miércoles, 20 de abril de 2011

Formerio se va de viaje - VEINTIOCHO

    Un tremendo golpe metálico, proveniente casi con toda seguridad de la habitación contigua, hizo temblar la puerta de mi habitación y pude oír perfectamente los gritos que le acompañaron.

- ¡Agarra a ese cabrón!
- ¿Cómo habéis dejado que se soltara?
- ¡Está loco!

    Esta vez el grito de rata fue acompañado por otro de dolor.

- ¡Ahhh!¡Me ha mordido el hijoputa!
- ¡Agarradle, por Dios!

    Había al menos dos o tres personas peleando con Formi y, por lo que podía oír, no lo estaban pasando nada bien. Otro tremendo golpe metálico y después un portazo. Los gritos me seguían llegando con claridad, pero esta vez algo más sordos porque la puerta de la habitación se había cerrado.

- ¡Nos ha encerrado el cabronazo!¡Llama a seguridad!

    No pasó ni un minuto cuando vi a Formi en el pasillo con una sonrisa resplandeciente.
- ¡Formi, estoy aquí!
- ¡Raúl! Menos mal, ¡creí que no te iba a encontrar! Llevo en la habitación de al lado un día entero y no te había oído. ¡Y me llamo Formerio!
- He estado dormido hasta hace un rato ¡Desátame, por favor!

    En cuanto me soltó la mano derecha me quité el goteo y los cables que tenía conectados al monitor. Inmediatamente, las alarmas empezaron a sonar con un agudo pitido continuo tremendamente desagradable.

- ¡Tenemos que largarnos de aquí!
- Espera, tengo que coger mi bolsa.
- ¿Cómo que tu bolsa? ¡No me jodas que te has traído la cochinada esa!
- Si, era de mi padre, le tenía mucho cariño. La he dejado aquí mismo, en el pasillo.

    Le acompañé fuera y vi como había atascado la puerta de su habitación con una silla. Al pié de la silla estaba su mugrienta bolsa. Oí pasos a la carrera que se acercaban a nosotros desde la derecha.

- ¡Rápido Formi! Métete en este despacho.
- ¡Me llamo Formerio!
- Vale, pero cállate ahora la boca.

    Entramos en el despacho de dónde había visto salir al médico desde mi cama y cerré la puerta con cuidado. Oí como llegaban los guardias y liberaban la puerta. Si se les ocurría abrir también la nuestra estábamos perdidos. Me giré para ver si había alguna vía de escape. Una ventana u otra puerta, pero no, la habitación tenía un enorme ventanal que daba a un jardín interior, pero estaba claro que no se podía abrir, no tenía ni pomos ni cerrojos. Sin embargo, unos archivadores situados justo a mi espalda me llamaron la atención. Mientras Formi escuchaba con la oreja pegada a la puerta, abrí el cajón que tenía más cerca y vi que mi intuición había sido correcta. Eran expedientes de personas. Busqué todo lo rápido que pude en la M. Mario Duque. No apareció. Busqué en la D. Duque, Mario. ¡Ahí estaba!. No era el momento de ponerse a leer, así que lo saqué del archivador y lo metí en la mugrienta bolsa de Montreal 76.



- ¿Siguen ahí? – Le pregunté a Fomi en voz baja.

    Él ni siquiera me contestó de palabra, pero con un movimiento de cabeza me indicó que efectivamente, allí seguían.

    Me volví hacia el archivador y busqué en la F y encontré también el expediente de Fadilah, Umay. Lo metí también en la bolsa de Formi al lado de unos calzoncillos usados. Tenía muchas cosas dentro, pero, por suerte, además de mugrienta era amplia.

- Creo que se han ido – Me dijo Formi en voz baja.
- Déjame que mire.

    Abrí la puerta ligeramente y pude comprobar que el lado izquierdo del pasillo estaba despejado. Abrí un poco más. Me aventuré a sacar la cabeza para comprobar el lado derecho. Despejado.

- ¡Vámonos de aquí!

    Agarré a Formi con la derecha y su bolsa con la izquierda a pesar de lo dolorido que tenía el brazo dónde tenía el goteo y salimos al pasillo lo más sigilosamente que pudimos. Yo había llegado allí inconsciente, así que tenía que confiar en que Formi hubiera llegado despierto y que se acordara por dónde.

- ¿Sabes por dónde está la salida? – Le pregunté preocupado.
- Si, creo que si

    Me miró a los ojos un instante con una sonrisa triunfal.

- Te he rescatado y además les he dado de leches.
- ¡Eres grande Formerio!

    Echamos a correr hacia nuestra derecha cogidos de la mano. Eso sí, no podíamos evitar la carcajada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

NO SE PUBLICARAN COMENTARIOS OFENSIVOS