sábado, 30 de abril de 2011

miércoles, 27 de abril de 2011

Formerio se va de viaje - TREINTA

    Me desperté con los tortazos que me estaba dando el ángel que había visto entrar por la puerta.

- Mario, Mario, despierta, ya estás a salvo

    Aún aturdido por el choque que habían sufrido mis neuronas por el disparo de la pistola eléctrica, pude abrir los ojos y darme cuenta de que estaba en un coche en marcha en brazos de Umay.

- ¿Y Formi?
- ¡Me llamo Formerio! – Me contestó riéndose desde el sillón delantero, al lado de Om, haciéndome ver que estaba todo bien.
- ¿Hemos escapado?
- Si, hemos llegado justo a tiempo. Om me reconoció en Jaisalmer y me contó lo que estaba pasando. Yo había venido a buscarte con mis guardaespaldas, porque suponía que irías de nuevo a CallTech, pero Om me dijo que llevabais varios días allí y que no tenía noticias vuestras, así es que nos decidimos a ir a buscaros – me dijo Umay sin dejar de acariciarme la cara.
- Iban a operarnos. Otra vez.
- Me lo imaginaba. ¿Cuándo has recuperado la memoria?
- Aún no la he recuperado. Ni siquiera me acuerdo de ti.

    La noticia entristeció visiblemente a Umay que, inclinándose hacia mí, me besó en los labios.

- De esto si que me acuerdo – Le dije regalándole mi mejor sonrisa. - Pero dime, ¿por qué no nos quieren aquí?¿por qué han intentando borrarnos la memoria?
- Lo que hacen aquí no estaría bien visto en el mundo occidental. Ni en Europa, ni en Estados Unidos. Están aplicando una técnica en humanos que aún están experimentando en animales. Es peligroso, no es ético, y allí estaría claramente prohibido.
- ¿Te refieres a la técnica que nos han aplicado a nosotros dos?
- ¿Qué te han contado?
- El doctor Ballesteros me hizo un resumen, aunque no conseguí entender más de la mitad
- ¿Te contó quién eras realmente y que te borraron la memoria accidentalmente?
- Si
- Cuando te mandaron para España me amenazaron si revelaba algo de lo sucedido. Yo quedé bien. Más o menos. - Se enrojeció. - Pero tú cambiaste, eras otra persona. Nos queríamos y te olvidaste de mí. De un día para otro – Vi que comenzaba a llorar y la congoja se apoderó de mi también.
- Ahora tenéis que volver a España cuanto antes. Aquí estáis en peligro. Allí os será más fácil estar a salvo.

    De pronto recordé la bolsa de Formi.

- ¿Y la bolsa de tu padre? – Le pregunté.

    Orgulloso la levantó con una mano para enseñármela.

- Umay, voy a destapar todo esto en cuanto lleguemos a Madrid. He robado tu expediente y el mío.
- Por favor, el mío no – me dijo enrojeciendo de nuevo.
- Si, tienes razón. Pero si lo que me contó el doctor es verdad, yo era un tipo bastante importante en España, así es que creo que será suficiente escándalo como para pararlo todo. Cualquier periodista vendería a su madre por mi historia
- Ese es el miedo que os tienen, precisamente

    La ventanilla trasera saltó en pedazos sobre nosotros.

- ¡Nos están disparando! – Gritó Umay.
- ¡Agáchate!, ¿dónde nos llevas? – Le pregunté.
- Vamos al aeropuerto de Ahmedabad. Allí tengo un avión privado que nos llevará a Singapur. Yo tengo un apartamento allí dónde me puedo esconder una temporada, mientras vosotros volvéis a España y soltáis la noticia.
- ¿No puedes venir con nosotros?
- No, creo que es mejor que me quede en Singapur por el momento. Tengo que pensar cómo puedo vivir enamorada de un hombre que no se acuerda de mí. Había conseguido acostumbrarme a la idea de que no te volvería a ver y, de pronto, aquel día que llamaste a mi puerta… – Le agarré la mano para transmitirle todo el cariño del que era capaz.


    Otro proyectil impactó contra nuestro coche, esta vez contra la carrocería. Me incorporé levemente y pude observar un hombre asomado por la ventanilla del coche que nos precedía, intercambiando disparos con el vehículo que nos perseguía a no mucha distancia.

- El coche de detrás son mis guardaespaldas. Ellos les retrasarán, ¡acelera Om!

lunes, 25 de abril de 2011

Primer episodio del Pekín Express Francés - Etapa 1 Guia para hispanohablantes

Como la mayoría de nosotros no entiende bien el francés, Nowhere nos manda un estupendo resumen para que nos enteremos bien de la etapa.  Aquí os lo pego íntegro.

Gracias Nowhere.

La nueva edición de Pekín Express arranca en Egipto, en el centro de El Cairo. Cada uno de los equipos se encuentra en un taxi, con los ojos vendados, y creen dirigirse al hotel para comenzar la carrera al día siguiente...

Entre los diez equipos hay dos que están formados por personas que no se conocen. Nicolas e Ingrid son solteros cerca de la treintena. Ingrid, aspirante a azafata aérea, reparte su tiempo entre las tiendas de moda, los salones de belleza y los locales nocturnos; dado que M6 ha tenido la deferencia de mostrarnos cómo le sienta el bikini, espero que no la eliminen sin antes participar en un par de pruebas acuáticas. Nicolas es diseñador gráfico, un geek fanático de la informática, de los cómics, de los parques de atracciones y de machacarse en el gimnasio. Su objetivo es encontrar el amor (su noviazgo más largo hasta la fecha duró una semana). Al quitarse la venda y ver a Ingrid por vez primera, los ojos se le salen de las órbitas, mientras que los de ella intentan encontrar la salida de emergencia del taxi. Declaraciones a cámara de él: "En cuanto he visto sus ojos me ha seducido". Ella: "Físicamente es mono... no es mi tipo de hombre... es amable" (traducción: "me da grima... que no se me acerque a menos de un metro... como me toque, gritaré").

La otra pareja de desconocidos parece más interesante. César es un trasunto del M.A. de "El equipo A"; negro, enorme, caribeño (de Martinica, con un acento muy raro), boxeador, toca la batería y tiene una empresa de seguridad... Denis es un restaurador lorenés, blanco, canijo y bastante amanerado, hablador y con tendencia a convertirse en el alma de la fiesta y a provocar vergüenza ajena. Dos polos opuestos que me da la impresión de que van a entenderse muy bien... si consiguen salir de Egipto.

Pero volvamos a los taxis. En pleno atasco, el presentador Stéphane Rotenberg les informa por la radio del coche de que pueden quitarse las vendas y de que la carrera comienza en esos momentos: deben trasvasar su equipaje a las mochilas que encontrarán en el maletero y dirigirse a la Esfinge de Gizeh. Tras las preceptivas expresiones de sorpresa, los concursantes descubren que las mochilas no son de la misma marca que el bolsito de la Hermione de Harry Potter, sino que tienen una capacidad limitada... para disgusto de alguna pareja que, por el volumen de su equipaje, parece ser que había empaquetado la tabla de surf, un sofá-cama y la enciclopedia Espasa. No me quedó muy claro si para esta edición se ha elegido un modelo de mochilas futurista con forma de buñuelo o si la escasa "mochilidad" de las mochilas se debe a las prisas por rellenarlas.

Como sea, todos consiguen trasvasar su equipaje a las gurruñochilas y se lanzan a por la esfinge. Los primeros en coger coche son Karim y Leila, que tienen la ventaja de hablar árabe. Karim y Leila son una pareja de recién casados, de origen argelino, que no han exhibido por el momento demasiados puntos de interés: ella se dedica a la educación de adolescentes problemáticos, lo cual explica la paciencia que tiene con su marido, que es de temperamento... volátil. Ambos hacen el viaje antes de encargar su primer hijo. Ante lo cual me quedo con la duda de si no tienen una agenda oculta como, por ejemplo, conseguir un cuerno de rinoceronte (reputado afrodisíaco, por si alguien no lo sabía).

El resto de concursantes tienen más o menos dificultades para encontrar quien los quiera llevar, en particular César y Denis, lo cual no es sorprendente teniendo en cuenta sus distintas tácticas para detener vehículos: el primero lanza violentamente sus 120 kg hacia la portezuela del coche de sus víctimas (las cuales salen disparadas, supongo que tras haberse orinado encima) mientras que el segundo intenta detener a los coches llamándolos con un discreto "pssst, pssst!".

Los primeros en bajarse del coche son una de las parejas belgas, Damien y Noëlla... aunque la estatua en la que se bajan no es precisamente la Gran Esfinge, sino una estatua cualquiera de un señor cualquiera (teniendo en cuenta que va vestido a la europea, es improbable que se trate de uno de los cuatro grandes inventores egipcios, a saber el inventor de las pirámides, el del rímel, el de los zapatos de tacón y el del preservativo).

Cabe justificar el error de Damien y Noëlla porque a) son belgas, y en Bélgica no hay esfinges; y b) pese a llevar casi 30 años casados, no han viajado jamás. El programa los denomina "la extraña pareja", y no sin motivo: él es un tipo tranquilo, apocado, con un bigote estilo Hercule Poirot; ella es la naturaleza desbocada: le saca un palmo de estatura a su marido, pero parece que sean dos; es pescadera, y ejerce como tal: cuando susurra, alcanza sin esfuerzo los 120 dB, y su tono de voz normal supera el umbral del dolor de los gusanos, eso sin contar su marcado acento belga. Se mueve en consonancia (o sea, como Hulk en una rave), y tiene una pasmosa facilidad para pasar de la tragedia griega a la comedia ligera. Me encanta esta mujer. Y me encanta que viva a más de 1.000 km de mi casa.

Pero finalmente todos llegan a la esfinge. Las primeras en llegar son Julie y Nathalie, madre e hija "fusionnelles", o sea muy unidas (lo cual quiere decir que la madre es una dominanta de tomo y lomo y ay de su niña como se le desmande). Tienen 44 y 19 años (la madre es la mayor). Son como Meritxell y Alazne, pero guapas y -de momento- educadas. O sea, nada que ver. Pero no quisiera estar yo en el campo de visión de la madre el día que las cosas se le empiecen a torcer. Madre e hija son rosellonesas de la localidad de Aumes, cercana, por cierto, a Balaruc-les-Bains, donde se encuentra la central de la franquicia "La Cure Gourmande" (dulces, galletas y chocolates), que os recomiendo vivamente. Perdonad por la inserción publicitaria: a ver si así la próxima vez que vaya a por unos calissons o unas galletitas de higo me hacen descuento...

En fin, que por llegar las primeras a la esfinge, madre e hija reciben como regalo unas pegatinas verdes que les pueden servir para no ser eliminadas en el caso de que, en alguna de las seis primeras etapas, ellas crean que han llegado las últimas. Este salvoconducto solo lo podrán utilizar en una ocasión, pero no me queda muy claro si, en caso de que ellas lo utilicen y efectivamente sean las últimas clasificadas, la penúltima pareja será eliminada.

Al pie de las pirámides se reúnen por primera vez las diez parejas, Stéphane les detalla los países a visitar (Kenya, Tanzania, Lesotho, Sudáfrica) y las reglas. Les comenta que en Egipto la policía no les permite dormir en domicilios particulares (la etapa se grabó unos días después del atentado contra los cristianos coptos en Alejandría y poco antes de la revolución egipcia).

Se reemprende la carrera, en dirección a Alejandría. Pero antes de salir cada pareja deberá arrastrar una piedra de 150 kg sobre unos rodillos, a lo largo de 100 metros, y luego seguir en camello hasta la carretera donde continuarán el autostop. Parece una prueba de fuerza bruta, pero el desarrollo y el resultado del juego demuestra que es mucho más importante realizarla correctamente y coordinarse bien: los primeros en coger camello son la pareja más veterana, Luc y Clémence, un matrimonio de jubilados (considerando que en Francia, hasta hace poco, la edad mínima legal para la jubilación era de 60 años) que van a por todas; desde luego, en esta prueba les dan sopas con honda a todos los demás (y nunca mejor dicho).

Por contra, alguna de las parejas más jóvenes suda sangre para arrastrar la piedra; es el caso de Laetitia y Dianéba, hermanas, de padre senegalés y de madres variadas. Pero todas llegan y toman el camino de Alejandría, donde las tres primeras parejas en llegar diputarán la inmunidad.

La llegada a Alejandría es uno de los momentos emocionantes de la etapa: Damien y Noëlla se echan una carrera contra Jean-Pierre y François, una pareja de "burgueses decadentes". Son estos últimos los que se imponen, y como consecuencia Noëlla interpreta uno de sus personajes de heroína griega (llantos, gritos, desesperación, rasgado de vestiduras). Acto seguido descubren que son las dos primeras parejas en llegar, así que la desesperación de Noëlla se convierte en alegría desenfrenada, y uno no sabe qué es peor.

Los terceros en discordia serán Pierre e Isabelle, la pareja de divorciados que, aunque no se les ha visto mucho, apuesto a que van a llegar lejos: ella manda y él obedece, como debe ser. Baste con decir que Pierre tenía otra pareja para ir a Pékin Express pero Isabelle lo "convenció" de ir con ella.

Los últimos en llegar al libro rojo son Ludovic y Samuel, hermanos belgas "pasados de vueltas", que se estresan muy mucho al conocer su posición. A decir verdad, lo de "pasado de vueltas" es más adecuado para Ludovic, que es como Bustamante con un chute de adrenalina. Su lengua se mueve a tal velocidad que cualquier día de estos a media frase soltará un estampido sónico. Por desgracia se

come la mitad de las palabras (en concreto, las palabras impares de cada frase) y tiene algún problema de dicción, de manera que no lo entiende ni su hermano. De todos modos M6 tiene la gentileza de subtitularlo (en francés estándar) cuando habla, y además es tan expresivo que se le entiende todo. Dice que le gusta ser el centro de atención, y la verdad es que es difícil ignorarlo; aunque seguro que su psiquiatra preferiría no haberlo conocido. Probablemente esté afectado por la pérdida de las cuatro quintas partes de su equipaje que no pudo embutir en la mochila. Su hermano Samuel también se estresa lo suyo, pero es más tímido y se contiene. Lo sorprendente de estos hermanos es que ambos declaran que les gustaría ser un poco más como el otro. Me pregunto para qué...

En Alejandría (curiosidad para los no viajados como yo: los taxis están pintados de manera similar a los de Barcelona) nuestros héroes comprueban la generosidad de los egipcios, que los invitan sin problemas a cenar y a tomar té y más té. François incluso se atreve a echar unas caladitas de un narguilé, no sin antes asegurarse concienzudamente que dentro solo se cuece tabaco. Esto provoca la primera discusión entre los burgueses desfasados (bueno, eso si no contamos la discusión anterior cuando François llevaba a rastras al camello mientras Jean-Pierre luchaba por mantener el equibrio: "T'es con!" "Je me'n fous!"). Jean-François le reprocha a su amigo que chupe la primera pipa que encuentra, mientras que el otro no le da mayor importancia (no sé si aquí no cabría alguna

interpretación freudiana del asunto)... Como sea, las discusiones entre nuestros burgueses son simpáticas, sin ninguna acritud, y prometen ser uno de los atractivos del programa. Pese a la denominación "oficial" de la pareja, el que realmente se merece el título "decadente" es, desde luego, Jean-François: decorador de interiores, se define como un snob, y nadie se lo va a discutir; no ve la necesidad de practicar deporte alguno, ya que él está estupendo sin moverse de su mullido sofá y el esfuerzo físico acarrea consecuencias tan desagradables como el sudor. Pekín Express es su oportunidad de viajar, ya que su mujer es claustrofóbica y no puede subir a un avión. François, propietario de una tienda de delicatessen, es más activo y deportista, aunque puestos a escoger un deporte, prefiere la esgrima. Se lo ve más dispuesto a vivir y a aprovechar la aventura. Ambos son de Pau, en los Pirineos Atlánticos, pero se encuentran como peces en el agua en la Costa Azul, donde pasan sus vacaciones en St-Tropez.

Para pasar la noche la organización aloja (tal vez debería decir "interna") a los concursantes en un hotel que difícilmente va a estar en la Guía Michelin, a menos que lo derriben, esterilicen la zona y lo vuelvan a construir. Lo mejor del hotel es que en él difícilmente van a coger una infección, porque dudo que haya bacteria, cucaracha o rata de alcantarilla que se atreva a entrar en él (pero, por si alguien quiere hospedarse en ese "hotel" cuando vaya a Alejandría, informo que el duenño tuvo la humorada de llamarlo "Hotel Continental"...). Escena impagable de los "burgeois" en el lavabo.

La prueba de inmunidad, al día siguiente, no tiene mayor interés: se trata de componer una palabra uniendo unos cubos con letras. Como los niños de P3, salvo que estos cubos tienen un metro de lado y pesan un quintal. Pese a equivocarse al escoger los cubos, la prueba la ganan los burgueses, gracias a lo cual van a pasarse el resto de la etapa a su estilo, de turistas bon vivants, como Alá manda.

La última parte de la etapa debe llevar a los aventureros a Port Said, junto al Canal de Suez, pasando previamente por Rosetta. En Rosetta les espera una de esas pruebas absurdas e inútiles que suele haber en PE, consistente en copiar unas palabras árabes, que es el nombre del lugar donde se encuentra el final de la etapa. La cosa no tiene mayor interés, salvo el ver que los hermanos belgas pasan por el lugar de la prueba sin darse cuenta de lo que tenían que hacer pese al cartelón enorme que tienen en las narices (y luego tienen que volver, claro: si estos hermanos llegan al final de la carrera, que lo dudo, van a recorrer el doble de kilómetros que los demás).

Ya en el último tramo, los otros belgas, Damien y Noëlle, que han sido los primeros en salir de Rosetta, toman un minibús que, como era de esperar, los devuelve a Alejandría... En cambio, mamá sargento y su hija cogen un coche cuyo propietario casualmente vive junto al punto de llegada...

A la hora del ránking, Stéphane les ofrece a madre e hija la posibilidad de utilizar sus pegatinas verdes, y ellas rehúsan... con muy buen criterio, porque son las vencedoras de la etapa. Tras ellas han llegado los desconocidos solteros, los recién casados, las hermanas, los hermanos, los divorciados y los burgueses. Los dos lugares siguientes son para los desconocidos opuestos y para

los jubilados, aunque no se aclara en qué orden. Así que los eliminados son la extraña pareja belga, ante la consternación general. El minibús que los llevó en sentido contrario ha sido fatal... Por supuesto, siendo una primera etapa, la tarjeta del sobre negro es, como siempre, eliminatoria.

Pese a todo, en el avance de la próxima etapa vemos a Stéphane hablando con ellos, probablemente para explicarles la posibilidad de ser repescados mediante alguna nueva norma. Aunque lamentablemente no creo que vuelvan...

En cuanto a los ránkings complementarios, creo que es necesario establecer una clasificación de lagrimeo, aunque la cosa está muy apretada. El primer puesto se lo disputan Noëlle (muy favorecida en este aspecto por su eliminación al término de la etapa), y Ludovic, aunque en su caso no siempre tengo muy claro si está llorando o si segrega adrenalina por los ojos. No muy lejos está

Nathalie ("pues en Francia nunca lloro"), que organizó una bonita llantina, discretamente secundada por su hija, cuando un egipcio les pagó unas hamburguesas (con queso), hasta el punto que el hamburguesero les tuvo que sacar una caja de kleenex; un bonito detalle que deja en muy buen lugar a los restauradores egipcios. No podemos olvidar los lloros de Karim después de besuquearse repetida e indecorosamente con un autóctono que lo había invitado a té... parece ser que le recordaba a su abuelo; aunque no entendí el motivo de que el recuerdo de su abuelo le provocara tal llorera que incluso contagia a su esposa-cuidadora.

En el ránking de frases para la posteridad, me he quedado con dos de Noëlla:
- Si we no winnerg, avion et France. Finish. Show finit.
- Ik spreek de nederlands, io parlo italiano, un pocho di españoles, de francese et un poco d'english.

La semana próxima nos vamos al Alto Nilo...

domingo, 24 de abril de 2011

Primer episodio del Pekín Express Francés - YA ESTÁ EN LA WEB

Para frikis y fans totales, como tú y como yo, el forero Nowhere Man nos pasa estos enlaces para que podamos disfrutar del PE francés en eMule y BitTorrent la primera etapa de "La route des grands bichos":

En eMule hay dos ripeos:

ed2k://|file|Pekin%20Express%202011%20La%20route%20des%20grands%20fauves%20S6-E01%20-%2020-04-11%20(TNTrip%20by%20Faron54).avi|737464320|11074F428CD4FBE9B2DAEF5294E652F4|/

ed2k://|file|Pekin.Express.La.Route.Des.Grands.Fauves.20.04.2011.S06E01.FRENCH.Webrip.XviD-GP971.avi|1229587824|D342A092EF22432ACE14480E89F3F6EA|/

Este segundo ripeo también está en BitTorrent, en esta web (hay que registrarse previamente):

http://www.torrent411.com/index.php

Suponemos que pronto estará también en este enlace dónde están todas las temporadas de la edición francesa.

http://pekinstream.wahost.org/

Según nos comenta Nowher Man esta primera etapa promete una edición ES-PEC-TA-CU-LAR.


También he encontrado otra página dónde está el archivo completo de la primera etapa. 


http://www.telechargementz.org/video/series/vf/print:page,1,470261-pgkin-express-la-route-des-grands-fauves-e01-fs-us.html


Voy a verlo ahora mismo.

Formerio se va de viaje - VEINTINUEVE

     Aunque aquello parecía un laberinto de pasillos interminables, Formi parecía estar orientándose bien y giraba las esquinas sin pensárselo dos veces. En un par de minutos llegamos a un punto muerto en que se terminaba nuestro pasillo y solo dos puertas gemelas nos cerraban el paso.

- ¿Derecha o izquierda? – Le pregunté a Formi con la respiración entrecortada.
- No lo sé

    Miraba las dos puertas alternativamente sin decidirse por ninguna, así que decidí elegir yo.

- ¡Izquierda!

    Agarré el pomo y, con fuerza, abrí la puerta. Error, una enorme sala presidida por jaulas a derecha e izquierda era lo único que nos encontramos.



- Por aquí no es – Me dijo Formi, y se dio la vuelta para elegir la otra alternativa.
- ¡No, espera un momento!

     Me dí cuenta de que las jaulas estaban llenas de chimpancés y algún que otro tipo diferente de primates. Me quedé un momento pensativo imaginando para que estaban allí aquellos pobres. Seguramente habían probado, antes que yo, las técnicas del doctor Ballesteros. Justo a mi derecha un cuadro de controles con los interruptores generales de la luz de la sala y otros muchos de misteriosa utilidad. Excepto uno de ellos, un botón rojo, grande, que lucía un cartel atrayente: “OPEN ALL”. Un botón rojo y grande lo que pide es que lo pulses con fuerza y eso es exactamente lo que hice. Un chasquido metálico me indicó que había acertado de pleno. Las jaulas se abrieron al unísono y varias decenas de monos salieron al pasillo inmediatamente.

     Se me olvidó calibrar el efecto que tenían los animales en Formi y que, como no podía ser de otra forma, se iba a poner a gritar de un momento a otro, así es que le cogí de la mano y, antes de que saliera ningún sonido de su boca abierta, giré sobre nuestros pasos para abrir la puerta de la derecha que, esta vez sí, era la correcta. Dejé la puerta abierta por si los monos tenían la idea de seguirnos y podían suponer una ayuda extra para conseguir salir del complejo. Efectivamente, chillando aún más que Formi, los primates comenzaron la carrera detrás de nosotros.

     Al llegar al final de este último pasillo, con un último giro a nuestra derecha, nos encontramos con el hall principal, el recibidor con suelos brillantes que había visto al entrar en CallTech y lo último que recordaba antes de encontrarme atado a aquella cama. Al fondo de la sala, bloqueando la puerta de salida, Charlie, el doctor Ballesteros y una cuadrilla de enfermeros y matones, nos esperaban para darnos la bienvenida.

    La sonrisa del doctor Ballesteros se borró inmediatamente cuando vio aparecer una cuadrilla de monos gritones que se dirigían directamente hacia ellos. Nos adelantaron ignorándonos y se enzarzaron en una venganza rabiosa contra todo lo que encontraban a su paso. La señorita del mostrador eligió correr en círculos cuando uno de los chimpancés la encontró debajo de su silla. Charlie y sus secuaces se empleaban a fondo contra los monos, con unas porras que tenían reservadas para nosotros.

     Para mi sorpresa, Formi decidió unirse a la fiesta simiesca y se lanzó a por el primer enfermero que se le puso por delante, chillando en la misma escala musical que los homínidos. Yo, quieto como un palo, como paralizado, contemplaba la escena como quién contempla un cuadro de El Bosco.

    Entraron en escena un par de guardias, que no estaban invitados hasta ese momento, armados con pistolas aturdidoras y comenzaron a dejar fuera de combate, uno a uno, a nuestros inesperados aliados. El primero que cayó fue el que mantenía al doctor Ballesteros tumbado en el suelo casi desde el comienzo de la fiesta.

     Al ir quedando libres, nuestros captores se agruparon en torno a Formi, que había dejado fuera de combate a más de uno, y consiguieron inmovilizarle por completo. Uno de los enfermeros se acercó a él con una jeringuilla desenfundada y su mirada no dejaba dudas sobre lo que iba a hacer a continuación.

     Yo, que seguía bloqueado, había sido ignorado por los monos, por los enfermeros, por los matones, por el doctor y por Charlie. Como si fuera un motivo más de la decoración. Estaba solo, y estaba viendo como iban a drogar a Formi, que se debatía luchando y gritando. La ira surgió de dentro. Quizás de mis entrañas, de mi corazón, y se fue extendiendo por mis articulaciones, a mis brazos, a mis piernas. Llegó hasta mis puños. Pero fue cuando llegó a mi cabeza cuando estalló del todo.

- ¡Formerio!

   Me lancé a la carrera contra el grupo que sujetaba a Formi y los derribé a todos a un tiempo. Mi compañero, al verse liberado, comenzó de nuevo a golpearles. Yo, cegado de ira, salté sobre Charlie y me senté sobre él para poder golpearle con más facilidad. Sentía como varias personas me golpeaban con sus porras en la cabeza y en la espalda, pero yo no sentía dolor. Tampoco sentía dolor en los puños mientras golpeaba, una y otra vez, la cabeza de Charlie. La sangre que brotaba de su nariz me manchaba los puños y me encendía la ira. Si alcanzaba a oír como Formi luchaba a mis espaldas hasta que, al fin, fue reducido de nuevo. También pude oír al doctor Ballesteros gritando.

- ¡Matad a ese hijodeputa!, ¡se va a cargar a Charlie!

    Sentí un latigazo eléctrico que me paralizó de inmediato y caí lateralmente, mirando hacia la puerta de salida. En ese momento vi como se abría y un enorme resplandor me cegaba. Oí también unos gritos en inglés que, por el aturdimiento, no conseguí entender.

- Do not move!

    En medio del resplandor, antes de desmayarme, me pareció ver como un ángel, rojo brillante, entraba en escena.


miércoles, 20 de abril de 2011

Formerio se va de viaje - VEINTIOCHO

    Un tremendo golpe metálico, proveniente casi con toda seguridad de la habitación contigua, hizo temblar la puerta de mi habitación y pude oír perfectamente los gritos que le acompañaron.

- ¡Agarra a ese cabrón!
- ¿Cómo habéis dejado que se soltara?
- ¡Está loco!

    Esta vez el grito de rata fue acompañado por otro de dolor.

- ¡Ahhh!¡Me ha mordido el hijoputa!
- ¡Agarradle, por Dios!

    Había al menos dos o tres personas peleando con Formi y, por lo que podía oír, no lo estaban pasando nada bien. Otro tremendo golpe metálico y después un portazo. Los gritos me seguían llegando con claridad, pero esta vez algo más sordos porque la puerta de la habitación se había cerrado.

- ¡Nos ha encerrado el cabronazo!¡Llama a seguridad!

    No pasó ni un minuto cuando vi a Formi en el pasillo con una sonrisa resplandeciente.
- ¡Formi, estoy aquí!
- ¡Raúl! Menos mal, ¡creí que no te iba a encontrar! Llevo en la habitación de al lado un día entero y no te había oído. ¡Y me llamo Formerio!
- He estado dormido hasta hace un rato ¡Desátame, por favor!

    En cuanto me soltó la mano derecha me quité el goteo y los cables que tenía conectados al monitor. Inmediatamente, las alarmas empezaron a sonar con un agudo pitido continuo tremendamente desagradable.

- ¡Tenemos que largarnos de aquí!
- Espera, tengo que coger mi bolsa.
- ¿Cómo que tu bolsa? ¡No me jodas que te has traído la cochinada esa!
- Si, era de mi padre, le tenía mucho cariño. La he dejado aquí mismo, en el pasillo.

    Le acompañé fuera y vi como había atascado la puerta de su habitación con una silla. Al pié de la silla estaba su mugrienta bolsa. Oí pasos a la carrera que se acercaban a nosotros desde la derecha.

- ¡Rápido Formi! Métete en este despacho.
- ¡Me llamo Formerio!
- Vale, pero cállate ahora la boca.

    Entramos en el despacho de dónde había visto salir al médico desde mi cama y cerré la puerta con cuidado. Oí como llegaban los guardias y liberaban la puerta. Si se les ocurría abrir también la nuestra estábamos perdidos. Me giré para ver si había alguna vía de escape. Una ventana u otra puerta, pero no, la habitación tenía un enorme ventanal que daba a un jardín interior, pero estaba claro que no se podía abrir, no tenía ni pomos ni cerrojos. Sin embargo, unos archivadores situados justo a mi espalda me llamaron la atención. Mientras Formi escuchaba con la oreja pegada a la puerta, abrí el cajón que tenía más cerca y vi que mi intuición había sido correcta. Eran expedientes de personas. Busqué todo lo rápido que pude en la M. Mario Duque. No apareció. Busqué en la D. Duque, Mario. ¡Ahí estaba!. No era el momento de ponerse a leer, así que lo saqué del archivador y lo metí en la mugrienta bolsa de Montreal 76.



- ¿Siguen ahí? – Le pregunté a Fomi en voz baja.

    Él ni siquiera me contestó de palabra, pero con un movimiento de cabeza me indicó que efectivamente, allí seguían.

    Me volví hacia el archivador y busqué en la F y encontré también el expediente de Fadilah, Umay. Lo metí también en la bolsa de Formi al lado de unos calzoncillos usados. Tenía muchas cosas dentro, pero, por suerte, además de mugrienta era amplia.

- Creo que se han ido – Me dijo Formi en voz baja.
- Déjame que mire.

    Abrí la puerta ligeramente y pude comprobar que el lado izquierdo del pasillo estaba despejado. Abrí un poco más. Me aventuré a sacar la cabeza para comprobar el lado derecho. Despejado.

- ¡Vámonos de aquí!

    Agarré a Formi con la derecha y su bolsa con la izquierda a pesar de lo dolorido que tenía el brazo dónde tenía el goteo y salimos al pasillo lo más sigilosamente que pudimos. Yo había llegado allí inconsciente, así que tenía que confiar en que Formi hubiera llegado despierto y que se acordara por dónde.

- ¿Sabes por dónde está la salida? – Le pregunté preocupado.
- Si, creo que si

    Me miró a los ojos un instante con una sonrisa triunfal.

- Te he rescatado y además les he dado de leches.
- ¡Eres grande Formerio!

    Echamos a correr hacia nuestra derecha cogidos de la mano. Eso sí, no podíamos evitar la carcajada.

lunes, 18 de abril de 2011

Raquel presentará SUPERVIVIENTES

Según nos confirma Europapress, Raquel Sánchez Silva viajará próximamente a Honduras junto con Pakirrin (entre otros del mismo corte) para presentar la próxima edición de Supervivientes. Estará acompañada desde el plató en España por Jorge Javier (cagaté lorito).
En el caso de Raquel, Telecinco ha argumentado "la soltura y la capacidad de adaptación a diversos entornos geográficos y el dinamismo demostrado en realities como Pekín Express", no aclara, sin embargo, que el cambio ha sido en contra de su voluntad y de la nuestra.

Digamos que el cambio no será tan drástico como se podría pensar en un principio ya que en la "isla" se vivirá también una experiencia interesante, por lo menos eso es lo que me contó en su día Nilo Manrique, ganador de una de las ediciones pasadas, mientras me hacía sufrir para ganarle una partida de bolos.

Por supuesto, le deseo muchísima suerte a Raquel y que se lleve para Honduras todo nuestro cariño.

Lo de Jorge Javier no quiero comentarlo porque sería un comentario sesgado y con prejuicios.

domingo, 17 de abril de 2011

Formerio se va de viaje - VEINTISIETE


- ¿Dónde estoy?¿Quién es usted?¿Porqué estoy atado a la cama?

    Aún con los ojos entreabiertos, las luces de la habitación se encendieron suavemente y me permitieron distinguir a mi visita. Un tipo no demasiado grande. Cincuentón seguramente, con prominentes entradas en su cabellera algo cana y unas gafas livianas que le daban un aire de inteligencia. Seguramente un médico.

- Tranquilo Mario, las preguntas de una en una, no conviene que te excites. Estás en la división India de Caltech, soy el doctor Miguel Ángel Ballesteros, neurocirujano y director del complejo. Y estás atado a la cama porque te vamos a intervenir.

- ¿A mí? ¿Por qué? ¡No estoy enfermo!

    El pitido que marcaba mis pulsaciones aumentó su cadencia.

- No te pongas nervioso. Ya has pasado por esto y fue todo bien. No es cirugía invasiva. Es sólo un pequeño retoque en tu cerebro.

- ¿Cómo que ya he pasado por esto? Nunca me han operado de nada, ni siquiera del apéndice. Y tengo el cerebro perfectamente.

    Intenté, inútilmente, liberarme de las correas que me ataban pies y manos.

- Si te explico lo que te vamos a hacer, ¿Te quedarás más tranquilo?
- Si.

    Lo que estaba pensando era “NO, tranquila se quedará tu puta madre”, pero era una manera de ganar tiempo mientras se me ocurría algo.

- En realidad te llamas Mario Duque, y eras un poderoso ejecutivo en tu anterior vida, de la que, por suerte, veo que no te acuerdas de nada. La técnica que utilizamos contigo se trata de un avance de la neurociencia. Intentaré explicarme.

    Tú viniste a visitarnos a nuestras instalaciones del Instituto Tecnológico de California, porque tenías un problema grave de agresividad que no conseguías controlar y te estaba dando muchos problemas en el ambiente de alta sociedad en el que te movías en tu vida diaria. Nos contaste que habías tenido conocimiento de los descubrimientos de David Anderson y sus colegas, referidos a la relación cerebral entre el sexo y la violencia. Ellos identificaron el circuito neuronal básico que subyace al comportamiento agresivo y que la interacción entre el sexo y la violencia está profundamente enraizada en la arquitectura básica del cerebro. Para que te orientes, se encuentra en una región del hipotálamo.

    Nuestro equipo estaba desarrollando técnicas para manipular circuitos cerebrales con la optogenética que es, hoy en día, la forma más precisa de manipular circuitos cerebrales concretos. Se llama optogenética, porque usa tanto genes artificiales como moléculas activadas por la luz. Aunque los detalles son muy complicados y no creo que pudieras entenderlos, intentaré darte una explicación resumida, como ya hice en su día y la entendiste perfectamente.

    No sabía si me estaba mareando por la explicación o por alguna droga que me estuvieran metiendo por el catéter.

- La idea general es introducir en el cerebro unos genes diseñados para funcionar solo en ciertos tipos de neuronas, y que se puedan activar o desactivar en una zona muy localizada del cerebro, pero solamente cuando tienen cercano el ATP, una molécula muy común en los seres vivos. Lo que hacemos es envolver ese ATP en un compuesto sensible a la luz, de modo que liberamos este ATP cuando lo iluminamos con un rayo láser.

    Una vez localizadas las neuronas responsables del comportamiento agresivo o sexual, como en el caso de tu amiga, introducimos los genes apropiados e inhibimos estos circuitos, de modo que estos comportamientos se frenan hasta llegar incluso a anularse.

    Lo habíamos probado ya con moscas y con ratones, pero, por evidentes trabas éticas no podíamos probarlo con humanos en Europa o Estados Unidos. Unos cuantos casos desesperados de gente dispuesta a pagar grandes sumas de dinero y un discreto desvío de fondos de CalTech, hicieron posible la construcción de estas instalaciones en un lugar tan apropiado para pasar desapercibidos. Nosotros invertimos en la comunidad india y el Gobierno indio no hace preguntas.

    Por desgracia, hay muchas formas de estropear un sistema y más de estropear el cerebro.

    La pausa que hizo en ese momento no me gustó nada.

- Con los primeros pacientes comenzamos a observar ciertos resultados indeseables. Se disparaba el comportamiento agresivo en situaciones anormales, incluso contra objetos inanimados como un guante inflado, o en algún caso obtuvimos una actividad sexual desenfrenada.

    Tengo que reconocer que algunos componentes del equipo lo pasaron realmente bien con los pacientes afectados en esta primera fase, pero nosotros somos científicos y estábamos obligados a mejorar el proceso. Hicimos algunos ajustes para vosotros, los siguientes pacientes.

    Mejoramos notablemente la técnica, esto quedó claro por los resultados obtenidos. Tengo entendido que el caso de la señorita Fadilah, un grave caso de ninfomanía, se ha curado en gran parte y sin ningún efecto secundario. La veo a menudo en la televisión india y lleva una vida aparentemente normal.

    En tu caso creo que también fue un éxito respecto al tema de la agresividad. Bien es cierto que perdiste la memoria por completo y que tuvimos que “fabricarte” una vida nueva para salvar el proyecto, incluso tuvimos que cambiarte el aspecto físico porque eras un tipo muy popular en España. También es cierto que, gracias a estos “efectos secundarios”, descubrimos otras áreas del cerebro relacionadas precisamente con la memoria. Como aplicación práctica de este nuevo descubrimiento, estamos en condiciones de reprogramarte otra vez y mandarte para casa a que sigas con tu actual vida anónima y gris. Hemos avanzado muchísimo en nuestras investigaciones y creo que pronto podremos ofrecer a cualquier ejército la posibilidad de programar a sus soldados para que sean especialmente agresivos y sin memoria de sus vidas pasadas. Por eso me he dado el gusto de contarte todo esto de nuevo, mañana no te acordarás ni de haber estado de viaje, y además tenía ganas de darle una charla a alguien. No hay mucho ambiente culto en Jaisalmer que digamos.

    Y, por cierto, no te preocupes de tu amigo el tonto. Vino esta mañana preguntando por ti y se puso directamente en nuestras manos. En media hora le vamos a aplicar la misma técnica que vamos a aplicarte a ti, pero solo para que olvide su viaje, porque me da la impresión de que no debe ser un tipo, digamos “popular”. ¿De dónde has sacado semejante espécimen?

    Me dolía aún más que mis muñecas el hecho de saber que Formi estaba también atrapado. Noté como la ira salía de mis entrañas y se acumulaba en mis brazos, mi rostro y mi corazón. Tiré fuertemente de las correas.

- No te esfuerces, son irrompibles. Especiales para pirados.

    Me voy con tu amigo. En una hora vendremos a por ti.

- ¡Cabronazo!

    Le vi salir de mi habitación y cruzar el pasillo hasta la puerta que quedaba enfrente de la mía. Levanté todo lo que pude la cabeza para ver si aquella era la habitación de mi amigo, pero no, era un despacho. El doctor Frankestein Ballesteros recogió unos papeles de su mesa y volvió a salir.

    En ese momento oí un grito de rata histérica que conocía perfectamente.

miércoles, 13 de abril de 2011

Formerio se va de viaje - VEINTISEIS

    El vagón del metro estaba casi vacío. Tan sólo Umay y yo, desnudos frente a frente, mirándonos el uno al otro. Detrás de Umay se abrió una puerta y vi el negro túnel por el que estábamos pasando. Por la portezuela se asomó Om, iba conduciendo el convoy y me sonrió con su sonrisa de actor de cine.


    Llegamos a una estación y se abrieron las puertas. Decenas de indios bigotudos vestidos con trajes grises gastados, entraron en nuestro vagón sin que nuestra desnudez les provocara, aparentemente, ninguna reacción. Volví a mirar a Umay, ya no estaba desnuda, vestía el sari rojo con abalorios con el que la vi por primera vez en su casa. Con los brazos extendidos gritaba una y otra vez mi nombre: “Mario, Mario”. Los indios se agolpaban más y más entre nosotros y me resultaba difícil verla. Un revisor gordo de piel blanca, casi brillante, entró también. Comenzó a pedir los billetes a todo el mundo. Se paró delante de mí para pedirme que le enseñara mi título de transporte, y pude leer su nombre en una plaquita que lucía en su pecho: “Charlie”.

    Mi angustia crecía por momentos. Quería explicarle que no tenía billete, que estaba desnudo y no tenía dónde guardarlo, que no sabía cómo había entrado en el metro, pero no podía hablar. Movía la boca, pero ni un solo sonido salía por mi garganta. Quise huir, pero tampoco podía moverme. El catéter al que estaba enganchado me lo impedía. Miré a mis pies y vi que estaban sujetos con correas a la cama.

Un gran alboroto me llegó desde el fondo del vagón dónde estaba Umay. Mucho ruido, movimiento, una pelea sin duda. Los indios que se agolpaban a mi alrededor miraban también hacia allí.

    Una figura grande, enorme, se alzaba entre todos ellos. Parecía Formerio, tenía su cara y sus gafas de pasta años setenta, pero tenía un cuerpo enormemente musculado y ¡verde!, cubierto tan solo por los restos de una camiseta de tirantes que no era, ni por asomo, de su talla. Repartía mamporros a diestro y siniestro. A cada golpe hacía desaparecer a uno de aquellos indios, y poco a poco iba vaciando el vagón. Los que me rodeaban se sumaban también a la ensalada de hostias y me iba quedando solo por momentos.

    El gran jefe inspector Charlie americano se acercaba también a Formerio moviendo sus brazos como si fuera un molino. Sus puños cruzaban el aire cortándolo y produciendo un sonido metálico, no humano.

    Se paró frente a Formerio y alzó la vista al techo del vagón. Dio un enorme grito, que no era un grito, antes de golpear las lámparas del techo y dejar todo a oscuras. No podía ver nada, no podía moverme, me dolía la espalda y no podía cambiar de postura en la cama, solo oía algún ruido metálico y luego el silencio. Conseguí oírme a mi mismo, mi respiración y mi corazón.

    En algún sitio no lejano, algún pitido leve llegaba a sonar levemente. Pitido, silencio, pitido, silencio, pitido, silencio.

Al fondo, se abrió una ligera línea vertical luminosa. Poco a poco, la línea fue creciendo a lo ancho y se reveló como una puerta que se abría lentamente. Un pasillo iluminado, frente a otra puerta cerrada.

    Alguien vestido con bata blanca entró en mi habitación y me saludó.

- Hola Mario, ¿ya estás despierto?

domingo, 10 de abril de 2011

Formerio se va de viaje - VEINTICINCO


    Jaisalmer es una ciudad bella, monumental, una fortaleza, un lugar místico y muchas otras cosas, pero si hay que definirla con una sola palabra, esta sería “laberíntica”. Una vez dentro del recinto amurallado nos encontramos con un intrincado conjunto de calles angostas que provocó que, instintivamente, agarrara de la mano a Formi para no volver a perderle. En cada esquina, en cada recodo, podíamos encontrar un templo o un antiguo palacio, exquisitamente decorados, que me hacían suponer el pasado lujoso de aquella ciudad. Los templos seguían siendo templos, pero los palacios no seguían teniendo el uso primitivo para el que fueron creados y, en su mayoría, servían ahora de residencia a varias familias de comerciantes.

    Tuvimos que dejar el coche fuera de la fortaleza por la estrechez de las calles y nos dirigimos, como no, a casa de un pariente de Om. Seguramente ellos llamarían “pariente” a la gente de su mismo pueblo o de su misma étnia o

casta, porque Om era de Udaipur, una ciudad algo alejada de Jaisalmer, y me extrañaba mucho que pudiera tener parientes repartidos por todo el noroeste del país. El caso es que teníamos alojamiento discreto dentro de la fortaleza y que nos serviría de cuartel general desde el que nos acercaríamos al hospital CalTech aquella misma tarde.

    Llegamos a uno de aquellos antiguos palacios con preciosos relieves en la fachada y fuimos de nuevo recibidos como hijos pródigos por los familiares de Om, pudimos comer algo y descansar las horas centrales del día, refugiados de aquel ardiente calor que, a esas horas, caía de plano sobre la ciudad, en la que parecía que el aire tenía prohibida la entrada.

- Om, esta tarde quiero ir al hospital
- ¿Estás enfermo?
- No, quiero ir a ver dónde está y cómo es. ¿Está lejos?
- No, cerca, en el desierto. Charlie te estará esperando.
- Si, hoy prefiero ir vestido de indio y verlo desde lejos. Luego pensaré a ver qué es lo que quiero hacer.
- Ok, ¿El señor de las gafas gordas viene también? – Estaba claro que Om tampoco se acordaba del nombre de Formi.
- No, él no viene. Dile a tu familia que le entretengan un rato y que le tengan vigilado. ¡Por díos, que no se pierda otra vez!.
- No se preocupe Sr. Raúl.
   

Le expliqué a Formi que tenía que salir y que se iba a quedar con la familia de Om. Pareció no importarle. Cuando tenía a su alcance algo o alguien nuevo, demostraba un entusiasmo envidiable por conocerle.

    Cuando pareció que el sol rebajaba un poco su furia y las sombras empezaban a alargarse en las calles, Om y yo salimos de vuelta por los laberintos hacia el coche.

    Efectivamente, no muy lejos de la ciudad, pero visiblemente apartado de ella, una construcción extrañamente moderna destacaba sobre las arenas de aquel desierto asiático. En un principio, a lo lejos, parecía totalmente un espejismo. Esa sensación de que hay un lago en el horizonte pero poco nítido. Algo que se refleja en ese mismo lago inexistente. Según nos fuimos acercando me dí cuenta de que era algo real. Las placas solares, que adornaban todo el techo de la instalación, eran las que producían los reflejos que simulaban el lago.

    La carretera que se dirigía al edificio describió una curva y el cambio de perspectiva también produjo un cambio en los reflejos del edificio. Entonces pude divisar claramente la puerta principal sobre la que un gran símbolo estacaba sobre la estructura.


- ¡Om, para!. – necesité un segundo para recuperar el aliento - ¿De aquí es de dónde me recogiste?
- Si, señor Raúl.
- ¿Estás seguro de eso?
- Si, hace cinco años. Om tiene buena memoria.
- No recuerdo nada de eso. – Me dije a mí mismo.

    Saqué el sobre que me había llevado hasta allí, escrito con mi propia letra, y que siempre me acompañaba y comprobé que, efectivamente, era aquel mismo símbolo. ¿Cómo podía ser aquello? Me mareaba.

- ¿Seguimos Sr. Raúl?
- Si, sigue, sigue.

    Llegamos hasta la misma puerta y me bajé del coche. En contra de lo que yo me esperaba, no había vigilantes armados en la puerta, no estaba Charlie con sus matones, simplemente una puerta acristalada con cristales oscuros y con un cartel que invitaba a entrar:

CALTECH LTD
WELLCOME

    Casi temblando me acerqué a la puerta y posé mi mano sobre el cristal que estaba extrañamente frío. Empujé y entré.

    Era como pasar de la Edad Media al siglo XXIII en un segundo, dando solo un paso, el de cruzar la puerta de entrada en aquel ¿hospital? Un amplio recibidor con suelos brillantes, paredes de materiales plásticos, futuristas, diseños de última tecnología, me dejó meridianamente claro que aquel no era un hospital para la gente local. Al fondo, una señorita impecablemente vestida a la occidental, esperaba para darme la bienvenida detrás de un mostrador.

- Bienvenido de nuevo Sr. Duque
- Quiero ver a algún responsable – exigí totalmente perplejo
- El Sr. Queen le acompañará. – me respondió con una encantadora sonrisa mientras señalaba con un ligero movimiento de cabeza hacia mi espalda.

- ¡Charlie!

    Por puro instinto, salí corriendo hacia la entrada intentando esquivar al encorbatado americano, pero, con un simple gesto con su brazo izquierdo consiguió tumbarme de espaldas al suelo. El golpe resonó en todo el recinto y las puertas de entrada vibraron al unísono produciendo un curioso zumbido que fue el último sonido que pude oír aquella tarde.

miércoles, 6 de abril de 2011

Formerio se va de viaje - VEINTICUATRO

    Om salió de la casa antes que nosotros para recorrer el pueblo al amanecer y asegurarse de que no había “presencias hostiles” en los alrededores. Mientras, nosotros dábamos cuenta de un buen desayuno casero y nos poníamos de nuevo el disfraz que nos habíamos probado la noche antes. Y así, vestidos de lugareños indios, nos subimos de nuevo al coche para continuar nuestro viaje rumbo a Jaisalmer.

    Muy inteligentemente, Om había manchado el coche de polvo y barro para que, así decorado, pasara más desapercibido entre el resto de vehículos. Un coche como el nuestro, casi siempre limpio, nos delataba a kilómetros.

    El calor de la zona era realmente intenso, pero, a diferencia de lo que habíamos sufrido hasta entonces, era un calor seco, mucho más soportable para nosotros los de la Meseta Central española. Aún con esa novedad climática, no conseguía entender la utilidad de los turbantes y terminé deduciendo que sería simplemente un distintivo tribal o del oficio del que lo portaba, porque la verdad es que daba un calor de la hostia. El aire acondicionado del coche apenas conseguía refrescar unos grados el aire que entraba de la calle, aunque lo que de verdad me hacía sentirme mejor era imaginarme lo que tenía que sentir la gente que, inexplicablemente, iba andando por aquella carretera con un buen saco de kilómetros a sus espaldas y otros tantos por recorrer, sin más protección que su ropa cargada con el polvo del camino.



    A medida que nos acercábamos a Jaisalmer, me iban entrando más y más dudas acerca de lo que estaba haciendo yo allí. No tenía ninguna necesidad de saber el origen de aquella carta. No tenía ningún interés en saber quién era Mario y qué era lo que le unía a mí. No tenía por qué enfrentarme a una gente que, por alguna razón, no quería que yo estuviera en India. Ya había tenido un premio gordo con el episodio de Umay. Era algo que nunca olvidaría. También tenía un nuevo y entrañable amigo, aunque no consiguiera acordarme bien de su nombre. Pero ¿realmente sentía lo que estaba pensando?, ¿o simplemente tenía cada vez más miedo de enfrentarme a la verdad y quería salir corriendo hasta mi casa?. Definitivamente no, mi vida en España era gris y monótona. Esto era una aventura en toda regla y poca gente podía contar que había vivido una. Yo si, pasara lo que pasara a partir de ahora. Prefería pensar que no había un peligro mortal en aquella persecución y que Charlie solo quería asustarnos o darnos de leches, según se le diera el día. Que quizás encontraría una verdad sorprendente que cambiaría mi vida para siempre, que volvería a ver a Umay, que volvería a besarla y que me sentiría ya, para siempre, vivo, como me sentía ahora. Decidí seguir adelante.

    Om señaló hacia el frente.

- ¡Jaisalmer!



    Una ciudad rojiza de piedra arenisca “La ciudad dorada”, construida a los pies de una imponente fortaleza de murallas almenadas, se alzaba en el horizonte rodeada de un desierto al que parecía desafiar. Allí estaba, imponente nuestra próxima meta.

    A pesar del calor, un escalofrío me recorrió la espalda indicándome que estaba acercándome al final del camino.

    Formi me agarró la mano y me dí cuenta de que sentía lo mismo que yo.

    Le apreté la mano en silencio mientras Om nos acercaba a las puertas de la fortaleza.

domingo, 3 de abril de 2011

Formerio se va de viaje - VEINTITRES

La vista privilegiada que, sobre la plaza, nos proporcionaba nuestro piso refugio, nos permitió ver el espectáculo cómico de Charlie y sus secuaces dando vueltas una y otra vez por el pueblo y preguntando a todo bicho viviente por nosotros.

Charlie lo estaba pasando fatal con aquel calor, se le veía quitarse el sombrero cada dos por tres para secarse el sudor de la calva. Nosotros no es que tuviéramos frío precisamente, pero el estar con las ventanas casi cerradas para no ser vistos, nos hacía escapar, al menos, del Sol. Para terminar la función, Charlie utilizó su sombrero para, mediante certeros sombrerazos, llevar a sus dos secuaces de vuelta hasta el coche. Acompañó los sombrerazos con tremendos insultos que no llegaban con nitidez hasta nosotros, por suerte, tampoco llegaban hasta ellos las sonoras carcajadas que soltó Formi contemplando la escena.

Se montaron en el coche y salieron de la plaza levantando una buena polvareda. Por supuesto, no vi aquella huida como una rendición. Ya no teníamos el localizador chivato, pero estaría bien atento a partir de ahora, porque tenía claro que ellos sospecharían a dónde nos dirigíamos, así es que en algún momento volveríamos a encontrarlos.

Tanto los habitantes de la casa como la mayoría de la gente del pueblo, debía ser familia o buenos amigos de Om. Se notaba en el trato que nos estaban dando y la complicidad que habían tomado para escondernos. Dentro de la casa nos prepararon rápidamente una habitación para pasar allí la noche y no tardaron mucho en empezar a ofrecernos comida y bebida. Por suerte tenían una cerveza fría que me supo a gloria y decidí saborearla sentado delante de la ventana que daba a la plaza. A parte de poder hacer la vigilancia desde allí, se disfrutaba de unas vistas excelentes sobre la misma plaza, con el bullicio generado en gran parte por el templo de las ratas, y sobre el resto del pueblo y sus alrededores.


Pude ver, a lo lejos, uno de aquellos animales mitológicos de Sabina. Un tren. Cruzaba la planicie que rodeaba el pueblo justo delante de una rojiza puesta de sol. Esta estampa,
unida a que el tren era uno de esos de los que hemos visto mil fotos, pero que no acabamos de creer que eso exista, un tren abarrotado de gente por dentro y por fuera, hacía de aquel momento uno de los más exóticos que había vivido hasta entonces. Eso era India pura, y la banda sonora la ponía una especie de músico ambulante que tocaba un extraño instrumento a los pies de mi ventana.

Vi llegar a la plaza un coche especialmente lujoso, un coche que desentonaba entre tanto polvo, entre tanta mugre. Los cristales tintados me impedían ver a los ocupantes, pero estaba claro que se trataba de alguien importante. El coche paró en el único surtidor de gasolina que había en la plaza y el conductor se bajó para repostar. En las plazas traseras, la ventanilla que podía ver yo, se bajó un poco y el conductor se acercó a la abertura, parecía que estaba hablando con el ocupante del asiento trasero. A pesar de la distancia, y de lo poco que se había abierto la ventanilla, me pareció vislumbrar una mujer vestida con un sari rojo con muchos abalorios que, aún con la poca luz que quedaba ya, enviaban sus brillos hasta mi ventana.

Me puse a fantasear y me imaginé que era Umay que venía a buscarme. Venía a rescatarme de vaya-usted-a-saber-quién para llevarme con ella a su palacio, para hacerme el amor otra vez como aquella mañana en Varanasi. Seguramente el calor me estaba afectando y necesitaba meterme dentro de la casa y descansar un poco tumbado.

Bajé a lo que parecía el salón y me encontré a Formi vestido de indio, estaba encantado. Uno de nuestros anfitriones le estaba terminando de poner un turbante típico de la zona y en un momento le convirtió en el indio más blancucho de la región. Quizás con algún tinte en la cara podría pasar por cualquier indio sonriente. No pude más que sonreír yo también ante aquella excelente idea y me imaginé que el siguiente disfrazado iba a ser yo.

Media hora más tarde, cualquiera que hubiera entrado en aquella casa, se habría encontrado con una estampa muy hogareña. Un grupo de hombres, mujeres y niños indios cenando juntos a la luz de unas cuantas bombillas de pocos vatios y charlando animadamente. Incluso aquellas gafas de pasta anticuadas de Formi, le daban un toque de autenticidad al disfraz.

Como era de esperar, aquella noche, otra vez, soñé con Umay.