domingo, 6 de febrero de 2011

Formerio se va de viaje - SIETE

    El salón comedor presentaba un aspectoexcelente a la hora del desayuno. Un par de grandes mesas largas con decenas de bollitos, fiambres, quesos y frutas, flanqueaban ambos lados de la estancia y los huéspedes del hotel las recorrían de norte a sur buscando rellenar sus platos con una cantidad indecente de comida. Cuando volví a mi mesa, con un par de croissants y un zumo tropical, observé como un camarero muy solícito se empeñaba en servirle a Farmanio el chocolate caliente e incluso a removérselo en la taza. Me costó bastante hacerle entender al camarero que Formulio no quería pegarle y a Formulio que el camarero no se iba a beber su chocolate, pero una vez superado el primer shock del día, pudimos disfrutar de un desayuno estupendo.

    Aquella mañana tenía un objetivo claro, iba a llamar a aquel número de teléfono como primer paso. Me daba algo de miedo hacerlo, más que nada porque tenía la sospecha de que me contestaría alguien de la Carnicería Sandoz o algo por el estilo, o quizás no fuera ni siquiera un número de teléfono y ahí se acabarían todas mis pistas. Sinceramente, si aquello no me llevaba a algún sitio, me estaba temiendo que aquel viaje no iba a pasar de ser un viaje turístico sin planificar y, con la compañía que me había agenciado, no pintaba muy bien la cosa.

    Levanté el auricular y marqué el número, cuatro, uno, cero,… me dí cuenta de que estaba temblando. Tuuuuuuuu, tuuuuuuuu, tuuuuuuu, tres veces sonó el tono de llamada antes de que una voz de hombre, ligeramente aflautada, me contestara.

    - Hello?

    Me quedé un breve instante en silencio antes de preguntar.

    - ¿Om Prakash?
    - Si, soy yo – Me contestó en un inglés con un fuerte acento indio. - ¿Quién llama?

    La verdad es que no había previsto tamaño acierto y no tenía pensado nada que decir, así es que me tocó improvisar.

    - Me llamo Raúl Conde, estoy en Delhi por turismo, soy español y quería que nos viéramos.
    - Om no puede hoy. Mañana poder ver a ti. ¿En qué hotel estamos?.
    - Hans Plaza.
    - ¿12 en la mañana?
    - OK.

    El tal Om colgó el teléfono, pero yo aún me quedé unos instantes con el auricular en la oreja. ¿Quién coño sería aquel tipo?.

    - ¿Has hablado con tu amigo? – Me preguntó Formi (pensé que esta abreviatura sí que sería capaz de recordarla).
    - Si, he quedado con él para mañana.
    - ¡Estupendo! Le podemos decir que nos enseñe algún monumento. El “Tajoral” o alguno otro monumento- Me contuve de preguntarle qué coño era el “Tajoral”, pero seguro que llegaría a saberlo algún día.

    Como lo que había que hacer aquel día ya estaba hecho, decidimos (decidí) que iríamos a ver un poco la ciudad. Así es que nos aventuramos a salir a la calle y coger uno de los taxis que esperaban en la puerta del hotel. Nada más cerrar la puerta, me dí cuenta de que no teníamos un destino fijo, así es que, mientras el taxista esperaba que le dijéramos algo, hice una panorámica de lo que podía ver por las ventanillas del coche y, allí a lo lejos, pude distinguir una edificación muy curiosa, una especie de flor blanca semiabierta y gigantesca. No dudé un instante en señalarle a nuestro chofer la citada flor. Este enseguida me confirmó que me había entendido:
    - Lotus Temple!

    Un nombre muy apropiado, sin duda.


    Se trataba de una edificación de unos cuarenta metros de altura y era el principal templo de la fe Bahai. Como saltaba a la vista, se trataba de un templo bastante moderno y los folletos que nos entregaron los fieles a la entrada me lo confirmaron. 1986. “Considerado como la madre de todos los templos” rezaba otro de los folletos. Me pareció que debía ser un lugar más que interesante y la religión que la sustentaba aún más, tienen una visión de la humanidad como una familia global y consideran la tierra como la casa de todos. En este templo se leían escrituras de todas las religiones del mundo. Una gente muy conciliadora pero que no estaban preparados para alguien como Formi, o él no estaba preparado para algo tan diferente. Fue una pena que ni siquiera llegáramos a entrar en los jardines que rodeaban el templo, pero Formi se negó en redondo a quitarse los zapatos y dejarlos en una zona vigilada, habilitada para ello. La verdad es que aún sus zapatos, que hacían juego con su pegajosa bolsa de viaje, eran un lujo al lado de los que había allí guardados, que pertenecían a los visitantes locales. Pero aún así, era totalmente obligatorio recorrer el templo y sus alrededores descalzos. Nos quedamos sentados en un banco de la entrada mirando hacia la gigantesca flor de loto.

    - Aquí te tienes que descalzar en muchos sitios. O te acostumbras o no podremos visitar ningún templo.
    - No es por los zapatos.
    - ¿Entonces?
    - Son los calcetines, que los tengo llenos de agujeros. – No pude evitar la carcajada.
    - Esta misma tarde te compro unos, no me voy a perder todo lo que hay que ver aquí porque tú tengas tomates en los calcetines.
    - No tengo tomates, tengo agujeros.
    - Se llaman así también. – Me dio la impresión de que se estaba enfadando o que estaba incómodo.
    - Yo no tengo tomates.

    No volvió a hablar en un buen rato, lo que me dio tiempo para pensar un poco en Om. ¿Quién sería aquel tipo?¿Por qué tenía que hablar con él?¿Qué relación tenía conmigo?¿A qué venía la carta en mi casa?. Demasiadas preguntas sin respuesta que me había dispuesto a contestar. No pude evitar sonreír mientras me reía de mí mismo por creerme Tintín o Hércules Poirot.

    Como no había manera de que Formi se descalzara de momento, decidí que fuéramos directamente a una de las cientos de tiendas de ropa, y de todo lo demás, que había por las calles aledañas. Elegí una cualquiera, ya que me dio la impresión de que en todas las que vendían ropa, tenían exactamente lo mismo. Daba igual que quisieras camisetas, camisas, pijamas, saris o calcetines, allí lo tenían y si no lo tenían se iban a la tienda cercana de algún pariente que sí que lo vendía.

     Me costó un poco hacerme entender ya que no conseguía recordar bien si calcetines se decía cocks o socks. Por el descojono del tendero, me dí cuenta de que era la segunda opción y, hasta que no consulté en Internet a la vuelta al hotel, no me di cuenta de que le había pedido a aquel hombre tres pares de pollas.

    Como las tiendas, digamos informales, están abiertas prácticamente todo el día, los dueños suelen hacer allí buena parte de su vida, así es que se rodean de aparatos domésticos, una nevera, una tetera o una televisión. En la tienda dónde Formi estaba eligiendo los calcetines tenían encendida la televisión en un canal de esos de vídeos musicales. Siendo como son, tan peculiares y tan diferentes los videos musicales indios, me quedé un rato mirándolos medio divertido, medio sorprendido, cuando uno de los videos llamó poderosamente mi atención. Una chica bailaba una música con mucho ritmo y muy india, todo muy colorido y muy bonito, pero lo que me dejó fascinado fue la chica. Hubiera jurado que era la misma chica del anuncio del té en Madrid. De hecho “era” la chica de aquel anuncio. De pronto tuve una certeza. No era el Taj Mahal lo que me había llamado la atención en aquel anuncio, era la chica. ¡Yo conocía a esa mujer!. ¿Cómo es posible que yo conociera a una actriz india?. Un ligero mareo me obligó a sentarme encima de un bloque de pantalones y un nombre me vino a la cabeza de repente: ¡UMAY!.

    Terminó el video y allí estaba su nombre Umay Fadilah. ¡Sorprendente!. ¿Aquello era una casualidad cósmica o qué estaba pasando?. Acababa de encontrar mi siguiente pista comprando calcetines en una tienda de barrio. Necesitaba comer algo para poder pensar con claridad.

    Como se nos había hecho un poco tarde para volver al templo, nos fuimos a comer. Esta vez si que tuve cuidado con lo que le pedí a Formi. No quería repetir el espectáculo del vómito del primer día, así es que pollo tikka con arroz basmati blanco era una apuesta segura. Él no lo sabía, pero ese iba a ser su menú durante todo el tiempo que estuviéramos allí. Y esta vez si, Formi comió y se lo quedó todo dentro.  Yo también comí, como un autómata, pensando en aquella actriz que, al parecer, conocía de alguna forma.

6 comentarios:

  1. supercali:
    jaja Raúl parece el padre de Formi.
    Por cierto, la curiosidad de saber si umay fadilah era alguna actriz famosa, me hizo buscarla con el google y la encontré en twiter xD. Pero es otra, ésta vive en Yakarta jeje.
    Hasta el siguiente capítulo :)

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  2. Jooo!!!Ya te vale que aún no sabemos nada sobe la carta, qué intriga...

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  3. Ay qué intriga !!!!! Sabes?? me da envidia...me gustaría que en mi buzón apareciera una carta así que me empujara a una aventura como la de Raúl. De Formerio me da menos envidia, jajaja.
    Quién será Umay??? uhmmm....cada vez está más interesante la novela.

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  4. Muy bien supercali, investigando paralelamente a Raúl, lo mismo nos ayudas tú a encontrar alguna pista.

    Belén, cualquier excusa es buena para irse de viaje, y si es a India mejor.

    Besos,

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  5. que conste que yo se como va a terminar esta historia... pero como no quiero spoliar, palabra que aprendio Joseman el otro dia, jejeje, no lo dire, pero a mi me huele que al final se me escapara que el asesino es el mayordomo... jejejje

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  6. ¡Quizás me puedas dar una pista! Yo, a dia de hoy, no sé como va a acabar... ;-D

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