domingo, 13 de marzo de 2011

Formerio se va de viaje - DIECISIETE

    Aún sin superar el momento de pánico inicial que me había producido perder a Formi, pensé que sería fácil divisarle a distancia por el color blancucho de su piel en contraste con el color oscuro predominante en aquel ambiente agobiante dónde me encontraba. Incluso los indios me parecían mucho más oscuros que los que había tratado hasta entonces. Serían de alguna etnia distinta, pensé. Con el corazón a toda máquina, giré la cabeza a uno y otro lado sin encontrar a nadie que se distinguiera de ninguna manera entre aquel bullicio. Podía divisar como la calle avanzaba a mi derecha hasta el río. No eran muchos metros, pero estaban llenos de gente. Allí no estaba. A mi izquierda, por dónde habíamos venido, solo podía ver unas decenas de metros ya que la calle se ocultaba tras describir una curva. Tampoco le veía, pero a ambos lados había puertas en las que podía haberse metido. Hacía la derecha fue mi primera opción. Me abrí paso a empujones entre todos aquellos hombres que, en general, eran mucho más bajos que yo, con lo que me daba un campo de visión amplio y me permitía ver por encima de sus cabezas. Me asomé una por una a todas las puertas que daban a la calle, pero no encontré más que ancianos decrépitos que me observaban con miradas vacias, por suerte, no había ninguna calle lateral y alcancé rápidamente el río, pero frené en seco para no meterme de lleno en la cremación que se estaba llevando a cabo justo en la orilla. Dudé unos segundos mientras mirada con angustia a los que asistían a la ceremonia funeraria. Nadie dijo nada, solo me miraban atónitos. Volví sobre mis pasos para recorrer la calle en dirección contraria. La desesperación estaba empezando a hacer mella en mí, no era fácil ir contra la corriente humana que se dirigía hacia el río, el suelo estaba resbaladizo por el fango y la suciedad indefinida que lo inundaba todo, el gentío me parecía más denso a cada minuto y el respirar aquel humo me estaba ahogando por momentos.


    Al llegar a la altura del depósito de madera, recordé que, la calle por la que habíamos venido, cruzaba un poco más abajo. De nuevo recorrí la calle en dirección contraria, por suerte me estaba orientando bien, pero no había ni rastro de mi compañero.

    Llegué con la lengua fuera hasta la placita dónde Om descansaba plácidamente.

- ¡Se ha perdido Formerio!
- ¿Quién?
- ¡Mi amigo! ¡Formi!, ¡tienes que bajar a buscarle! – Le dije señalándole hacia el río.
- No, no, imposible, no puedo entrar ahí. Prohibido. Es impuro para mí.

    No iba a entrar en discusiones religiosas en ese momento, así que le agarré de la manga de la camisa e intenté arrastrarle calle abajo.

- ¡No, no, impuro, prohibido!

    Se lanzó al suelo como un niño pequeño y se negó en redondo a bajar ni un metro más. Quería matarle. La confusión me impedía pensar con claridad y no veía más opciones válidas.

- Volvamos al coche, policía cerca del coche. Ellos si pueden entrar allí, yo no, impuro.

    Evalué en unos segundos las opciones que tenía que eran muy pocas, y decidí hacerle caso a Om. Él era indio y sabría mejor que yo lo que había que hacer. No estaba muy seguro de esto, pero no tenía más recursos, así es que me auto convencí y volvimos a recorrer aquellas angustiosas calles estrechas por las que habíamos llegado hasta allí. Esta vez las vacas no nos iban a frenar, así que confié en alcanzar el coche en pocos minutos.

    Saltamos un par de charcos antes de poder acercarnos al coche, abrimos las puertas y, casi instantáneamente, Om comenzó la marcha.

- ¡Para Om, Stop!

    En cuanto pisó el freno, abrí la puerta y salté calle abajo. A pasos cortos, ensangrentado y blancucho, como un zombie desteñido, un Formi maltrecho avanzaba hacia nosotros por mitad de la calzada.

- ¿Qué te han hecho?¿Quién ha sido?
- Ha sido Charlie, ¡gordo cabrón!, mientras otros me pegaban el no paraba de gritarme que nos fuéramos de aquí y que dejáramos en paz a Umay.

    A pesar de la sangre que le manchaba la cara no me pareció que estuviera mal herido, quizás en su orgullo más que otra cosa. Yo, sin embargo, estaba furioso con Charlie por lo que le había hecho y conmigo mismo por haberle perdido. Me sentía responsable de él, no sabía si le había adoptado o se estaba convirtiendo realmente en mi amigo. Mi único amigo. Le abracé y le acompañé al coche.

- ¿Policía? – Me preguntó Om
- No, vamos a llevar a Formi al hotel, necesita descansar. Mañana tú y yo vamos a salir a buscar respuestas.

4 comentarios:

  1. Hola JOSEMA, interesante la novela.
    José una inquietud:
    Si bajaba casi toda la ciudad a tomar sus baños al río y a rendir tributo al dios del Sol. Porque es prohibido e impuro para OM, ingresar a ese lugar? otra consulta sobre la cremación en la orilla del río, es un ritual? y pq en la orilla del río?
    Gracias que por medio de esta novela conocer las costumbres de la India.
    Un abrazo José.
    Patricia.

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  2. Muy interesantes las preguntas.

    En India hay establecido un sistema de castas que, en ciertas regiones, funciona de manera muy férrea. Por ejemplo, los que están en el agua cribando las cenizas de los muertos son párias y nadie más puede hacer ese trabajo, en ciertas zonas musulmanas no puede entrar un cristiano, o en algunos templos no pueden entrar mujeres. A menudo nos resulta dificil entender estar tradiciones y prohibiciones.

    Lo de las cremaciones a la orilla del rio se hace porque después hay que lanzar las cenizas al rio sagrado, ya sea el Ganges en Varanasi o cualquiera de los otros rios sagrados que hay allí. Varanasi es una ciudad de peregrinación dónde miles de personas viajan para morir y que viertan sus cenizas allí.

    Un abrazo,

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  3. Gracias por la información Joseman. Sigue interesante y amena.

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  4. Gracias Joséman, por resolver las inquietudes. :o) Saludos. Patricia.

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