edición), una edición con ex-concursantes (en Vertele los llaman "históricos") o, y esta es la opción que más me gusta, una 5ª edición igual que las anteriores, con anónimos.  Así es que no está todo perdido.

Sinceramente, yo creo que es tarde para preparar una edición normal y que se emita en Septiembre como siempre.  Creo que será más facil una versión corta de VIP o Ex, pero el caso es que lo siguen teniendo en mente al igual que nosotros.


Para ver la noticia completa pincha aquí.

CUATRO

Si había algo que le irritaba especialmente a Rex eran las visitas, y muchos más si eran de desconocidos. Se sentía un mono de feria. Un mono de feria inútil por otro lado, porque no era capaz de hacer ninguna de las dos cosas que deseaba en aquellos momentos. Darle una patada a la visita y salir corriendo.

Aquella mañana recibió la visita del doctor que, inusualmente, entró con una sonrisa de oreja a oreja. Una sonrisa que sorprendió tanto a Rex, que no vio, por unos instantes, al tipo que le acompañaba.

A Rex le gustaba respetar la rutina al máximo, así es que recibió al doctor como lo hacía siempre.

- ¡Ya está aquí el más gilipollas del pueblo! ¡Nadie le ha invitado! Se puede dar la vuelta y marcharse por dónde ha venido.
- ¡Buenos días, Rex! Le hemos traído un juguete nuevo. 

La cara de satisfacción del doctor le molestaba aún más que el hecho de tener compañía.

- ¡Qué mierda es eso que trae! ¡Yo no he pedido nada! ¡No pienso soltar un euro!

El técnico que acompañaba al doctor Navarro dibujó una leve sonrisa. Era verdad lo que le había avisado el doctor. Aquel tipo de la cama era como la niña del Exorcista pero sin darle vueltas a la cabeza.

- ¡Y ese tío de qué cojones se ríe! Es mi casa y no quiero que esté aquí. 
- Tranquilo Rex, ya verá como le va a encantar. Y además es gratis, no se preocupe por eso.
- ¡No creo que lo haya pagado el doctor garrapata!

Los improperios de Rex le fluían automáticamente, pero en realidad la curiosidad le estaba martirizando. No podía incorporarse para ver qué es lo que estaban sacando de las cajas que habían metido en sus dominios. Estaba claro que era algo electrónico porque parecía que lo iban a conectar a la televisión.

- ¡Mi tele! ¡No la toques hijo de puta!
- Ya le dije que era un encanto – Le comentó el doctor al técnico que estaba a punto de soltar una carcajada cada vez que Rex abría la boca.

Un par de horas después una flamante cámara miraba a Rex desde lo alto de su televisión, aunque aquel artilugio no era más que los ojos y los oídos de un no menos flamante avance tecnológico que aspiraba a comunicarse con él.

- ¡Voilá! – El doctor estaba exultante.
- ¡Voi-leches!, qué es eso que me has montado sin mi permiso.
- Mira Rex, hoy se ha hecho tarde y estarás cansado. Mañana vengo temprano y lo ponemos en marcha. No te preocupes que la tele funciona como antes.
- ¿Entonces para qué cojones habéis estado aquí toda la tarde el risitas y tú? 
- Te aseguro que te va a gustar. No seas impaciente. Mañana por la mañana estoy aquí como un clavo. 
- Como un “calvo”, querrás decir.

El técnico no pudo evitar la carcajada.

- Perdón. Estamos todos cansados.

 Al doctor Navarro no le hizo ninguna gracia la broma sobre su “cabellera”, pero uno termina acostumbrándose a ser insultado y, una vez más, hizo caso omiso.

- Hasta mañana Rex. Rex ni siquiera contestó, lo que de hecho constituía la mejor contestación posible.

viernes, 9 de marzo de 2012

TRES

Mientras el doctor Navarro caminaba encorvado para intentar guarecerse inútilmente de la persistente lluvia de aquella mañana, repasaba mentalmente los detalles del caso de Rex. No era precisamente este el caso por el que una persona adquiriría la vocación de médico, pero era lo que le había tocado a él y no tenía otra opción que aceptarlo. Él era el doctor del pueblo, un pueblo de piedra con sabor antiguo, con olor a pueblo, a tierra mojada, a heno y a ganado.

 - ¡Hasta luego, doctor!¡Se va usted a mojar!.
 - ¡Hasta luego Aquilino!.

Todos los habitantes del pueblo eran o habían sido en algún momento sus pacientes y se sentía querido por ellos. Recordó como al principio todo era idílico, no había casos especialmente complicados, achaques de la vejez de una población que no se renovaba y algún accidente doméstico sin importancia. Pero hacía siete años que al señor Martín se le había ocurrido trasladarse a morir a su pueblo y se había convertido en el eje central del universo del doctor, el caso principal, el que más tiempo le ocupaba y el más ingrato de todos. Uno se hace médico para ayudar a traer niños al mundo, para evitar sufrimientos o para salvar vidas, pero siempre esperas que tus pacientes te lo agradezcan o, al menos, que se sientan aliviados y algo más felices. En sus años de facultad no le habían preparado para encontrarse con un hombre que quisiera morir y, tan desagradable, que en algunos momentos de debilidad el doctor tenía serias ganas de ayudarle a conseguirlo. Sentía que empezaba a dudar de su juramento hipocrático a sus cuarenta y muchos años recién cumplidos. Una tormenta moral que le estaba haciendo dudar de si mismo, y aquello no le gustaba. Con un gesto de incomodidad producido mitad por sus dudas, mitad por la humedad que le estaba calando los huesos, siguió arrastrando su delgada y empapada figura por las calles empedradas rumbo a su casa, su oficina y su consulta que en su caso se reunían en el mismo edificio.

Al doblar la última esquina, vio aparcada junto a su puerta la furgoneta del mensajero que estaba esperando desde hacía días.

Bajo el porche de su puerta un hombre sujetaba con dificultad un paquete de esos que tienen el tamaño exacto para parecer manejables a primera vista y pero que se revelan incomodísimos cuando los intentas sujetar.

El doctor Navarro dibujó una leve sonrisa mientras sacaba las llaves de su bolsillo y abría la pesada puerta de madera envejecida que habría hecho las delicias de cualquier anticuario.

- ¡Adelante, por favor!.

Firmó el recibo oportuno y, mientras despedía al mensajero, lo sostuvo unos minutos mientras releía el nombre del destinatario con lentitud, como para estar seguro de que aquello era lo que estaba esperando aún antes de abrirlo. Quería disfrutar de aquel momento con la ilusión de quién hace un regalo inesperado esperando ver la cara de sorpresa del que lo recibe.

Abrió el paquete: Microsoft Kinect. Xbox 360 y una carta.

 “Telefónica I+D Estimado Dr. Navarro,

Tiene en sus manos el resultado de varios años de colaboración entre la Universidad de Salamanca, Microsoft España y Telefónica en el marco de la Investigación en torno al mundo de la discapacidad. Ciertamente creemos que hemos dado respuesta a muchas de las necesidades que Vd. Nos transmitió de cara a mejorar la calidad de vida de su paciente, el cual hemos tomado como referencia dadas las especiales características de su discapacidad.

Confiamos en que nos transmita las sugerencias de su paciente y las suyas propias a fin de mejorar el prototipo que van a probar, aunque podemos asegurarle que en los test previos han dado unos resultados excelentes. En los próximos días recibirá la visita de un técnico que instalará todos los accesorios necesarios para que su paciente pueda sacarle todo el provecho posible a este avance tecnológico.

Reciba un cordial saludo,” 

Aquello era realmente emocionante. Dos años de trabajo y una serie de golpes de suerte administrativos, habían llevado su idea inicial de adaptación de las nuevas tecnologías a ayudar a los pacientes con movilidad reducida. De aquel anuncio en que una alegre pareja manejaba su consola con la voz a aquel adelanto que tenía en la mano, habían pasado muchas horas de trabajo, muchas reuniones y muchas ideas descartadas, pero por fin la tenía en la mano. En unos días le podría dar a aquel ingrato paciente su mayor alegría en muchos años. Por lo menos eso esperaba.

lunes, 5 de marzo de 2012

Las 3 muertes de Rex T. Martin -2-

Cuando despertó, horas o quizás días después, Rex abrió lo ojos lentamente y pensó que hacía años que no se encontraba tan mal, tan cabreado ni tan rabioso y que no le quedaban ganas siquiera de insultar a alguien. 


No importaba mucho cuanto tiempo había pasado desde que murió y volvió a la vida. Ahí estaba otra vez y tenía todo el tiempo del mundo para no hacer nada, solo pensar y mirar su habitación, su prisión. Spandau como él la llamaba irónicamente. Lo único que variaba de un día para otro era lo poco que podía ver desde su ventana, la copa de un Liquidambar que crecía en su jardín y que le ofrecía, con cada cambio de estación, una estampa diferente. Un árbol pelado en invierno, las hojas nuevas en primavera con un verde intenso, la frondosidad del verano y un espectáculo de rojos y ocres en otoño. Era como cambiar el cuadro que presidía la habitación. El resto, excepto algún pájaro que pasaba volando o se posaba indiferente en su ventana, permanecía inalterable. De hecho era él el que obligaba a que todo siguiera en el mismo sitio. Seguramente era un castigo que se autoinfligía. La monotonía diaria llevada al extremo. Siempre tumbado en la misma postura y siempre viendo las mismas cosas, los mismos cuadros, el mismo jarrón vacío, la misma silla y el mismo sillón en los que nunca se había sentado. En el fondo sabía que se merecía aquel castigo. Se sabía un auténtico hijodeputa antes y después del accidente, pero ahora era, además, un hijodeputa rabioso con la vida.

 - ¡Vaya, buenos días, o buenas tardes mejor dicho!

Evencia entró en la habitación con la misma energía con la que acostumbraba a hacer todas las cosas, impulsando hasta el aire con su oronda anatomía. A pesar de su corta estatura y que a sus cuarenta años ya no era ninguna jovencita, era lo suficientemente fuerte como para mover a Rex cuando había que moverle y eso era suficiente entrenamiento como para un lanzador de peso. Las canas ya iban haciéndose notar en su corta melena morena claramente descuidada al igual que la piel de su rostro, lo que dejaba claro que la estética no era algo que le importara en absoluto.

Era la encargada de cuidar a Rex, era su interna, su asistente y, por mucho que le pesara a él, su única compañía. También era la encargada de aguantar los malos modos con que le regalaba aquel hombre todos los días, uno tras otro. Aquella tarde parecía que “el señor” no tenía ganas ni de insultarla. Eso la convertía en una buena tarde.

- Menudo susto que nos dio usted ayer. Si no llega el doctor en ese momento… 
- ¿Me habría dejado morir en paz? Se podría haber quedado en su casa. 
- Ya sabe que él no va a hacer eso.
 - Pues yo es lo que quiero que haga.
- Creo que es en lo único que usted no manda.
- Precisamente es en lo único que me interesa mandar desde hace años.
- Precisamente. Hoy vendrá a verle otra vez – Le anunció Evencia. 
- No quiero que venga.
- Ya le he dicho que usted no manda.
- ¡Pero yo pago!.
- Pero no manda.
- ¡Estás despedida! ¡Vuélvete a Valencia!.
- ¡Qué más quisiera yo!, de momento me voy a la cocina a prepararle un caldito mientras estoy en el “paro” y luego me vuelve a contratar y se lo doy.
- ¡Vete a la mierda, Evencia!.
- No, me voy a la cocina. Y no se ponga usted nervioso que le va a dar otro “torozón”. 

Rex vio como se marchaba su asistenta y deseo, como tantas otras veces, levantarse de la cama y saltar por la ventana. Como tantas otras veces no pudo mover más que la cabeza para mirar aquella ventana inalcanzable y maldijo su suerte una vez más.

jueves, 1 de marzo de 2012

Las 3 muertes de Rex T. Martin

    En el mismo momento en que Rex T. Martín murió se sintió realmente liberado. Por primera vez, en los últimos diez años, abandonó su cama, de hecho sintió como si volara por encima de ella. Se vio a sí mismo, o a lo que quedaba de él, allí postrado y solo, pero sintió paz, una paz infinita como nunca antes había sentido. Se sintió rodeado por las únicas personas que le habían querido en la vida, sus padres y sus abuelos, sonrientes todos ellos y rodeados, a su vez, por una luz azul maravillosa que desprendía una sensación placentera indescriptible. Era extraño, estaba muerto y sin embargo sentía todas esas cosas. No había ninguna atadura con el mundo material, él flotaba en el cosmos, sus parientes flotaban junto a él y el tiempo se había detenido. No recordó su vida como quizás habría esperado que ocurriera en una situación así, pero quizás era lo mejor. Su existencia no había sido precisamente como para recordarla. Una infancia tímida y acomplejada por su poca estatura, una adolescencia difícil por su fealdad y su inseparable acné, ese acné que le había dejado la cara marcada para siempre. Y la madurez convertido en un auténtico tirano, él era consciente de ello y disfrutó siéndolo mientras duró. Y luego el accidente. Aquel accidente que le llevó directamente a la cama, a aquella prisión mullida de la que no se podría separar jamás y que ya formaba parte de ese cuerpo inútil que ahora veía desde lo alto, cada vez más y más lejos. Ese cuerpo inerte y defectuoso cuyas pocas virtudes se habían quedado en la carretera aquel funesto día. Ese cuerpo que hoy, por fin, le daba una alegría y le dejaba marchar. Sin avisar. El corazón se había parado. El corazón que no servía para querer ni para sentir, ahora tampoco servía para bombear. 

    Una luz blanca e intensa se abrió en el horizonte. Aún con su tremenda luminosidad no dañaba los ojos cuando se la miraba de frente. Todos sus sentidos estaban agudizados al máximo, oía, veía y sentía todo a su alrededor como nunca antes había sentido, pero no había dolor, ningún sentimiento desagradable, todo paz. Se dirigió hacía la luz dejando atrás las voces nerviosas que habían surgido en su antigua habitación. Las voces de Evencia, su cuidadora. Las voces de su médico. Unas voces de alarma que ya no le importaban. Se dirigió hacia la luz.


    Rompiendo la armonía reinante a su alrededor, una fuerza imbatible tiró de él hacía atrás. Le succionó de vuelta a su habitación. Un golpe seco y desagradable, seguido de una descarga eléctrica, le sacudió los sentidos de nuevo y le volvió a inmovilizar el cuerpo. Un fuerte dolor de cabeza le devolvió la consciencia.

 - ¡Tiene pulso! Lo tenemos –

    Exclamó eufórico el médico que acababa de llegar minutos antes.

- ¡Gracias doctor! Llegó usted justo a tiempo – Evencia, su cuidadora, se mantenía a los pies de la cama mirando a Rex con una expresión difícil de descifrar. Tensión, alivio, sorpresa y quizás algo de desencanto también.

    Rex abrió los ojos e hizo un esfuerzo con la garganta para poder expresar también su gratitud al doctor. 

- ¡Hijo de puta!

    Luego, exhausto, se quedó dormido.