miércoles, 2 de febrero de 2011

Formerio se va de viaje - SEIS

    Efectivamente, los hoteles en India tenían

nivel. A pesar de sus cuatro estrellas, el Hans Plaza superaba con creces todas mis expectativas. Con un hall impresionante y unos empleados impecablemente vestidos, sentía que estaba entrando en un palacio o en un hotel de super lujo. Tanto, que me sentí violento al entrar allí con Fortunio y su bolsa glaseada. Ya sea por la amabilidad innata o bien porque un cliente es un cliente, el personal nos trató de manera exquisita. Un botones nos llevó a la habitación que, a pesar de que todos mis sentidos me decían que no lo hiciera, me sentí obligado a compartir con mi compañero de viaje. Me dí varias excusas a mí mismo para haber cometido tal acto de generosidad o de estupidez, como que así me saldría más barato, o que así no me sentiría tan solo, pero en el fondo pensaba que, a la menor oportunidad, le daría esquinazo a Fortunio. Eso si, el ir con un personaje así tenía sus ventajas. Cuando el mozo nos subió las maletas y se quedó unos instantes esperando la propina, Formario le estrechó la mano muy sonriente, mientras le decía – ¡Encantado de conocerle! –, ante el estupor del indio que reflejaba claramente en su cara lo que estaba pensando – Este tío es idiota–.

    Dedicamos el resto de la tarde a familiarizarnos con el hotel. Para mí era algo novedoso por su lujo y su decoración cuidada hasta el mínimo detalle, pero para Farmacio era como si hubiera aterrizado en otro planeta. Yo no solía alojarme en hoteles, pero estaba claro que Farmacio no lo había hecho nunca. Pasó más de una hora dentro del baño probando todos los botones, grifos y llaves de la luz que encontró y oliendo los jabones y geles como si se los fuera a comer. Estaba realmente fascinado, hasta tal punto, que me dí prisa en colocar mi ropa en el armario para verle disfrutar. Era como un chimpancé con un bote de pintura y un lienzo en blanco.

    Al cabo de un par de horas, y cuando ya mi compañero había tocado una y mil veces todo lo que había que tocar en la habitación, nos decidimos a explorar el resto del hotel y a buscar el restaurante para cenar algo, a ser posible que no estuviera metido en una cajita.

    Por supuesto, ninguno de los dos sabíamos nada de comida india, así que, una vez sentados, decidí simplificar la elección al máximo. Pollo o cordero. Por suerte, la carta estaba en inglés y me resultó fácil encontrar los platos que llevaban “Chicken” y el “Kebab”. El resto era fácil:

    - Formulio, ¿qué prefieres tandori o tikka masala?
    - No sé, pero me llamo Formerio.
    - Si, perdona. Yo tampoco sé lo que es, tiene pollo o cordero y podemos elegir la forma de cocinarlo. Tandori o tikka masala.
    - Pollo.
    - ¿Tandori?
    - ¿Quién es Dori?¿Es una amiga tuya?
    - Chiken tandori y Chiken tikka masala – Le dije al camarero que acababa de llegar.
    - ¿Vive aquí Dori?
    - ¡No!, vive en Cuenca, ¡joder!
    - Son muy bonitas las casas colganderas.
    - Si, se lo diré de tu parte. ¡Cómete el pan!

    Quizás se callaría un rato si tenía la boca llena. Le acerqué la salsa roja para que mojara un poco el pan mientras traían la comida. Esto provocó que tardáramos un rato más en empezar a comer, ya que tuvieron que cambiar el mantel y los cubiertos, después de que Formacio vomitara copiosamente encima de la mesa tras probar el primer trozo de pan con salsa de chile, asombrosamente picante. Evidentemente, no conseguí disfrutar de aquella primera comida india, porque no pude quitarme de la nariz el olor al vómito de mi compañero de mesa. Quizás lo único que consiguió paliarlo un poco fue una mezcla de azúcar sin refinar y especias que, al parecer, mastican los indios a modo de dentífrico para limpiarse los dientes después de las comidas. Mantuve aquella pasta en la boca hasta que el recuerdo de mi amigo desapareció por completo, y como no sabía que hacer con el producto resultante, decidí convertirlo en bolo alimenticio y enviarlo esófago abajo.

    Decidimos volver a la habitación para ducharnos y acostarnos directamente. El día había sido muy largo y necesitábamos descansar para afrontar el día siguiente con garantías de lucidez. Por supuesto, esta última frase se refiere a mí mismo en exclusiva, porque no tenía yo garantías de que el raciocinio de Formolio fuera a mejorar por muchas horas que durmiéramos.

    Por fin conseguí meterme en la cama después de una generosa ducha y de levantar a Formerilo del suelo de la misma varias veces. Aún hoy no me explico como no se rompió varias veces la cabeza en aquel baño. El caso es que dejé la mente en blanco y me quedé mirando al techo unos instantes.

    - ¿Estás pensando en tu amigo?
    - ¿Qué amigo? – Le contesté en las mismas puertas del palacio de Morfeo.
    - Ese que no conoces y que has venido a buscar.

    Me acordé en ese momento de la carta que me había llevado hasta allí.

    - No, no estaba pensando en él – Le contesté sin ganas.
    - ¿Ya no quieres buscarle?
    - Si, si, pero hoy no, mañana. Hoy estoy cansado por el viaje.
    - ¿Le vas a llamar por teléfono? Yo lo haría.

    Fui consciente en ese momento de que ese era, sin duda alguna, el único siguiente paso posible. Mañana llamaría al número de teléfono que tenía y preguntaría por Om Como-se-llame. Por un momento, me pareció que Formelio podía tener, desde su limitación, razonamientos que por simples, podían resultar geniales.

    - Seguro que es lo mejor, le llamas y quedamos y así le conoces y me lo presentas y que nos enseñe la ciudad y nos cuente cosas. Yo una vez llamé a un amigo, pero no estaba porque se había ido a Cercedilla a andar por la “Calzada murciana” que es un sitio muy bonito, como un camino pero de piedra…

    Me dejé arrullar con el parlamento de Formetio y me quedé profundamente dormido. Aquella noche ni siquiera soñé.

5 comentarios:

  1. me encanta el sentido de humor con el que describes algunas situaciones, sigue asi.
    por cierto gracias por los videos de Javi y Manolo y Marta, son auténticos de lo mejor que ha pasado por PE, vivo en la zona de Manolo asi que convence al Profe y nos tomamos las cañas que me debes en un estupendo chiringuito.
    Un saludo.
    T.

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  2. Téngolo previsto. Como dicen por ahí. Este verano iré en la primera quincena de Julio, seguro y si puedo algún finde antes.

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  3. Pero bueno, qué sorpresa!! No esperaba encontrarme con Formerio hasta esta noche (suena rara la frase, lo sé).
    Así como en el capítulo anterior conseguiste que le cogiera cariño, hoy me ha puesto de los nervios, jajaja.
    Felicidades, JOSEMAN, no sólo engancha si no que haces que nos metamos en la historia casi como si fuera propia...a pesar de Formerio

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  4. Yo creo que Formelio, perdón Formerio, también podría tener otra carta. pero no quiero influirte en la historia que va muy bien.

    Esta vez has escrito menos,,,

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  5. Ni yo mismo sé por dónde va a salir este tío.

    ;-D

    Me alegro de que te guste.

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