domingo, 1 de mayo de 2011

Formerio se va de viaje - TREINTA Y UNO

    El aeropuerto de Ahmedabad no era precisamente la Terminal 1 de Barajas. Un aeropuerto de tercera división india que, sin embargo, tenía una zona privada. Ricos hay en todas partes. Allí nos esperaba el estupendo jet privado de Umay. Por suerte, uno de los privilegios de los ricos en aquel aeropuerto consistía en que el control de seguridad era mínimo y que, los pocos agentes que lo custodiaban, no hacían preguntas. Aún así, ver llegar a una superstar de Bollywood acompañada de dos tipos en bata azul, enseñando el culo por la abertura posterior y uno de ellos cargando con una bolsa mugrienta de Motreal 76, les debió resultar bastante inusual y decidieron pedirnos la documentación. Formi había sido lo bastante previsor como para coger nuestros pasaportes y meterlos en su bolsa cadáver, así que no hubo problemas por ese lado. Umay no necesitó más que una simple mirada y fue suficiente salvoconducto. Realmente debía ser toda una estrella.

    Le dí un grandísimo abrazo a Om y le prometí volver a verle.

- Como la otra vez. Lo prometiste y lo has hecho – Me dijo casi sin respiración por el abrazo de despedida que le estaba dando en ese momento Formi.

    Al cruzar las pistas hacia nuestro avión, pude ver como los agentes de seguridad discutían acaloradamente a nuestras espaldas con los que, probablemente, habían estado disparándonos minutos antes. No fue hasta que subimos al avión cuando me sentí seguro por primera vez en mucho tiempo. Seguro y
avergonzado cuando, al sentarme en mi asiento de estupenda piel helada noté como se me erizaban los bellos desde el principio de la espalda hasta la nuca y fui consciente de que estaba prácticamente desnudo. No pude evitar intentar taparme lo que pude con pudor, no así Formi, que no parecía darle mayor importancia al tema y se dedicaba a curiosear todo lo que había en la cabina mientras que nos enseñaba su pecoso culo. En un momento dado, se volvió y se sentó en una butaca frente a mí. Me agarró con sus dos manos, atrapando las mías y reclinándose hacia mí.

- ¿Ya volvemos a casa?¿Se ha acabado la aventura?
- Bueno, parece que sí
- No me imaginé que viajar a la India fuera tan divertido y tan emocionante. Además me he encontrado varios amigos. Om es también mi amigo, aunque casi no le entendía. Umay es muy cariñosa, sobre todo contigo y por eso es mi amiga también. Y sobretodo tú si que eres mi amigo, aunque ya no sé bien como te llamas. Igual que te pasa a ti conmigo. Eres muy majo, aunque estás ridículo con esa bata…
- Bueno, no te creas que todo el mundo viaja así a India

    Me dio un apretón de manos con una sonrisa en la boca. Yo le devolví el apretón. Quería a aquel tipo.

- No os preocupéis por las batas, he dado orden a mis asistentes de que nos lleven algo de ropa al avión en cuanto lleguemos a Singapur – nos dijo Umay, que acababa de sentarse a nuestro lado.


    Umay era una mujer de recursos, no cabía duda, de recursos y mucho dinero. Una vez en vuelo, se sentó a mi lado e hicimos todo el viaje abrazados. No me extrañó haberme enamorado de aquella mujer en mi otra vida.

    Se me hizo realmente extraño ver a Formi en el aeropuerto de Singapur, vestido con aquel estupendo traje de Armani y agarrado a su bolsa. Si hubiera cambiado también de gafas, habría parecido todo un ejecutivo moderno. Yo también tenía una pinta inmejorable. Bien vestido, con mi expediente médico metido en un maletín impecable y acompañado de Umay. La verdad es que me sentía extrañamente cómodo con aquel traje y fantaseé sobre si esa sería la pinta que tenía en mi vida anterior de ejecutivo de éxito.

- Estás guapísimo – Me dijo Umay
- Muchas gracias. Tú siempre estás bellísima. No sé si te he dicho que cuando te vi entrar en CallTech pensé que eras un ángel
- ¿Estás segura de que no quieres venir con nosotros? – Algo dentro de mí se estaba despertando.
- No, de verdad Mario, creo que es mejor que os marchéis
- ¿Puedo volver a verte?
- Ven, por favor, si te acuerdas de lo nuestro
- Quizás no haga falta que me acuerde. Quizás está surgiendo de nuevo
- Vuestro avión va a salir – me besó.
- Adiós Fornido, cuida a Mario, por favor
- También cuido de mi hermano que le echo de menos, pero me llamo Formerio. ¿Por qué nadie se aprende mi nombre?

    Umay se marchó acompañada de una risa que sonaba como un cascabel.

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