domingo, 20 de marzo de 2011

Formerio se va de viaje - DIECINUEVE


    Llevaba horas sin decir una palabra, sin preguntas ni respuestas, cuando los rayos de sol que entraban por la ventana de la habitación de Umay, me señalaron justo en los ojos y me obligaron a despertarme. La busqué a mi lado, pero no estaba allí, recorrí la enorme habitación con la mirada, admirando todos los detalles de las mil y una noches, pero no la encontré. Estaba desnudo y exhausto tumbado boca abajo en la cama de aquella princesa y al intentar incorporarme tropecé con un sobre que estaba a mi lado entre las sábanas. Un sobre perfumado que rezaba un escrito con delicada caligrafía “Querido Mario”. Aunque no conocía a ningún Mario, deduje que era para mí, porque Umay repetía ese nombre una y mil veces mientras hacíamos el amor.

“Lamento haberme marchado sin despertarte, amor.

Ha sido maravilloso volver a estar contigo, y me hubiera gustado no separarme nunca más de ti. Necesitaba contarte miles de cosas y seguir besándote toda mi vida. Lo dejaría todo por ti, pero sabes que es peligroso que nos vean juntos y no soportaría que te hicieran daño. No sé qué has venido a hacer aquí, pero esto ya lo hablamos durante nuestra estancia en CalTech y el asunto no ha variado desde entonces. Yo sé que estoy vigilada y he seguido recibiendo advertencias desde que nos separaron

Te habrás dado cuenta de que mi problema ha vuelto. Es más leve y más controlable que antes, pero ha sido verte y volver a sentir el fuego en mi interior, me siento culpable. Al menos tú has vuelto a acordarte de mí y eso es bueno, solo espero que tu otro problema no haya vuelto también.

Te querré siempre, pero no intentes buscarme otra vez, tú sabes que lo mejor para los dos es que no volvamos a vernos.

Tuya siempre, Umay,”

    Perplejo. Así me quedé durante varios minutos mientras releía la carta una y otra vez, intentando encontrarle sentido a alguna frase. Aún con la mente puesta en aquella sesión maravillosa de sexo inesperado, me resultaba bastante difícil concentrarme para saber qué es lo que tenía que hacer a continuación. Estaba claro que ella me conocía o conocía a Mario que debía ser mi hermano gemelo. Ya sabía la razón por la que nos estaban siguiendo y por la que habían pegado a Formi. No querían que viéramos a Umay. Tenía varias pistas que eran, para mí, totalmente desconocidas, pero era un avance. CalTech esa era la próxima pista a seguir. Ya me ocuparía después de volver a encontrarme con aquella princesa de cuento de la que me había enamorado totalmente. No sabía a dónde me llevaría todo aquello, pero ya tenía con qué soñar durante mis próximos cuarenta años. Aquel olor que aún tenía en mi cara y mis manos, se grabó a fuego en mi mente.

    Me vestí y recorrí aquella mansión, ahora desierta, como caminando por un sueño. Bajé aquellas escaleras que había visto bajar a Umay y sentí su presencia una vez más antes de cruzar la puerta de entrada de vuelta hacía el coche.

    Me subí en la parte trasera sin decir más que una palabra: “Hotel”.

    Creo que Om me preguntó varias cosas, pero yo estaba ensimismado recordando aquella experiencia y pensando en la carta a la vez. Me mantuve así durante varios kilómetros hasta que conseguí acertar a preguntarle a Om.

- Om ¿Tú sabes lo que es CalTech?
- Si

    Había olvidado que a Om había que formularle las preguntas correctamente si querías que te contestara lo que querías saber.

- ¿Y qué es?
- Una empresa médica
- ¿Y sabes dónde está?
- Si – Otra vez pregunta errónea.
- ¿Dónde?
- Jaisalmer. Tú sabes.
- ¿Está cerca de Varanasi?
- No cerca, dos días en coche, más o menos.
- ¿Puedes llevarnos allí?
- Si, Om puede, podemos salir mañana si tú quieres.
- Mañana, de acuerdo, ahora vamos al hotel.

    El cruzar la ciudad de Varanasi, con toda aquella pobreza, suciedad y decrepitud, era un choque muy intenso cuando acababas de salir de una experiencia como la mía, así es que decidí no mirar por las ventanillas y volver a releer la carta de Umay. Esta vez me quedé pensando en los “problemas” de los que hablaba Umay que teníamos ella y yo. Podía intuir que su “problema” podría referirse a la adicción al sexo o algo similar, pero no daba ninguna pista de cual podría ser el problema de Mario, ese que ella esperaba que no hubiera vuelto.

    ¿Estarían relacionados esos “problemas” con CalTech? ¿Por qué no podíamos estar juntos? ¿Por qué era tan peligroso? Las preguntas y las ideas se me agolpaban unas con otras. Volví a recordar aquellos sueños de días atrás en que Umay y yo vestíamos ropas de hospital. No estaba seguro de creer en las coincidencias, pero lo que era seguro es que yo no podía tener los recuerdos de Mario.

    Lejos de aclarar las cosas, me estaba encontrando cada vez más perdido.

1 comentario:

  1. Raúl cada vez más perdido y yo cada vez más intrigada

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