domingo, 10 de abril de 2011

Formerio se va de viaje - VEINTICINCO


    Jaisalmer es una ciudad bella, monumental, una fortaleza, un lugar místico y muchas otras cosas, pero si hay que definirla con una sola palabra, esta sería “laberíntica”. Una vez dentro del recinto amurallado nos encontramos con un intrincado conjunto de calles angostas que provocó que, instintivamente, agarrara de la mano a Formi para no volver a perderle. En cada esquina, en cada recodo, podíamos encontrar un templo o un antiguo palacio, exquisitamente decorados, que me hacían suponer el pasado lujoso de aquella ciudad. Los templos seguían siendo templos, pero los palacios no seguían teniendo el uso primitivo para el que fueron creados y, en su mayoría, servían ahora de residencia a varias familias de comerciantes.

    Tuvimos que dejar el coche fuera de la fortaleza por la estrechez de las calles y nos dirigimos, como no, a casa de un pariente de Om. Seguramente ellos llamarían “pariente” a la gente de su mismo pueblo o de su misma étnia o

casta, porque Om era de Udaipur, una ciudad algo alejada de Jaisalmer, y me extrañaba mucho que pudiera tener parientes repartidos por todo el noroeste del país. El caso es que teníamos alojamiento discreto dentro de la fortaleza y que nos serviría de cuartel general desde el que nos acercaríamos al hospital CalTech aquella misma tarde.

    Llegamos a uno de aquellos antiguos palacios con preciosos relieves en la fachada y fuimos de nuevo recibidos como hijos pródigos por los familiares de Om, pudimos comer algo y descansar las horas centrales del día, refugiados de aquel ardiente calor que, a esas horas, caía de plano sobre la ciudad, en la que parecía que el aire tenía prohibida la entrada.

- Om, esta tarde quiero ir al hospital
- ¿Estás enfermo?
- No, quiero ir a ver dónde está y cómo es. ¿Está lejos?
- No, cerca, en el desierto. Charlie te estará esperando.
- Si, hoy prefiero ir vestido de indio y verlo desde lejos. Luego pensaré a ver qué es lo que quiero hacer.
- Ok, ¿El señor de las gafas gordas viene también? – Estaba claro que Om tampoco se acordaba del nombre de Formi.
- No, él no viene. Dile a tu familia que le entretengan un rato y que le tengan vigilado. ¡Por díos, que no se pierda otra vez!.
- No se preocupe Sr. Raúl.
   

Le expliqué a Formi que tenía que salir y que se iba a quedar con la familia de Om. Pareció no importarle. Cuando tenía a su alcance algo o alguien nuevo, demostraba un entusiasmo envidiable por conocerle.

    Cuando pareció que el sol rebajaba un poco su furia y las sombras empezaban a alargarse en las calles, Om y yo salimos de vuelta por los laberintos hacia el coche.

    Efectivamente, no muy lejos de la ciudad, pero visiblemente apartado de ella, una construcción extrañamente moderna destacaba sobre las arenas de aquel desierto asiático. En un principio, a lo lejos, parecía totalmente un espejismo. Esa sensación de que hay un lago en el horizonte pero poco nítido. Algo que se refleja en ese mismo lago inexistente. Según nos fuimos acercando me dí cuenta de que era algo real. Las placas solares, que adornaban todo el techo de la instalación, eran las que producían los reflejos que simulaban el lago.

    La carretera que se dirigía al edificio describió una curva y el cambio de perspectiva también produjo un cambio en los reflejos del edificio. Entonces pude divisar claramente la puerta principal sobre la que un gran símbolo estacaba sobre la estructura.


- ¡Om, para!. – necesité un segundo para recuperar el aliento - ¿De aquí es de dónde me recogiste?
- Si, señor Raúl.
- ¿Estás seguro de eso?
- Si, hace cinco años. Om tiene buena memoria.
- No recuerdo nada de eso. – Me dije a mí mismo.

    Saqué el sobre que me había llevado hasta allí, escrito con mi propia letra, y que siempre me acompañaba y comprobé que, efectivamente, era aquel mismo símbolo. ¿Cómo podía ser aquello? Me mareaba.

- ¿Seguimos Sr. Raúl?
- Si, sigue, sigue.

    Llegamos hasta la misma puerta y me bajé del coche. En contra de lo que yo me esperaba, no había vigilantes armados en la puerta, no estaba Charlie con sus matones, simplemente una puerta acristalada con cristales oscuros y con un cartel que invitaba a entrar:

CALTECH LTD
WELLCOME

    Casi temblando me acerqué a la puerta y posé mi mano sobre el cristal que estaba extrañamente frío. Empujé y entré.

    Era como pasar de la Edad Media al siglo XXIII en un segundo, dando solo un paso, el de cruzar la puerta de entrada en aquel ¿hospital? Un amplio recibidor con suelos brillantes, paredes de materiales plásticos, futuristas, diseños de última tecnología, me dejó meridianamente claro que aquel no era un hospital para la gente local. Al fondo, una señorita impecablemente vestida a la occidental, esperaba para darme la bienvenida detrás de un mostrador.

- Bienvenido de nuevo Sr. Duque
- Quiero ver a algún responsable – exigí totalmente perplejo
- El Sr. Queen le acompañará. – me respondió con una encantadora sonrisa mientras señalaba con un ligero movimiento de cabeza hacia mi espalda.

- ¡Charlie!

    Por puro instinto, salí corriendo hacia la entrada intentando esquivar al encorbatado americano, pero, con un simple gesto con su brazo izquierdo consiguió tumbarme de espaldas al suelo. El golpe resonó en todo el recinto y las puertas de entrada vibraron al unísono produciendo un curioso zumbido que fue el último sonido que pude oír aquella tarde.

2 comentarios:

  1. Ayyyyyy que se va aproximando el final !!
    Joseman...no puedes enviarlos de vuelta al Tajoral y que dure unos cuantos capítulos más??

    Vegaaaa...hazlo por Formi, jajaja

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  2. Pero seguro que queda lo mejor....

    Tengo la imaginación a toda máquina!!!!

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