miércoles, 16 de marzo de 2011

Formerio se va de viaje - DIECIOCHO

      Aquella mañana necesité grandes dosis de agua fría en mi cara para despejarme. La determinación que tenía de ver a Umay y una noche llena de pesadillas, en que un tipo insistía en dispararme con un rayo láser en el ojo, me tenían embotada la cabeza y necesitaba estar especialmente despejado.

    Convencí a Formi de que no saliera aquella mañana de la habitación y dejé encargado en el hotel que le subieran el desayuno y cualquier cosa que pidiera. De todas formas él no estaba muy animado y no quería salir de la cama, así es que me marché más o menos tranquilo, dejándole allí acurrucado.

    Apenas me tomé un café, estaba demasiado nervioso por el rumbo que estaba tomando la situación y, sobre todo, porque no podía entender que era lo que estábamos haciendo tan incómodo para aquella gente que quería a toda costa que nos marcháramos de India. Si supieran la poca información que teníamos y lo perdidos que estábamos, seguramente nos dejarían en paz.

    Le indiqué a Om que me llevara de nuevo a la mansión de Umay. Estaba decidido a no marcharme de allí hasta que pudiera verla. No sabía qué era lo que ella podría contarme, pero estaba claro que yo estaba allí por que la conocía y ella debería saber qué me ligaba a mí con aquel país.

    Extrañamente, el tráfico estaba fluido esa mañana, así es que llegamos en pocos minutos a la vigilada puerta. Me bajé del coche y me acerqué al guardia, que era el mismo del día anterior.

- Quiero ver a Miss Umay, dígale que Raúl Conde está aquí

Realmente estaba temblando cuando le dije esas palabras al guardia. De alguna extraña manera, sentía que estaba a punto de suceder a algo importante. Se me hicieron interminables el par de minutos que tardó el guardia en volver a salir de su garita.

- Miss Umay no puede recibirle, si no tiene cita. No sabe quién es usted.

    No me moví de mi sitio mientras reflexionaba sobre aquello. Estaba seguro de que la conocía. No de la televisión, ni del cine, yo no veía películas y mucho menos películas de Bollywood, pero la conocía y ella debía conocerme a mí.

    Tenía que entrar allí como fuera. Una idea peregrina vino a mi cabeza desesperadamente.

- Dígale que está aquí Mario. – le dije, acordándome del sueño erótico que tuve con ella.

    El guardia volvió a meterse en la cabina. Otro guardia, mientras tanto, sujetaba un gran pastor alemán unos metros más atrás.

    El chasquido del automatismo de la puerta al abrirse hizo saltar los latidos de mi corazón. La gran verja se abrió hacia ambos lados y dejó paso libre a nuestro coche. El pastor alemán hizo ademán de levantarse, pero el guardia le agarró con fuerza y le dio una orden enérgica que le hizo sentarse de nuevo. Om avanzó unos metros y paró de nuevo para que me volviera a sentar en mi asiento y recorrer en coche los metros que nos separaban de la entrada de la mansión. Podía oír mi corazón como si estuviera bombeando en mis propias orejas. Paró el coche al pié de una escalinata flanqueada por varios mayordomos impecablemente vestidos, que me recibieron con un ademán que indicaba claramente que me estaban invitando a entrar.


    Era como ir a visitar a una reina, entré temblando de pies a cabeza en un enorme recibidor, adornado con todo lujo de detalles dorados. Aquello, sin duda, era un palacio y aquella mujer debía ser insultantemente rica.

    En lo alto de una espléndida escalinata interior, una bellísima y resplandeciente Umay, esperaba en pie con pose de estrella de cine, envuelta en un sari rojo plagado de puntos brillantes. Estaba impresionante. Mantuvo unos segundos esa pose hasta que comenzó a bajar las escaleras sin dejar de mirarme.

– ¡Mario! Pensé que no volvería a verte - Yo estaba petrificado viéndola bajar y no me dí cuenta de que me hablaba en perfecto español.

    Al llegar al final de la escalinata, se recogió delicadamente con su mano derecha la parte inferior del sari y aceleró sus pasos hasta que llegó a mí. Me abrazó y me besó de tal forma que hizo que se me nublara la vista. Estaba claro que me conocía ella también.

- ¿Qué haces aquí? Dios mío, pensé que no volvería a verte – Me repitió una vez más y volvió a besarme.

    Intenté decir algo, pero delicadamente me puso un dedo en la boca para que me callara.

- No digas nada. Acompáñame.

    No es que no dijera nada porque ella me lo había pedido, es que realmente estaba sin habla. Me agarró de la mano y me llevó escaleras arriba. Sentía el calor de su mano de seda y oía mi corazón al compás de nuestros pasos solitarios retumbando en los enormes pasillos que íbamos recorriendo.

    Entramos en lo que sin duda era su habitación. Me acercó hasta la cama y me volvió a besar lentamente mientras me desabrochaba la camisa. Comencé seriamente a dudar si no estaría soñando cuando ella se separó un momento de mí y, con un leve movimiento en un pliegue del sari, lo dejó caer recorriendo todas sus curvas y se mostró desnuda ante mí. Se arrodilló para quitarme los pantalones y así, arrodillada, siguió besándome mientras yo sentí como un escalofrío me recorría el cuerpo desde mi sexo hasta la nuca. Me dejé caer en la cama y ella se tumbó encima de mí. Me llevó al orgasmo atrapando mi pene entre el calor de sus pechos. Luego se acercó hasta mi oído y me dijo suavemente:

- Házmelo como tú sabes

 
Se tumbó boca arriba y llevó mi cabeza suavemente hacia abajo. Pude oler todo su cuerpo, olía a jazmín, a piel, a deseo. Los pechos, el delicado ombligo y la delicada pelusa de su sexo. Lo olí por un instante antes de sacar mi lengua y recorrerlo con placer. Arriba y abajo hasta encontrar la perla. Separé sus labios y comencé la rítmica maniobra que le hizo gemir de placer. Un gemido gutural. Con dos dedos la acaricié también por dentro y aumenté poco a poco la presión sin variar el ritmo. Arqueó todo su cuerpo y dio un grito prolongado antes de caer rendida y extasiada. El sonido entrecortado de nuestra respiración nos envolvió mientras sentíamos nuestros cuerpos entrelazados. Nos olvidamos del mundo y nos dejamos llevar hasta el sueño.

7 comentarios:

  1. A ver, rompo el hielo con los comentarios que estáis muy callados/as :-)
    Joseman...después de este capítulo vas a tener que hacer un resumen del resto de la novela, que seguro que a más de uno se le ha olvidado de qué va,jajaja.

    Más intriga: de qué conoce Umay a Raúl/Mario?? Qué nexo tiene Umay en la historia?? Llegará Formi a recibir alguna alegría y no tantos golpes, pobre hombre?? Convenceremos a Joseman de que publique,al menos, cada dos días??...

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  2. Ni resumen ni nada, el que se pierda que la compre luego toda enterita y se la lea, jajaja

    ¿¿¿Cada dos días??? No me aprietes tanto, que eres peor que mi editor. Aún no tengo ni una línea del próximo capítulo. Agggg!!!

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  3. Ya lo imaginaba...pero por intentarlo...

    Pues ya sabes...Oooommm y a escribir !!

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  4. Formerio apareció magullado y Carlos o Mario, se encontró con Umay, pero cómo se han acostado ya??? Sin conversación ni nada, trepidante y muy excitante...Nos has dejado con las ganas, ja,ja. Me parece que me compraré tu novela ah! y la anterior...

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  5. Felicitaciones Josema, :0) Bingo... fui la visitante 100000. ommmmmmmmmmm que capitulo...jejejeje.
    Saludos,
    Patricia

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  6. Falto la frase "Mi corazón me decia que eras tú"

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  7. Uhhhhh!!!! La visitante 100.000 !!!! Tengo que poner un post sobre esto para daros las gracias a todos vosotros.

    Y la frase está bien, pero no es el momento, ya lo veréis, no seais impacientes.

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