miércoles, 9 de febrero de 2011

Formerio se va de viaje - OCHO

    Om no era lo que se dice un tío grande, apenas un metro y sesenta centímetros sumando los tacones de sus zapatos, pero tenía una sonrisa tan estupendamente blanca, que hacía pensar que te iba a decir que uno de cada diez dentistas recomienda viajar por India en taxi, o algo por el estilo. Moreno de pelo y tez, buenos modales y un extraño acento anglo-indio que me costaba horrores comprender. Como pudimos comprobar aquel día, y confirmar más tarde, era especialmente puntual. Bajamos a las once y media, aunque habíamos quedado a las doce, pero allí estaba, con su impecable camisa blanca, esperándonos mientras limpiaba su vehículo que estaba gratamente nuevo y limpio.

    Fue él el que se acercó a mí a saludarme:

    - Hola Raúl – Me saludó con una familiaridad que me sorprendió.
    - Om supongo. Este es Farmario – Le dije presentándole a mi compañero adoptado.
    - ¡Formerio! – Replicó dándole un fuerte apretón de manos a Om, que, con una mueca, me confirmó que, efectivamente, había sido un apretón fuerte.

    Realmente no estaba muy seguro de cual tenía que ser mi próximo paso, pero pronto me dí cuenta de que, por lo menos de momento, siguiendo los impulsos de mi corazón, avanzaba aparentemente hacia algún sitio. Le pedí a Om que nos diera una vuelta por Delhi para enseñarnos un poco la ciudad. Eligió llevarnos primero a la casa de Gandhi. Mientras saboreábamos el tráfico de la ciudad, aproveché para hacerle algunas preguntas a nuestro conductor.

    - ¿Tú me conoces, Om? – Le solté de repente.
    - Si, se llama Raúl Conde – me contestó sin dejar de sonreír.
   - Sois amigos ¿no?, yo una vez hice el amigo invisible, cuando trabajaba en Carrefour y me regalaron un mechero, pero yo no fumo porque es malo para la salud de los pulmones…

    No contaba yo con el efecto Formi, pero me dí cuenta enseguida que me iba a ser difícil mantener una conversación coherente entre el inglés de Om y las parrafadas de Formi.

    - ¿Si, pero me has visto antes? – Yo seguía intentándolo.
    - A las doce hemos quedado – Difícil iba a ser aquello, si señor.
    - No os entiendo muy bien, pero creo que ha dicho un número tu elbe que me parece que es quince, pero no creo que tenga quince años. A mí me parece mayor, por lo menos tiene veinte. Yo tenía una novia que tenía veinticuatro…
    - ¿Conoces a Umay Fadilah? – Se me ocurrió dar un golpe de volante en mi estrategia.
    - Es una artista Bollywood, pero no conozco.
    - ¿No sabrás dónde vive?¿En qué ciudad, o algo?
    - …y tenía un caballo pequeño que se llamaba poni que también me gustaba mucho, pero no era suyo, era de su padre Francisco que era maquinista… - El tio seguía a lo suyo.
    - Vive en Varanasi, ciudad sagrada, muy rica artista, cantante también, muy espiritual.– Otra pista, por fin.
    - ¿Está muy lejos Varanasi?¿Nos puedes llevar tú en coche?
    - Om puede. Mañana podemos.
    - …mi hermano no podía hacerlo, así que llamé a la vecina Belinda que nos ayudó a los dos…-

    Pensé que seguramente habría muchas gasolineras en el camino hasta Agra y allí podríamos abandonar al jodido charlatán incansable. Si no le daba una hostia antes.

    - ¿Queréis visitar Agra primero?

    Me pareció una buena idea la de Om, en Agra estaba el Taj Mahal y no podíamos irnos de India sin haberlo visto, por mucho misterio que tuviera aquella carta.

    Como pudo, Om nos sirvió de guía también. Nos mostró la casa de Gandhi, dónde le asesinaron y dónde se custodian sus cenizas. Estaba claro que sentían admiración por él y por su obra. No era para menos. Por supuesto, Formi, no entendía lo que decía Om. Yo intentaba traducirle lo que conseguía comprender, y Formi entendía la mitad de lo que yo le decía, con lo que la información que sacaba de la visita era más bien poca. Eso sí, se le veía disfrutar mucho, tenía la mirada y la capacidad de admiración de un niño pequeño. Especialmente le vi sorprendido
cuando visitamos el lugar dónde se guardan las cenizas. Tanto por la belleza del lugar en sí, como por un enorme árbol que había dentro del recinto, cuyo tronco no podrían abarcar cinco hombres cogidos de la mano.

     - ¿Por qué mataron a este señor si era tan bueno?

    A menudo las preguntas de Formi se quedaban sin respuesta, bien porque eran difíciles de contestar, bien porque eran difíciles de entender. La otra modalidad de preguntas eran las, directamente, infantiles. Como cuando me preguntó si todos los indios estaban heridos en la cabeza y por eso la llevaban vendada.

    Conseguimos también visitar un templo Sij, una vez que ya había entendido lo de que había que descalzarse. Incluso visitamos la gran mezquita de Delhi. Esta visita fue especialmente tranquila para mí, ya que dejé a Formi buscando la lentilla que debía haber perdido alguien. A ver sino qué hacía toda esa gente agachada mirando al suelo.

    Después de comer le pedí a Om que se retirara para que pudiera preparar el viaje del día siguiente. Nosotros dos, como no teníamos mucho que preparar, nos decidimos a dar una vuelta nocturna por los alrededores del hotel.

    La verdad es que, aunque no estaba muy iluminada la calle, había bastante bullicio y aún había muchas tiendas y puestos callejeros abiertos, lo que, unido a una temperatura muy agradable, hacía presagiar un estupendo paseo nocturno.

    Un tipo con bigotazo se nos acercó muy solícito a preguntarnos si necesitábamos algo, si estábamos buscando algo. En seguida se dio cuenta de que éramos españoles e intentó practicar un poco con nosotros. No sé si es por la sonrisa tan blanca que tienen los indios, en contraste con su piel, pero el caso es que acaban convenciéndote de cualquier cosa, así es que le seguimos por un callejón nada acogedor hacia, según nos dijo, su oficina.

    Abrió una pringosa puerta y nos hizo pasar a lo que, sin duda, era un tugurio. Una estancia cuya utilidad no era fácil de adivinar, por lo extraño y sucio que era todo el mobiliario, y en cuyo interior había otros tres tipos sentados a una mesa, haciendo seguramente algo igual de extraño y sucio que sus muebles.

    Giraron inmediatamente la cabeza hacia nosotros en cuanto entramos por la puerta y se quedaron callados. El tipo que nos había llevado hasta allí, les dijo algo que les hizo levantarse al unísono, mientras una sonrisa se dibujó en la cara de alguno de ellos.

    - ¡Dame vuestro dinero y el pasaporte! –

   Lo dijo en un español claro, pero con un fuerte acento. Efectivamente, aquello tenía mala pinta. Por suerte habíamos dejado el pasaporte en el hotel, pero yo llevaba una buena cantidad de dólares en el bolsillo.

    Uno de los bigotudos se puso detrás de Formi y le intentó agarrar los brazos por la espalda.

    - ¿Qué pasa Raúl?
    - ¡Nos quieren quitar el dinero!

    Formi se zafó con aparente facilidad del bigotudo y, con un ágil giro de cintura, le soltó una soberana hostia en toda la cara. El tipo cayó al suelo como un saco de patatas y los otros dos se abalanzaron rápidamente sobre Formi. El que nos había engañado, me derribó con facilidad y se echó encima de mi espalda, mientras metía sus manos en mis bolsillos buscando el dinero.

    Vi como, mientras yo estaba indefenso boca abajo en el suelo, Formi repartía y recibía puñetazos a partes iguales.  A pesar de que eran dos contra uno, la agilidad de Formi le hacía esquivar muchos golpes y coger ventaja a la hora de repartir los suyos.  Un fuerte golpe en el estómago le hizo agacharse, pero aprovechó la postura para lanzar una contundente patada trasera contra el bigotes que se acercaba por detrás.

     Lo primero que encontró el tipo que estaba sentado en mi espalda, fue el sobre famoso. Por suerte, yo tenía el fajo de dólares en el bolsillo delantero del pantalón, lo que, además de ofrecer una falsa sensación de enorme paquete sexual, me ofrecía la ligera ventaja de tenerlo aprisionado contra el suelo, lo que haría más difícil su extracción por el caco.


     Como no había buena luz en el tugurio, el tipo levantó el sobre hacia la luz, supongo que para ver si tenía algún valor y podía quedárselo. Se quedó un momento quieto y le gritó algo a sus compañeros. Yo no podía ver su cara, porque estaba a mi espalda, pero si alcance a ver a uno de los que se pegaban con Formi. Desde luego aquello era cara de sorpresa, y sorpresa desagradable, porque salieron por patas dejándonos allí tirados. Yo, desde luego, bastante mejor parado que Formi, que tenía un buen golpe en una mejilla y, por dónde tenía puesta su mano, también en las costillas. Me acerqué rápidamente a él.

    - ¿Cómo estás?
    - Bien, pegaban fuerte esos tios.
    - Bueno, tú también les has dado lo suyo ¿eh? – Le dije con una sonrisa.
    - Si, estoy fuerte de levantar a mi hermano. ¿Te han quitado el dinero?
    - Ni un céntimo.

     Le vi sonreír con la sonrisa pícara de un ganador. Yo estaba perplejo por lo que había pasado, por la rapidez, por la sorpresa y por la reacción de aquellos tipos.

     Me agaché a recoger el sobre y lo levanté también hacia aquella bombilla cutre que iluminaba débilmente la estancia. Enseguida vi algo que no había visto hasta entonces. Una especie de marca de agua en el papel de aquel sobre. Un símbolo



que a mí, desde luego, no me decía absolutamente nada, pero que aquellos tipos les había hecho huir. Fenómeno. Ya habría tiempo de averiguar lo que era aquello, ahora había que salir de allí y volver al hotel rápidamente. Había que curar aquella mejilla sangrante del forzudo de Formi. Empezaba a pensar que, quizás, no había sido tan mala idea tenerle de compañero de viaje.

    Recorrimos a la inversa el camino que nos había llevado hasta allí, pero esta vez el callejón que llevaba hasta el tugurio me pareció mucho más sucio, oscuro y, sobre todo, largo que a la ida. Corrimos cuanto pudimos por aquel callejón, pero al salir a la calle principal nuestras piernas, doloridas por la pelea, nos hicieron bajar el ritmo. Aún así, el hotel estaba muy cerca y conseguimos llegar en unos pocos minutos que se me hicieron eternos.

1 comentario:

  1. ¡¡Vaya con Formerio!! nos tenía guardada una sorpresilla. Por lo menos no les han robado el dinero y ¿qué será esa marca que ha hecho que huyan los bandidos?.
    Sigue muy interesante, cada vez más, ja,ja

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