miércoles, 23 de marzo de 2011

Formerio se va de viaje - VEINTE

    Formi tenía mucho mejor aspecto aquella mañana. Había dormido un montón de horas y había dado buena cuenta de un estupendo desayuno, según me contó. Me alegré de verle sonreír cuando me vio entrar en la habitación.

- ¿Has encontrado a tu amiga? – Me preguntó nada más verme.
- Si, he estado con ella esta mañana.
- Se habrá puesto contenta de verte.
- Bastante contenta – No pude evitar una sonrisa picarona.
- Habréis hablado un montón ¿no?.
- No, no mucho.
- ¿No te ha dado alguna pista?
- Si, me las ha dejado escritas en una carta. Luego te lo cuento, vamos a bajar a comer que tengo mucha hambre – No tenía ninguna gana de seguir con aquel interrogatorio y el ejercicio matutino me había abierto el apetito.
- ¿Y por qué te ha escrito una carta si estaba contigo?.
- Luego te lo explico.
- ¿Y qué habéis hecho entonces si no habéis hablado? ¿Habéis tomado una copa? ¿Habéis paseado? ¿La vas a volver a ver? ¿Me la vas a presentar?, ¿te ha enseñado su casa?.
- ¡No, me ha enseñado las tetas!¡coño!. Vamos a comer y cállate ya un poco.

    Se quedó callado al instante y por lo menos conseguí que dejara de preguntarme un rato. No me quedaba más remedio que enseñarle la carta y explicarle, sin detalles, lo que había pasado esa mañana con Umay. Formi era parte de aquella aventura y tenía derecho a saber el por qué de los planes que tenía para ir a Jaisalmer.

    A parte de algún comentario respecto a la comida, Formi cumplió perfectamente la norma de seguridad que habíamos acordado días antes, de no hablar del motivo de nuestro viaje ni de movimientos futuros en ningún sitio excepto en la habitación. Ni si quiera en el coche. Om parecía de fiar y no nos había dado motivos para dudar de él, pero hablaba muy poco y escuchaba mucho. Estaba claro que había un peligro real y teníamos que evitarlo como fuera.

    Antes de volver a la habitación me acerqué a la zona de Internet del hotel para buscar información acerca de CalTech. Los resultados que me dio Google me sorprendieron. ¿Instituto tecnológico de California? ¿JPL, Laboratorio de propulsión de Jets? ¿NASA? ¿Qué tenía aquello que ver con Jaisalmer, una ciudad pequeña fronteriza con el desierto en pleno Rajastán? ¿Y conmigo y con Umay? Mejor dicho ¿Con Mario y con Umay?. No encontraba nada en aquella página referente a hospitales ni a India, sin embargo, Om me había dicho claramente que era una empresa médica y que estaba en Jaisalmer. Una vez más, tras abrir una puerta me encontraba otra cerrada.

    Subimos a la habitación y le expliqué a Formi como estaba la situación. Conseguí sortear el tema del episodio con Umay, centrando la atención de Formi en los misteriosos “problemas” médicos de Umay y Mario, y nuestra próxima visita al desierto del Rajastán. Y, aunque no hacía falta, volví a insistirle en que había gente que no nos quería allí y que debíamos andar con mucho cuidado si no queríamos que nos volvieran a seguir.

- ¿Y tú no conoces a ningún Mario?
- No que yo recuerde.
- A lo mejor tienes un hermano gemelo secreto.
- A lo mejor – Era una posibilidad que no se me había ocurrido.
- Tengo ganas de conocer el desierto, nunca he estado en uno, lo he visto en las películas y una vez un amigo mío se montó en un camello.
- Mañana a las ocho vendrá a buscarnos Om. Le he pedido que nos espere en la calle paralela a la del hotel para que no nos vea nadie salir. Tienes que tener preparada la bolsa de Montreal 76 y, por favor, dúchate que tenemos dos días de viaje en coche.

    Me hubiera encantado salir por los bazares a comprarle otra bolsa a Formi, pero entre el cariño que le tenía él a aquella mugrienta maleta y que yo quería pasar el menor tiempo posible en la calle, decidí dejarlo para mejor ocasión. No quería que nos encontráramos con Charlie otra vez.

    Formi se levantó de la cama y cogió un plátano de la cesta de frutas que nos acababan de traer.

- Parecemos agentes secretos. Solo nos faltan las pistolas.

   

Era para temblar el imaginarse a Formi con una pistola, solo verle empuñando el plátano en la habitación y disparando a su reflejo en el espejo, me haría estar atento a que no cogiera una ni por casualidad. Eso sí, me alegró que, a pesar de los golpes recibidos el día anterior, que aún debían dolerle, Formi parecía encantado con lo que estábamos viviendo.

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