miércoles, 30 de marzo de 2011

Formerio se va de viaje - VEINTIDOS

    Ya llevábamos muchas horas de coche y el cansancio empezaba a hacer mella en nuestros culos. Yo había conseguido dormirme un rato, porque el paisaje no daba para distraerse mucho, Formi se había dormido bastante antes que yo y daba la impresión de que Om había cubierto su cupo de palabras para aquel día porque no decía nada desde hacía dos horas. Abrí un momento los ojos sacudido por un enorme bache que me hizo botar casi hasta tocar el techo con la cabeza. Om me vio despierto y aprovechó para darme una mala noticia.

- Un coche nos sigue desde hace rato.

    Como un resorte me levanté y miré hacia atrás. Efectivamente, detrás de un autobús abarrotado de gente que acabábamos de adelantar, pude ver un coche oscuro que, sin duda, era al que se refería Om.

- ¿No puedes despistarles?
- No, está muy mal la carretera y no puedo ir más deprisa, además es una gran recta larga, sin ningún desvío.
- ¿Hay algún pueblo cerca?
- Está Deshnok, un sitio pequeño cerca de Bikaner, Om tiene amigos allí. Podemos escondernos y dormir y comer.
- ¿Podemos perderles dentro del pueblo?
- Es pequeño, intentaré antes.

    No podía entender cómo conseguían encontrarnos siempre. Quizás sospechaban nuestro destino, y solo había una carretera por dónde llegar a Jaisalmer, pero era extraño que nos encontraran tan pronto.

    Recordé haber leído alguna novela de aventuras en que los malos siempre usaban localizadores GPS para perseguir a los buenos. Quizás era una tontería, pero pensaba mirar los bajos del coche en cuanto nos bajáramos. Tampoco sabía el aspecto que tendría un aparatito de esos, pero si en mis novelas los encontraban fácilmente, no debían ser difíciles de identificar.

    Mientras me preguntaba cómo podríamos despistarles en aquel paisaje completamente plano, sin casi árboles ni setos, me sorprendió ver una vaca totalmente diferente de las que estaba acostumbrado a ver desde que llegamos a India. Era una vaca americana, según me contó Om, para nosotros, una vaca normal y corriente, una vaca blanca y negra, muy similar a las españolas, pero que indicaba claramente una cosa. El pueblo estaba muy, muy cerca. A una vaca como aquella no la dejaban alejarse mucho.

    Miré otra vez hacia atrás y comprobé que Om había conseguido colocar al menos tres vehículos incómodos entre nosotros y nuestros perseguidores. Un autobús, un tractor destartalado pero lleno de guirnaldas y banderas de colores y un carro tirado por un camello que acabábamos de adelantar. Suficiente ventaja para entrar en Deshnok. Un pueblito campesino con algún que otro templo y bastante tráfico, como todos.

    Desperté a Formi y le puse en estado de alerta para ponernos en marcha en cuanto parara Om. Nos dirigimos a una explanada que hacía las veces de plaza del pueblo y parking de un pequeño templo cercano y Om metió el coche entre otros dos vehículos prácticamente iguales al nuestro. Como había planeado, nada más parar, me bajé del coche y me puse a buscar el localizador por mi lado. Formi, a su vez, se puso a buscar por el lado contrario.

- ¡Raúl, Aquí hay una cajita! – Me la enseñó eufórico, levantándola por encima de su cabeza.
- ¡Rómpela, corre!

    De algo me tenía que servir leer tanto. Había dado en el clavo, localizador adosado al coche. Formi lanzó la cajita al suelo sin borrar la sonrisa y le pegó un pisotón terminal. Hasta ese momento había estado funcionando, así es que nos tenían localizados hasta el parking.

- ¡Esconderos en el templo Karni mata! – Om nos señaló el pequeño templo cercano. - Dentro de media hora estaré dentro de esa casa alta con mis amigos, tened cuidado - En sentido contrario, un edificio de tres plantas sobresalía de entre los demás. – Allí estaremos a salvo – Volvió a meterse en el coche y se alejó de la plaza para, al menos, evitar que nos encontraran a nosotros.

- ¡Vamos al templo, Formi!
- ¡Me llamo Formerio!

    Le agarré de la mano y nos dirigimos hacia un pequeño templo que parecía el centro de atención de la plaza parking. Justo al entrar, volví la cabeza para reconocer el terreno y vi parar el coche que nos perseguía a la altura de la cajita machacada del GPS.

    Un buen número de fieles poblaban la explanada interior del templo que tenía dos centros de atención, uno a nuestra derecha, nada más entrar, que presentaba a lo lejos un aspecto más bien oscuro, y que no permití distinguir de qué se trataba y otro de frente, que era el propio templo en sí y dónde debía estar la deidad de turno, ya que había cola de fieles para entrar a visitarlo y un devoto, vestido de naranja en la puerta del recinto, comprobando que se observaban todas las medidas de respeto impuestas por el líder de turno.

    Algo llamó mi atención en el techo del recinto. Toda la explanada estaba cubierta por una malla de apariencia metálica. En un principio se me ocurrió que, dentro del templo, habría pájaros y las mallas impedirían su huida, pero un grito desgarrador de Formi me hizo ver que estaba totalmente equivocado.

- ¡RATASSSSSS!

    Miré hacía Formi y me dí cuenta enseguida de lo que le aterrorizaba, el suelo y las paredes dónde se había apoyado estaban plagados de pequeñas ratas que vagaban tan tranquilas por entre los pies de los feligreses.

- ¡RATASSSSS!

Volví a oír el grito histérico de Formi, que ya conocía de sobra.

- ¡Por Dios, cállate! ¡Te van a oír desde Nueva Delhi!

    Me le llevé al rincón oscuro que había visto al entrar para conseguir escondernos un poco si entraban a buscarnos al templo, pero aquello fue aún peor. En aquel rincón era dónde estaba el foco de las ratas. Cientos de ellas se agolpaban en un espacio claramente habilitado para ellas, dónde la gente les daba de comer y un gran plato de leche, casi una paellera, les servía para aliviar la sed. Comprendí entonces que las mallas del techo del recinto eran para evitar que los pájaros entraran a quitarles la comida a las ratas, o incluso los depredadores pudieran entrar a atacarlas.



    Los gritos de Fomi rajaban el silencio ceremonial del templo y no me dejó más remedio que agarrarle del brazo y sacarle de allí.

- ¡Ya nos vamos, ya nos vamos, pero cállate de una vez!

    Los gritos no cesaban, de hecho creo que era solo un grito constante que no había parado desde que entramos en el templo. Ni Monserrat Caballé sería capaz de semejante proeza.

    Formi corría de puntillas, agarrado de mi brazo, para no pisar, ni de lejos, uno de aquellos animalitos, cuando dejó, por fin, el chillido prolongado y lo cambió por otro entrecortado, al ritmo de los saltitos que iba dando hacia la salida.

    El tipo vestido de naranja, que custodiaba la entrada al templo, nos lanzó uno de los zapatos que habían dejado los fieles a su custodia, para animarnos a salir de allí y la gente le aplaudió el gesto haciendo lo mismo con sus propios zapatos.

    Conseguimos salir de allí entre una lluvia de zapatos mugrientos golpeándonos la espalda, pero al menos Formi había dejado de gritar.

- ¡Me dan mucho miedo las ratas!
- No hace falta que me lo jures

    No me pareció ver a Charlie en un primer barrido visual de la plaza y no era capaz de distinguir a sus secuaces entre aquel montón de gente que nos miraba, pero si pude identificar el coche que les había traído hasta allí, así es que nos dirigimos hacia dónde nos había indicado Om.

    Una mujer con un sari verde apagado, nos estaba esperando en la puerta y nos hizo entrar directamente al interior de la casa. Nada más entrar notamos el frescor de la penumbra y lo acogedor de una casa particular, pero Formi no paraba de mirar por todos los rincones como si aquel pueblo estuviera todo infectado de ratas. En contra de lo que creía mi compañero de viaje, aquella casa parecía un lugar seguro para descansar del largo viaje y de las emociones recién vividas. Formi aún tardó un buen rato en relajarse y dejar de mirar al suelo, pero cuando llegó Om se tranquilizó del todo. El coche estaba escondido y parecía que no nos habían seguido.

5 comentarios:

  1. Querido Joseman, no me olvido de tu libro,aunque he pasado unos días algo mas complicados y con poco tiempo, sigo atentamente el contenido de tus capítulos, que siguen pareciendome maravillosos y entretendidos. Sigue dandonos este pequeño momento de ilusión con tus capítulos nuevos que son y siguen siendo parte de la esencia de Pekin Express y a ver si en la próxima edición nos conocemos participando y peleando por el objetivo que nos ha llevado a compartir contigo este blog,el de ser los nuevos pekineros, los que aún están ahí en espera y muy atentos a cualquier novedad.
    Besos y abrazos

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  2. Gracias por tus animos. Creo que no quedará mucho para el desenlace. ¡A ver que sale!

    Dime tu knick para saber quién eres.

    Besos,

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  3. Joseman, me he perdido muchos capítulos!!! a ver si me pongo al día!

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  4. Me llamo María y te sigo desde el mes de Diciembre, cuando por 1ª vez me interesé por este concurso y buscando notícias sobre el casting, al que siempre aspiré a ganar, de echo estuve en el presencial en Madrid y como tantos participantes pensé que saldríamos seleccionados, mi pareja y yo, por motivos muy obvios, pues vi en el blog de librorojo tu enlace y ya empecé a leerte por todo que nos decías y tus experiencias y opiniones, las entrevistas y tu facilidad de comunicación. En fín por todo esto que te digo y porque mola Pekin Express y la gente que escribe me hace sentirme muy comprendida por esta ilusión que tengo en participar.
    Joer como me he enrollado.

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  5. I hope you will keep updating your content constantly as you have one dedicated reader here.

    paxil

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