domingo, 27 de febrero de 2011

Formerio se va de viaje - TRECE

    Tardamos casi una hora en superar los atascos y el caótico tráfico de Agra, antes de salir de la ciudad rumbo a Varanasi, la antigua Benares, nuestro próximo destino. Durante toda esa hora, vimos casi en cada coche a nuestros perseguidores, no distinguíamos fácilmente a los indios, unos de otros, pero dentro de coches sucios castigados por el sol, nos resultaba doblemente difícil. Casi no hablamos entre nosotros, para estar más alerta supongo. Formi miraba por una ventanilla, por la otra, por atrás y por delante. Lo mismo hacía yo y con el mismo nerviosismo, hasta que poco a poco, según nos alejábamos del bullicio, nos fuimos tranquilizando, sobre todo porque el tráfico iba ordenándose, dentro de le que se puede llama tráfico ordenado en India.

    Entramos en lo que se suponía que era una autopista de peaje, aunque yo lo calificaría de carretera de pago, ya que estaba llena, al igual que las demás carreteras, de vacas y viandantes, pero eso sí, el tráfico rodado bajó considerablemente y nos dio opción a relajarnos un poco.

- Formi ¿Tú le has contado algo al Charlie este?
- Me llamo Formerio.
- Si, vale, pero ¿le has contado algo de nuestro viaje?
- No, solo que vamos a Vinaroz a buscar a una amiga tuya que es artista.

    No pude reprimir una sonrisa.

- ¿Qué quiere esta gente de nosotros?. No tenemos dinero ni pinta de tenerlo -  
   Reflexioné en voz alta.
- A lo mejor no quieren que veamos a esa amiga tuya.
- Pero ellos no saben a quién vamos a buscar.
- A lo mejor si lo saben.
- No se me ocurre como. – Estaba confuso y lo único que se me ocurría era seguir adelante con mis planes.
- ¿Todo OK señor Raúl? – Om parecía impasible o ajeno a lo que nos pasaba.
- Si, si, no te preocupes. Vamos a Varanasi como está planeado.
- Cuando quiere comer, avisar a Om. Muchos restaurant en este carretera.
- Ok, te avisamos.

    Aún era pronto para comer, además la mañana tan movidita que habíamos tenido me había quitado el hambre, así que pensé en hacer unos cuantos kilómetros para tomar algo de ventaja, por si aún nos estaban buscando.

    Seguía sin entender qué querían de nosotros, lo único que nos había identificado de alguna manera era aquella maldita carta que les había hecho huir el primer día, pero en realidad en la carta no ponía nada, así es que seguía totalmente en blanco. Y el tema del americano me había terminado de descolocar. ¿Qué pintaba él en todo esto?. Estaba claro que se había acercado a nosotros para tenernos vigilados, pero no habíamos podido decirle nada delicado, porque no sabíamos nada. Estábamos en India y yo tenía una carta en el bolsillo. Nada sospechoso, nada peligroso. Por lo menos eso me parecía a mí.

    Sin que le avisáramos, Om decidió parar a comer, estaba claro que nosotros no teníamos hambre, pero él si. Aparcó en la puerta de una casa en mitad de ningún sitio y nos invitó a pasar.

- Restaurant muy bueno, yo comer aquí fuera.

    Por más que insistimos, no quiso pasar con nosotros y se quedó comiendo con otros conductores que había en la puerta. Eso si, debían conducir ellos solos, porque dentro del restaurante no había nadie más que nosotros y un camarero flacucho que salió a recibirnos. Primer problema, no hablaba inglés. Eso si, era muy simpático y no dejaba de sonreír. Nos indicó que le siguiéramos al interior de la casa-restaurante y nos hizo atravesar varias estancias hasta llegar a lo que aparentaba ser el salón comedor. Una de las estancias que atravesamos supuse que era la cocina, porque tenía varios cacharros y algunas verduras encima de algo que parecía ser una cocina de leña. Era una habitación pequeña en la que todo, absolutamente todo, estaba negro por el humo y la grasa quemada. Las paredes, los techos y el suelo se confundían en las aristas que los delimitaban, con lo que daba la impresión de que estábamos flotando en el espacio. Excepto el caldo que se estaba cocinando y un fajo de notas rosas colgadas de un alambre en la pared, el resto de utensilios y condimentos aparentaban tener el mismo color oscuro casi negro. La camiseta del camarero flacucho, im

pecablemente blanca, le hacía contrastar tan tremendamente con la estancia, que le daba el aspecto de una aparición fantasmal, casi diría que una aparición decapitada, porque el negro de su cara también le hacía confundirse con la pared. A la vista de tal espectáculo, el agujero del estómago se me cerró aún más.
    Una vez en el salón comedor, me percaté que el camarero también debía ser el cocinero, porque tenía las uñas del mismo color que el pollo tikka y los pantalones con los recuerdos grasientos de las salpicaduras de algún líquido en ebullición.

    Debo reconocer que, aún con lo que acababa de ver, el olor que flotaba en la estancia no era malo y me animé a comer alguna cosa.

    Por supuesto, la carta tampoco estaba en inglés, así que le dejé a Formi elegir la comida en un alarde de temeridad impropio de mi persona. Como era de suponer, eligió mal, aunque dudo que hubiese podido elegir bien aunque hubiera pedido otra cosa. El caso es que eligió, para los dos, una sopa muy picante del mismo color de las uñas del camarero, algo que parecía arroz con algún animal troceado y que estaba caliente y una especie de ensalada que, a pesar de que era lo que mejor aspecto tenía, a la larga nos produjo una diarrea que nos acompañó varios días.

    Viendo el ridículo importe de la cuenta, equivalente a tres euros, decidí dejar a Formi que pagara para que no tuviera la sensación todo el rato de ir de paquete. Aún así, me dio la impresión de que le costaba sacar la cartera para pagar las ciento noventa rúpias que le debían parecer una fortuna.

    Cuando salimos del comedor para volver al coche, decidí cerrar los ojos al pasar de nuevo por la cocina, para que no se me revolviera más el estómago que ya empezaba a darme los primeros avisos de que estaba subiendo la marea fecal.

    Om nos esperaba, con su sonrisa de dentífrico, de pie junto al coche, me abrió la puerta de atrás y me invitó a entrar. El interior del coche estaba recalentado, a pesar de que llevaba un rato en funcionamiento el aire acondicionado, lo que hacía revivir el olor de la tapicería recalentada. Por la otra puerta trasera entró Formi. En el momento que cerró la puerta me dí cuenta de que no se había duchado ni cambiado de ropa desde que llegamos. Un olor a rancio me golpeó los senos nasales e hizo levantarse la comida que acababa de ingerir. Tuve el tiempo justo de abrir la puerta antes de la primera bocanada.




NOTA DEL ESCRITOR:  La foto que ilustra este capítulo es de un restaurante real en las afueras de la ciudad de Khahurajo que visité en verano de 2008.  Creo que no pasaría los controles de Sanidad, pero la comida no estaba tan mala como la que comieron Raúl y Formerio.

viernes, 25 de febrero de 2011

All Stars - El Reencuentro

Como un refrito, un mezclar cosas por mezclarlas, eso es lo que parece que nos está preparando Telecinco, corrijo: "os está preparando" porque para mi no tiene el menor interés.  Se trata de un reencuentro entre ex-participantes en antiguos realitys de Telecinco, tipo GH, o de otras cadenas, entre las que nombra a Pekín Express.  Supongo que se referirá, en lo que nos respecta a nosotros, a Idoia y Ainhoa o a Meritxel y Alazne.

Según nos cuenta Vertele, quieren hacer una especie de Gran Hermano pero con ex que hayan dado juego en su anterior participación televisiva.

Como os digo, no me interesa lo más mínimo este formato.

Por otra parte, como otros años, Pekín Express está nominado al mejor reality en los TP de Oro de este año.  Esperemos que no se lo birle Gran Hermano como ha pasado otras veces.  De hecho yo creo que no deberían competir nisiquiera en la misma categoría.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Formerio se va de viaje - DOCE

    Levanté a Formi del suelo dónde había caído por el ímpetu de su ataque y le sacudí, inútilmente, sus mugrientos pantalones. Tenía en la cara una expresión mezcla de orgullo y excitación impropia de él, pero no presentaba ni un rasguño y podría decir que se le veía contento, como quién ha cumplido una tarea pendiente. Una muchedumbre se había congregado a nuestro alrededor para solo mirar, lo que me hacía sentir que estaba metido en un pozo humano. En medio del barullo vi marcharse a Charlie, supuse que junto a nuestro chofer, pero instantes después vi a Om abriéndose paso entre la gente para rescatarnos del gentío, lo que no era tarea fácil. A trompicones nos sacó de allí y nos llevó hasta el coche, Charlie no estaba esperándonos, aún así, nos refugiamos en el vehículo y nos largamos de allí.

    - ¿Charlie se ha perdido? – Me preguntó Formi.
    - Señor Charlie ha cogido otro coche – Contestó Om.
    - Se habrá asustado y habrá vuelto al hotel, yo también me habría ido antes si hubiera podido.

    Instintivamente eché la vista atrás, un poco para ver la evolución del gentío que habíamos congregado y un poco porque ya estaba en estado de alerta. Entre una nube de polvo, vi como la gente se dispersaba rápidamente, en cuanto se percataron de que allí no había nada que cotillear. Mientras miraba hacia atrás, vi como otro vehículo se incorporaba a la calle justo detrás nuestro y creí ver al volante a uno de nuestros agresores. Intenté asegurarme antes de entrar en pánico, pero el polvo que levantaba nuestro coche y la mugre del cristal del otro coche, me hacían difícil ver bien al conductor, así es que busqué a los otros ocupantes para intentar cerciorarme. El copiloto era un tipo grande, que no era indio sino blanco. Un reflejo en la guarrería me impedía verle la cara. Había otros dos tipos detrás, pero tampoco conseguía verles con claridad. Om giró a la derecha en la siguiente avenida y el reflejo desapareció en un momento.

    - ¡Es Charlie!

    Formi se volvió también a mirar al otro coche.

    - ¡Gordo cabrón! – Me sorprendió con la claridad que le insultó.
    - ¿Qué hace con esa gentuza? ¡Nos están siguiendo!.

    Om no nos entendía, pero se dio cuenta de que algo malo pasaba y empezó a mirar también para atrás, con los consiguientes bandazos en mitad de la avenida. Varias motos consiguieron esquivarnos con facilidad, pero un autobús que venía por nuestra derecha se estrelló contra una farola.

    - ¡Om, mira lo que estás haciendo! – Volvió a mirar al frente, pero no conseguía concentrarse en la conducción. Estuvo a punto de atropellar, al dar otro bandazo, a varios niños que esperaban en la acera.
    - ¡Nos están siguiendo, Om! Acelera, pero no nos mates. ¡Piérdelos!.



    Consiguió esquivar un par de vacas con una maniobra imposible, pero inesperada para nuestros perseguidores, lo que por suerte para nosotros y desgracia de las vacas, chocaron con los dos mamíferos y nos permitieron alejarnos.

    - ¡Tenemos que irnos de Agra ahora mismo!
    - Hay que volver al hotel a recoger mi bolsa – Me recordó Formi.
    - No está lejos. Pero ¿crees que llegaremos a nuestra habitación antes que lleguen ellos al hotel?
    - El coche está “out” no nos pueden seguir ahora – Om los había visto por el retrovisor y nos dio los ánimos suficientes para volver a por el equipaje y largarnos rápidamente de allí.
    - Escucha Formi, cuando entremos al hotel quédate tú pagando, - Le dije pasándole un fajo de billetes - no vaya a ser que nos persiga también la policía por irnos sin pagar. Mientras yo subiré corriendo a por el equipaje.
    - No se te olvide mi bolsa.
    - Creo que tu bolsa no se me va a olvidar en la vida, no te preocupes.

    Seguramente por el ataque de adrenalina que me aclaró la mente, conseguí llegar sin ayuda a la habitación y recogí mi maleta con prisa y la de Formi con asco. Un momento después entramos en el coche que nos esperaba en marcha en la misma puerta del hotel.

    - ¡Arranca Pekín Express! – Le dije a Om que, por supuesto, no entendió la excitación que me producía decir esas palabras.

domingo, 20 de febrero de 2011

Formerio se va de viaje - ONCE

    La mañana nos saludó con un calor húmedo y aplastante, casi como cualquier otro día desde que llegamos a India, pero además el cielo estaba nublado y plomizo y parecía que se nos iba a caer encima en cualquier momento. Aún con esta perspectiva, decidimos a visitar la ciudad.

    Agra es una ciudad monumental en muchos aspectos. Monumental porque está llena de palacios, fuertes, mausoleos y mezquitas enormes y preciosos todos ellos. Monumental por el río Yamuna que la baña y que en época de monzones, que estaban a punto de terminar, llevaba una cantidad monumental de agua. Y monumental por las enormes diferencias entre pobres y ricos que aquí, como en otras muchas ciudades de India, se pueden respirar a nada que te traslades de un barrio a otro.

    Bien asesorados por Om, visitamos primero algunos monumentos “menores” para ir abriendo boca antes de ir a visitar el Taj Mahal, la verdadera joya de la ciudad y probablemente de toda India.

    Formi parecía bastante impaciente por visitar el “Tajoral”, que ya había visto en Internet antes de viajar, lo que le hizo prestar poca atención al resto de visitas, hasta que por fin, Om, nos anunció que la próxima visita era precisamente esa.



    Nos llevó hasta un aparcamiento cercano al monumento y nos indicó que el resto del trayecto debíamos hacerlo a pie o en coche de caballos, ya que no estaba permitido el paso de vehículos a motor hasta la puerta principal. El nerviosismo de Formi se hizo patente cuando nos bajamos del coche y no paraba de mirar de un lado a otro de la calle, curiosamente, en dirección contraria al monumento. Pensé que el tema del coche de caballos le centraría un poco, así es regateé un poco el precio y contraté uno, pero Formi insistió en sentarse en el asiento que miraba en el sentido opuesto al de la marcha. Yo me senté al lado del conductor y Charlie dejó caer su enorme culo en el asiento de golpe, justo detrás de mí, lo que hizo ladear sensiblemente el carro hacía ese lado.

    Al trote, el caballito nos fue acercando a la entrada, lo que le daba una cadencia emocionante al trayecto. Poco a poco, la rojiza puerta del recinto del Taj Mahal se nos fue descubriendo, hasta que el carromato se paró justo enfrente para que nos bajáramos. Por fin, Formi se centró en lo que estábamos visitando y una sonrisa se dibujó en su cara cuando se fijó en la enorme puerta del recinto. Se apreciaba claramente la simetría perfecta de todo lo que veíamos. Era una seña de identidad de aquella construcción, de la puerta para adelante, todo era simétrico, el jardín, los edificios auxiliares, la mezquita, la biblioteca y el propio edificio funerario de mármol blanco. Aquel edificio blanco majestuoso relucía aún más en contraste con los nubarrones negros que cubrían aquel día el cielo. Los tres, como el resto de los visitantes, nos quedamos al pie del estanque admirando la joya de mármol que, para colmo de simetría, se reflejaba perfectamente en aquel estanque. Tan extasiados nos quedamos que no llegamos a movernos cuando comenzó a llover a cántaros, la verdad es que nos vino fenómeno para refrescarnos. Al menos media hora estuvimos a pie firme bajo la lluvia y admirando el espectáculo.

    Como un patético equipo de camisetas mojadas, nos adentramos en los jardines para acercarnos al mausoleo de mármol y disfrutamos de la visita al igual que otro montón de turistas mayoritariamente indios.

    Realmente el Taj Mahal es impresionante, sin embargo, lo que más se grabó en mi memoria fueron las decenas de personas que se ocupaban de mantenerlo todo en perfecto estado, incluso cortando el césped de cuclillas y con unas tijeras de mano más bien pequeñas. Supuse que ganarían muy poco dinero por aquel trabajo y me pregunté si sería posible mantener algo tan precioso en otras condiciones laborables distintas a las de aquel país. Aún así, se veía a aquellos jardineros serenos y aparentemente felices. Como el resto de la población. Extraño equilibrio entre la vida y la felicidad.

    Extasiados y en silencio, dimos por terminada la visita y, poco a poco, volvimos hacia la puerta principal dispuestos a montar otra vez en el caballito.

    Formi se entretuvo con una de las ardillas que plagaban los jardines de aquella ciudad y yo me entretuve haciéndole unas fotos. Charlie decidió volver él solo al coche, porque nos dijo que necesitaba una dosis de aire acondicionado.

    Casi por primera vez en el viaje, me di cuenta de que estaba disfrutando de aquello y también fui consciente de que disfrutaba viendo a Formi sonriendo mientras trotaba de vuelta el caballito. Unos cincuenta metros antes de llegar a nuestro coche, vi que Formi cambiaba el semblante. Pasó de una sonrisa serena a una mirada de alerta, como un perro cazador cuando divisa una presa. Miré en la misma dirección que él para intentar localizar cual era el motivo de su alerta. Solo vi a Charlie de pie, hablando con alguien que estaba apoyado en un coche, no tuve tiempo de reaccionar cuando Formi saltó del carro y echó a correr hacia Charlie. En pocas zancadas se presentó a su lado y le soltó un tremendo puñetazo al tipo que hablaba con Charlie, que tuvo el tiempo justo para meterse en el coche que arrancó rápidamente conducido por otra persona.

    - ¿Estás chalado, o qué? – Le alcancé jadeando.
    - ¡Eran los ladrones!
    - ¿Qué ladrones? – Preguntó Charlie.
    - ¡Eran los ladrones! – repetía Formi claramente excitado.
    - ¿Tú les conocías Charlie? – Le pregunté al americano.
    - No, no, solo hablan de la lluvia en Agra
    - ¿Estás seguro, Formi? Los indios se parecen todos mucho y aquel día estaba muy oscuro.
    - ¡Me llamo Formerio! Y si que estoy seguro.
    - Pero ahora estamos muy lejos de Delhi. 
    - Eran ellos y les debía una.

    ¿Sería posible que fueran ellos? Yo si creía en las coincidencias y más después de lo que estaba viviendo últimamente, pero aquello me olía mal. Desde luego si aquello era verdad, teníamos un problema. Tendría que estar alerta. Nos estaban siguiendo.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Formerio se va de viaje - DIEZ

    Nuestro primer día en Agra lo dedicamos por completo a descansar en el hotel tras el largo y estresante viaje desde Delhi. En realidad no fue una decisión meditada sino obligada, ya que el hotel Jaypee Palace, en el que decidimos alojarnos, era tan extraordinariamente grande, que después de perdernos varias veces por su interior para encontrar el comedor o coger el ascensor, decidí que ya era bastante bochornoso el tener que buscar a un botones para que nos llevara cada vez de vuelta a la habitación, como para buscar a uno para decirle que cómo se salía de allí. Así es que me encomendé la tarea de orientarme en aquel palacio, sin decirle nada a Formi, antes de aventurarme a salir a buscar el coche de Om.


    Después de vagabundear durante veinte minutos por un semisótano, conseguimos llegar a las cocinas. Allí, muy amablemente, nos acompañaron de vuelta al vestíbulo principal un par de cocineros, para sorna del recepcionista que ya nos había visto llegar antes con nuestro chofer, con un jardinero, con una camarera y con un enorme turista americano que entendía algo de español. Por suerte, volvimos a encontrarnos con Charlie, el turista americano que se ofreció a comer con nosotros. Nos contó que él estaba allí por turismo, que viajaba una vez al año solo para desconectar del trabajo, y que era un ejecutivo de ventas de buen nivel, por su manera de actuar nos dimos cuenta de que no andaba mal de pasta. No tenía problemas en darle diez dólares a un camarero cuando le traía la servilleta que debería haber estado ya en la mesa.

    - Mañana voy visitar Taj Mahal. ¿Queréis visitar conmigo?- Nos ofreció muy amablemente.
    - Nosotros estamos buscando a una amiga de Raúl que es artista, pero también queremos visitar el “Tajoral”.
    - ¡Ah, coño! Así que el Tajoral es el Taj Mahal – Formi era una caja de sorpresas. – Pues si, nos encantará acompañarte.

    Yo no quería contarle a nadie por qué estábamos allí, pero Formi no perdía la ocasión de cascarlo en cuanto podía. Por suerte no sabía explicarse y Charlie no se enteró muy bien de nuestras andanzas.

    Quedamos para el día siguiente y nos despedimos de Charlie. Decidimos volver a la habitación a dormir la siesta, así es que visitamos el salón de juegos, la tienda de souvenirs, el salón de Internet, la caldera general, los jardines de la residencia de los empleados y la recepción, dónde un botones, que ya nos había acompañado tres veces, se ofreció a llevarnos una vez más a la habitación haciendo verdaderos esfuerzos para no reirse.

    Tumbado en mi cama, mientras veía la tele para adormilarme, volví a ver a la actriz bailarina Umay Fadilah ejecutando un video musical típico de Bollywod igual que todos los demás y terminé de quedarme dormido. Tuve un extraño sueño en que ella y yo paseábamos en bata por los pasillos de un hospital agarrados a un soporte para la medicación con ruedas.

domingo, 13 de febrero de 2011

Formerio se va de viaje - NUEVE

    Habitualmente, Formi se comportaba como si fuera idiota, pero de vez en cuando tenía momentos de lucidez que me hacían reflexionar e incluso cambiar de opinión respecto a él. Yo estaba decidido a contarle a Om toda la verdad sobre la carta, o por lo menos lo que sabía hasta ahora, que era poco, para ver si podía ayudarme, pero Formi me convenció, una vez que le conté a él todo lo que sabía, de que, de momento, era mejor no contarle nada a nadie. No sabíamos dónde nos estábamos metiendo, Formi ya había hecho suya la aventura, no sabíamos si era algo peligroso o una serie de casualidades estúpidas, pero la reacción de los matones nos hacía sospechar a los dos que había algo feo relacionado con la carta. Así es que decidí hacerle caso y no contarle nada a Om mientras no supiéramos algo más.

    Me había hecho a la idea de que los 521 Km que nos separaban de Agra se nos harían interminables, y más con la velocidad media que se podía mantener en esas carreteras Indias llenas de baches, pero en pocos kilómetros me dí cuenta de que un viaje por carretera en ese país es todo un espectáculo.

    Al margen de las vacas sagradas que, plácidamente, se tumban en cualquier sitio, dentro o fuera de la carretera y obligan a los vehículos a esquivarlas, el ir mirando por la ventanilla te hace asomarte a un mundo difícilmente comprensible para un occidental. Puede sorprenderte ver un autobús con gente en el techo o seis personas montadas en la misma moto, pero eso se te olvida al instante cuando ves que te está adelantando un camello o ves a un señor limpiándose los dientes con el agua de un charco.


    Las carreteras cruzan los pueblos como antaño en España, y eso anima aún más el viaje. Te muestra como, independientemente de la pobreza o tamaño del pueblo que atraviesas, los puestos callejeros son básicamente los mismos, venta de verduras o multiproducto, es decir, mecheros, patatas fritas, ruedas o cualquier otra cosa que se pueda vender. Todos polvorientos, todos del mismo color ocre. Búfalos, cabras, algún camello, perros, aquello es un muestrario de la fauna local. También se pude ver gente haciendo cosas aparentemente inverosímiles, por ejemplo, barriendo la carretera a tres kilómetros del pueblo más cercano, o cortando el césped de la explanada de un palacio sentado en cuclillas y con una tijera manual. Eso si, todo el mundo te saluda sonriente cuando te ve pasar. Aunque vayas a sesenta kilómetros por hora y les veas apenas un instante, te das cuenta de que te están saludando tanto los niños como los ancianos.

    Estábamos absortos admirando los vehículos imposibles a los que adelantábamos, cuando empecé a ver que el número de personas que andaban por el arcén de aquella carretera aumentaba paulatinamente. Al principio era muy sutil el cambio, porque sorprendentemente había gente en todas partes por muy desértico que pareciera el paisaje, pero poco a poco me dí cuenta de que había pequeños grupos de gente, de no más de seis personas, que iban andando en la misma dirección que nosotros enarbolando banderas que hubiera jurado que eran las del Día del Orgullo Gay. Durante kilómetros estuve observando este fenómeno que aumentó tanto que hasta Formi se dio cuenta de que algo raro estaba pasando y comenzó a moverse en su asiento intranquilo.

    - ¿Qué es esto Om?. – Le pregunté a nuestro conductor.
    - Un búfalo de agua.
    - No, joder, me refiero a esta gente.
    - Son Kisanom (1) . ¿Qué significa “joder”?
    - “Joder” significa que me voy a bajar del coche y voy a seguir andando yo solo.
    - ¿Vas a hacer el "Maha Kumbh Mela (2) "?
    - ¡No! – Estaba claro que sacarle información a Om era casi más difícil que hablar con Formi.
    - ¿Por qué están tirando los zapatos al suelo? – Me preguntó Formi

    La pregunta de Formi, me hizo fijarme en la carretera y, efectivamente, me dí cuenta de que estaba llena de zapatos, zapatos viejos y raídos, botas y zapatillas. Los indios del Orgullo Gay que flanqueaban la carretera estaban descalzos y los que aún no lo estaban, se quitaban los zapatos al llegar a un punto determinado, tiraban los zapatos en mitad de la carretera y continuaban su marcha. Llegó un momento que se veían más zapatos que asfalto y Om tuvo que aminorar la marcha para subir por las montañas de calzado que entorpecían el tráfico.

    - ¿Qué es esto Om?¿Qué pasa?.
    - Eso es un camello.
    - Tu padre si que es un camello – dije en español para que no me entendiera Om.

    Estaba claro que para él debía ser normal ir esquivando vacas, búfalos y zapatos mientras conducía, pero para nosotros era como estar metidos en una película de Tim Burton.

    - ¿El padre de Om es un camello?

    Por suerte, la situación fuera del coche era más esperpéntica que la de dentro, lo que me sirvió para contenerme de hacer lo que me estaba pidiendo el cuerpo, repartir guantazos.


    El coche iba, poco a poco, aminorando la marcha ya que la montaña de zapatos iba siendo cada vez más grande. Cientos de personas se agolpaban en los laterales de la carretera, por supuesto, sin dejar de mirarnos como a bichos raros y sin dejar de saludarnos como si fuéramos la reina de Inglaterra. La parte de los zapatos reservada a los vehículos se iba reduciendo proporcionalmente a la gente que se agrupaba a ambos lados de nuestro coche y llegó un momento en que Om tuvo que parar completamente. Una masa enorme de sonrientes saludadores indios con la cara pintada de naranja se empezó a agolpar en nuestras ventanillas cual película de George A. Romero, lo que provocó que Formi comenzara a gritar como una rata a la que le han pillado el rabo con un cepo.

    - No asustar, nos están ofreciendo té y pan. Costumbre Kisanom. Buena gente. Quieren bañarse en el Ganges para celebración.
    - Pues me cago en Kisamon. ¡Arranca y vámonos de aquí!.
    - ¿Qué es “mecago”?

    La rata seguía chillando.

    Un Indio Kisamon del Orgullo Gay, aplastado contra mi ventanilla, sostenía sonriente una tetera. Debía ser verdad lo que decía Om y, probablemente, aquello sería una celebración religiosa o algo parecido, pero los chillidos de la rata almizclera no me estaban ayudando a tranquilizarme. Om, mientras tanto, nos miraba sonriente desde el puesto de conductor.

    - ¡Que arranques, coño! ¡Y no me preguntes lo que significa coño o te ganas una hostia!
    - ¿Qué es hostia?

    Comencé a chillar yo también para terminar de convencer a Om, por las malas, de que queríamos salir de allí cuanto antes. Al parecer, el chillido de rata en estéreo es un lenguaje universal, porque por fin, Om, se decidió a arrancar y a sacarnos de allí.

    Hicimos el resto del camino en silencio, sobre todo Formi, que se quedó dormido como un tronco por el esfuerzo gutural.

(1) Campesinos
(2) Se trata de una peregrinación que se realiza cuatro veces cada doce años, dependiendo de la situación de Júpiter y el Sol, en que los peregrinos acuden a bañarse a las riberas de los ríos sagrados indios, a ser posible en la confluencia de los ríos Ganges, Yamuna y el Sáraswati.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Formerio se va de viaje - OCHO

    Om no era lo que se dice un tío grande, apenas un metro y sesenta centímetros sumando los tacones de sus zapatos, pero tenía una sonrisa tan estupendamente blanca, que hacía pensar que te iba a decir que uno de cada diez dentistas recomienda viajar por India en taxi, o algo por el estilo. Moreno de pelo y tez, buenos modales y un extraño acento anglo-indio que me costaba horrores comprender. Como pudimos comprobar aquel día, y confirmar más tarde, era especialmente puntual. Bajamos a las once y media, aunque habíamos quedado a las doce, pero allí estaba, con su impecable camisa blanca, esperándonos mientras limpiaba su vehículo que estaba gratamente nuevo y limpio.

    Fue él el que se acercó a mí a saludarme:

    - Hola Raúl – Me saludó con una familiaridad que me sorprendió.
    - Om supongo. Este es Farmario – Le dije presentándole a mi compañero adoptado.
    - ¡Formerio! – Replicó dándole un fuerte apretón de manos a Om, que, con una mueca, me confirmó que, efectivamente, había sido un apretón fuerte.

    Realmente no estaba muy seguro de cual tenía que ser mi próximo paso, pero pronto me dí cuenta de que, por lo menos de momento, siguiendo los impulsos de mi corazón, avanzaba aparentemente hacia algún sitio. Le pedí a Om que nos diera una vuelta por Delhi para enseñarnos un poco la ciudad. Eligió llevarnos primero a la casa de Gandhi. Mientras saboreábamos el tráfico de la ciudad, aproveché para hacerle algunas preguntas a nuestro conductor.

    - ¿Tú me conoces, Om? – Le solté de repente.
    - Si, se llama Raúl Conde – me contestó sin dejar de sonreír.
   - Sois amigos ¿no?, yo una vez hice el amigo invisible, cuando trabajaba en Carrefour y me regalaron un mechero, pero yo no fumo porque es malo para la salud de los pulmones…

    No contaba yo con el efecto Formi, pero me dí cuenta enseguida que me iba a ser difícil mantener una conversación coherente entre el inglés de Om y las parrafadas de Formi.

    - ¿Si, pero me has visto antes? – Yo seguía intentándolo.
    - A las doce hemos quedado – Difícil iba a ser aquello, si señor.
    - No os entiendo muy bien, pero creo que ha dicho un número tu elbe que me parece que es quince, pero no creo que tenga quince años. A mí me parece mayor, por lo menos tiene veinte. Yo tenía una novia que tenía veinticuatro…
    - ¿Conoces a Umay Fadilah? – Se me ocurrió dar un golpe de volante en mi estrategia.
    - Es una artista Bollywood, pero no conozco.
    - ¿No sabrás dónde vive?¿En qué ciudad, o algo?
    - …y tenía un caballo pequeño que se llamaba poni que también me gustaba mucho, pero no era suyo, era de su padre Francisco que era maquinista… - El tio seguía a lo suyo.
    - Vive en Varanasi, ciudad sagrada, muy rica artista, cantante también, muy espiritual.– Otra pista, por fin.
    - ¿Está muy lejos Varanasi?¿Nos puedes llevar tú en coche?
    - Om puede. Mañana podemos.
    - …mi hermano no podía hacerlo, así que llamé a la vecina Belinda que nos ayudó a los dos…-

    Pensé que seguramente habría muchas gasolineras en el camino hasta Agra y allí podríamos abandonar al jodido charlatán incansable. Si no le daba una hostia antes.

    - ¿Queréis visitar Agra primero?

    Me pareció una buena idea la de Om, en Agra estaba el Taj Mahal y no podíamos irnos de India sin haberlo visto, por mucho misterio que tuviera aquella carta.

    Como pudo, Om nos sirvió de guía también. Nos mostró la casa de Gandhi, dónde le asesinaron y dónde se custodian sus cenizas. Estaba claro que sentían admiración por él y por su obra. No era para menos. Por supuesto, Formi, no entendía lo que decía Om. Yo intentaba traducirle lo que conseguía comprender, y Formi entendía la mitad de lo que yo le decía, con lo que la información que sacaba de la visita era más bien poca. Eso sí, se le veía disfrutar mucho, tenía la mirada y la capacidad de admiración de un niño pequeño. Especialmente le vi sorprendido
cuando visitamos el lugar dónde se guardan las cenizas. Tanto por la belleza del lugar en sí, como por un enorme árbol que había dentro del recinto, cuyo tronco no podrían abarcar cinco hombres cogidos de la mano.

     - ¿Por qué mataron a este señor si era tan bueno?

    A menudo las preguntas de Formi se quedaban sin respuesta, bien porque eran difíciles de contestar, bien porque eran difíciles de entender. La otra modalidad de preguntas eran las, directamente, infantiles. Como cuando me preguntó si todos los indios estaban heridos en la cabeza y por eso la llevaban vendada.

    Conseguimos también visitar un templo Sij, una vez que ya había entendido lo de que había que descalzarse. Incluso visitamos la gran mezquita de Delhi. Esta visita fue especialmente tranquila para mí, ya que dejé a Formi buscando la lentilla que debía haber perdido alguien. A ver sino qué hacía toda esa gente agachada mirando al suelo.

    Después de comer le pedí a Om que se retirara para que pudiera preparar el viaje del día siguiente. Nosotros dos, como no teníamos mucho que preparar, nos decidimos a dar una vuelta nocturna por los alrededores del hotel.

    La verdad es que, aunque no estaba muy iluminada la calle, había bastante bullicio y aún había muchas tiendas y puestos callejeros abiertos, lo que, unido a una temperatura muy agradable, hacía presagiar un estupendo paseo nocturno.

    Un tipo con bigotazo se nos acercó muy solícito a preguntarnos si necesitábamos algo, si estábamos buscando algo. En seguida se dio cuenta de que éramos españoles e intentó practicar un poco con nosotros. No sé si es por la sonrisa tan blanca que tienen los indios, en contraste con su piel, pero el caso es que acaban convenciéndote de cualquier cosa, así es que le seguimos por un callejón nada acogedor hacia, según nos dijo, su oficina.

    Abrió una pringosa puerta y nos hizo pasar a lo que, sin duda, era un tugurio. Una estancia cuya utilidad no era fácil de adivinar, por lo extraño y sucio que era todo el mobiliario, y en cuyo interior había otros tres tipos sentados a una mesa, haciendo seguramente algo igual de extraño y sucio que sus muebles.

    Giraron inmediatamente la cabeza hacia nosotros en cuanto entramos por la puerta y se quedaron callados. El tipo que nos había llevado hasta allí, les dijo algo que les hizo levantarse al unísono, mientras una sonrisa se dibujó en la cara de alguno de ellos.

    - ¡Dame vuestro dinero y el pasaporte! –

   Lo dijo en un español claro, pero con un fuerte acento. Efectivamente, aquello tenía mala pinta. Por suerte habíamos dejado el pasaporte en el hotel, pero yo llevaba una buena cantidad de dólares en el bolsillo.

    Uno de los bigotudos se puso detrás de Formi y le intentó agarrar los brazos por la espalda.

    - ¿Qué pasa Raúl?
    - ¡Nos quieren quitar el dinero!

    Formi se zafó con aparente facilidad del bigotudo y, con un ágil giro de cintura, le soltó una soberana hostia en toda la cara. El tipo cayó al suelo como un saco de patatas y los otros dos se abalanzaron rápidamente sobre Formi. El que nos había engañado, me derribó con facilidad y se echó encima de mi espalda, mientras metía sus manos en mis bolsillos buscando el dinero.

    Vi como, mientras yo estaba indefenso boca abajo en el suelo, Formi repartía y recibía puñetazos a partes iguales.  A pesar de que eran dos contra uno, la agilidad de Formi le hacía esquivar muchos golpes y coger ventaja a la hora de repartir los suyos.  Un fuerte golpe en el estómago le hizo agacharse, pero aprovechó la postura para lanzar una contundente patada trasera contra el bigotes que se acercaba por detrás.

     Lo primero que encontró el tipo que estaba sentado en mi espalda, fue el sobre famoso. Por suerte, yo tenía el fajo de dólares en el bolsillo delantero del pantalón, lo que, además de ofrecer una falsa sensación de enorme paquete sexual, me ofrecía la ligera ventaja de tenerlo aprisionado contra el suelo, lo que haría más difícil su extracción por el caco.


     Como no había buena luz en el tugurio, el tipo levantó el sobre hacia la luz, supongo que para ver si tenía algún valor y podía quedárselo. Se quedó un momento quieto y le gritó algo a sus compañeros. Yo no podía ver su cara, porque estaba a mi espalda, pero si alcance a ver a uno de los que se pegaban con Formi. Desde luego aquello era cara de sorpresa, y sorpresa desagradable, porque salieron por patas dejándonos allí tirados. Yo, desde luego, bastante mejor parado que Formi, que tenía un buen golpe en una mejilla y, por dónde tenía puesta su mano, también en las costillas. Me acerqué rápidamente a él.

    - ¿Cómo estás?
    - Bien, pegaban fuerte esos tios.
    - Bueno, tú también les has dado lo suyo ¿eh? – Le dije con una sonrisa.
    - Si, estoy fuerte de levantar a mi hermano. ¿Te han quitado el dinero?
    - Ni un céntimo.

     Le vi sonreír con la sonrisa pícara de un ganador. Yo estaba perplejo por lo que había pasado, por la rapidez, por la sorpresa y por la reacción de aquellos tipos.

     Me agaché a recoger el sobre y lo levanté también hacia aquella bombilla cutre que iluminaba débilmente la estancia. Enseguida vi algo que no había visto hasta entonces. Una especie de marca de agua en el papel de aquel sobre. Un símbolo



que a mí, desde luego, no me decía absolutamente nada, pero que aquellos tipos les había hecho huir. Fenómeno. Ya habría tiempo de averiguar lo que era aquello, ahora había que salir de allí y volver al hotel rápidamente. Había que curar aquella mejilla sangrante del forzudo de Formi. Empezaba a pensar que, quizás, no había sido tan mala idea tenerle de compañero de viaje.

    Recorrimos a la inversa el camino que nos había llevado hasta allí, pero esta vez el callejón que llevaba hasta el tugurio me pareció mucho más sucio, oscuro y, sobre todo, largo que a la ida. Corrimos cuanto pudimos por aquel callejón, pero al salir a la calle principal nuestras piernas, doloridas por la pelea, nos hicieron bajar el ritmo. Aún así, el hotel estaba muy cerca y conseguimos llegar en unos pocos minutos que se me hicieron eternos.

martes, 8 de febrero de 2011

Se nos va Raquel

Aunque era un secreto a voces, Raquel confirmó ayer en su Twitter (al que es adicta) que no va a seguir presentando Pekín Express en la próxima edición que está a punto de comenzar a grabarse.

Ya he espresado muchas veces en este Blog mi opinión al respecto desde noviembre 2010 que empezó a sonar la noticia, asi que no os voy a cansar más con este tema.  Solo me queda por decir una cosa, para mi Raquel "es" Pekín Express y la quiero por ello.

Un beso y mucha suerte en la vida,

Otra vez Wikipedia

A pesar de que ya hemos pillado varios gazapos en la Wikipedia, durante el transcurso de esta edición, como cuando publicaron la lista de los supuestos finalistas de la carrera y no acertaron ninguna de las tres parejas, hoy nos muestra cual va a ser la ruta y el nombre de la próxima edición de Pekín Express:

La ruta de las grandes fieras

Egipto, Kenia, Tanzania y Sudáfrica

Habrá que seguir siendo un poco excéptico, pero ahí está la información.


lunes, 7 de febrero de 2011

Rectificar es de sabios (o eso dicen, por lo menos)

Por un tema que no viene a cuento, he estado repasando lo que dije en su día de cada uno de los concursantes de esta pasada 3ª edición de nuestro reality road favorito, y me he dado cuenta de una cosa que no quería dejar pasar.

Todos sabemos que la tele engorda, pero además distorsiona la opinión del que la ve y nos hace ver cosas que son o que no son, pero nos las creemos igualmente.  No es fácil conocer a alguien a quién ves por la tele unos minutos una vez a la semana y, por lo tanto, es bastante fácil equivocarse al juzgar a alguien.

Todo esto viene a cuento porque he releido que puse a parir a alguno de los concursantes de este año, incluso llegué a decir que me caían especialmente mal.  Por suerte, para mí, he tenido ocasión de conocer un poquito a algunos de ellos, incluso personalmente y no puedo dejar pasar esta oportunidad para comentaros que he cambiado de opinión por completo en algunos casos.

En general he criticado a todos un poco, creo que sin mucha acritud y siempre sin mala intención, pero al conocer un poquito a Engracia y Manuel, Sonia y Menchu, Manolo y Marta, Sonia y Belinda, María y a Javi (el profe), he de decir que "chapeau!" por ellos y que me han demostrado que son buena gente y que, sobre todo, a Javier, al que puse verde en más de una ocasión, he de comerme mis opiniones con patatas y reconocer que es un tío enrollao con el que me iría, sin dudarlo, a tomar copas por ahí, y además espero hacerlo pronto.

En cuanto a los demás, pues no he tenido el gusto de conocerles, así es que no puedo opinar mucho más que lo que dije en su día, repito, sin mala intención, y que si a alguno de ellos les ha molestado leer lo que pensé al verles por la tele, pues le pido disculpas públicamente.  Y que comprendan que muchos de los comentarios estaban comiditos por la envidia.  Pero supongo que serán conscientes de que esa es la pega que tiene salir por la tele.

Por supuesto tengo mis favoritas que son Sandra y Belinda, y a algunos de los demás que también les he cogido cariño y ellos y ellas ya lo saben.

Besos para ellos y un abrazo para ellas,

domingo, 6 de febrero de 2011

Formerio se va de viaje - SIETE

    El salón comedor presentaba un aspectoexcelente a la hora del desayuno. Un par de grandes mesas largas con decenas de bollitos, fiambres, quesos y frutas, flanqueaban ambos lados de la estancia y los huéspedes del hotel las recorrían de norte a sur buscando rellenar sus platos con una cantidad indecente de comida. Cuando volví a mi mesa, con un par de croissants y un zumo tropical, observé como un camarero muy solícito se empeñaba en servirle a Farmanio el chocolate caliente e incluso a removérselo en la taza. Me costó bastante hacerle entender al camarero que Formulio no quería pegarle y a Formulio que el camarero no se iba a beber su chocolate, pero una vez superado el primer shock del día, pudimos disfrutar de un desayuno estupendo.

    Aquella mañana tenía un objetivo claro, iba a llamar a aquel número de teléfono como primer paso. Me daba algo de miedo hacerlo, más que nada porque tenía la sospecha de que me contestaría alguien de la Carnicería Sandoz o algo por el estilo, o quizás no fuera ni siquiera un número de teléfono y ahí se acabarían todas mis pistas. Sinceramente, si aquello no me llevaba a algún sitio, me estaba temiendo que aquel viaje no iba a pasar de ser un viaje turístico sin planificar y, con la compañía que me había agenciado, no pintaba muy bien la cosa.

    Levanté el auricular y marqué el número, cuatro, uno, cero,… me dí cuenta de que estaba temblando. Tuuuuuuuu, tuuuuuuuu, tuuuuuuu, tres veces sonó el tono de llamada antes de que una voz de hombre, ligeramente aflautada, me contestara.

    - Hello?

    Me quedé un breve instante en silencio antes de preguntar.

    - ¿Om Prakash?
    - Si, soy yo – Me contestó en un inglés con un fuerte acento indio. - ¿Quién llama?

    La verdad es que no había previsto tamaño acierto y no tenía pensado nada que decir, así es que me tocó improvisar.

    - Me llamo Raúl Conde, estoy en Delhi por turismo, soy español y quería que nos viéramos.
    - Om no puede hoy. Mañana poder ver a ti. ¿En qué hotel estamos?.
    - Hans Plaza.
    - ¿12 en la mañana?
    - OK.

    El tal Om colgó el teléfono, pero yo aún me quedé unos instantes con el auricular en la oreja. ¿Quién coño sería aquel tipo?.

    - ¿Has hablado con tu amigo? – Me preguntó Formi (pensé que esta abreviatura sí que sería capaz de recordarla).
    - Si, he quedado con él para mañana.
    - ¡Estupendo! Le podemos decir que nos enseñe algún monumento. El “Tajoral” o alguno otro monumento- Me contuve de preguntarle qué coño era el “Tajoral”, pero seguro que llegaría a saberlo algún día.

    Como lo que había que hacer aquel día ya estaba hecho, decidimos (decidí) que iríamos a ver un poco la ciudad. Así es que nos aventuramos a salir a la calle y coger uno de los taxis que esperaban en la puerta del hotel. Nada más cerrar la puerta, me dí cuenta de que no teníamos un destino fijo, así es que, mientras el taxista esperaba que le dijéramos algo, hice una panorámica de lo que podía ver por las ventanillas del coche y, allí a lo lejos, pude distinguir una edificación muy curiosa, una especie de flor blanca semiabierta y gigantesca. No dudé un instante en señalarle a nuestro chofer la citada flor. Este enseguida me confirmó que me había entendido:
    - Lotus Temple!

    Un nombre muy apropiado, sin duda.


    Se trataba de una edificación de unos cuarenta metros de altura y era el principal templo de la fe Bahai. Como saltaba a la vista, se trataba de un templo bastante moderno y los folletos que nos entregaron los fieles a la entrada me lo confirmaron. 1986. “Considerado como la madre de todos los templos” rezaba otro de los folletos. Me pareció que debía ser un lugar más que interesante y la religión que la sustentaba aún más, tienen una visión de la humanidad como una familia global y consideran la tierra como la casa de todos. En este templo se leían escrituras de todas las religiones del mundo. Una gente muy conciliadora pero que no estaban preparados para alguien como Formi, o él no estaba preparado para algo tan diferente. Fue una pena que ni siquiera llegáramos a entrar en los jardines que rodeaban el templo, pero Formi se negó en redondo a quitarse los zapatos y dejarlos en una zona vigilada, habilitada para ello. La verdad es que aún sus zapatos, que hacían juego con su pegajosa bolsa de viaje, eran un lujo al lado de los que había allí guardados, que pertenecían a los visitantes locales. Pero aún así, era totalmente obligatorio recorrer el templo y sus alrededores descalzos. Nos quedamos sentados en un banco de la entrada mirando hacia la gigantesca flor de loto.

    - Aquí te tienes que descalzar en muchos sitios. O te acostumbras o no podremos visitar ningún templo.
    - No es por los zapatos.
    - ¿Entonces?
    - Son los calcetines, que los tengo llenos de agujeros. – No pude evitar la carcajada.
    - Esta misma tarde te compro unos, no me voy a perder todo lo que hay que ver aquí porque tú tengas tomates en los calcetines.
    - No tengo tomates, tengo agujeros.
    - Se llaman así también. – Me dio la impresión de que se estaba enfadando o que estaba incómodo.
    - Yo no tengo tomates.

    No volvió a hablar en un buen rato, lo que me dio tiempo para pensar un poco en Om. ¿Quién sería aquel tipo?¿Por qué tenía que hablar con él?¿Qué relación tenía conmigo?¿A qué venía la carta en mi casa?. Demasiadas preguntas sin respuesta que me había dispuesto a contestar. No pude evitar sonreír mientras me reía de mí mismo por creerme Tintín o Hércules Poirot.

    Como no había manera de que Formi se descalzara de momento, decidí que fuéramos directamente a una de las cientos de tiendas de ropa, y de todo lo demás, que había por las calles aledañas. Elegí una cualquiera, ya que me dio la impresión de que en todas las que vendían ropa, tenían exactamente lo mismo. Daba igual que quisieras camisetas, camisas, pijamas, saris o calcetines, allí lo tenían y si no lo tenían se iban a la tienda cercana de algún pariente que sí que lo vendía.

     Me costó un poco hacerme entender ya que no conseguía recordar bien si calcetines se decía cocks o socks. Por el descojono del tendero, me dí cuenta de que era la segunda opción y, hasta que no consulté en Internet a la vuelta al hotel, no me di cuenta de que le había pedido a aquel hombre tres pares de pollas.

    Como las tiendas, digamos informales, están abiertas prácticamente todo el día, los dueños suelen hacer allí buena parte de su vida, así es que se rodean de aparatos domésticos, una nevera, una tetera o una televisión. En la tienda dónde Formi estaba eligiendo los calcetines tenían encendida la televisión en un canal de esos de vídeos musicales. Siendo como son, tan peculiares y tan diferentes los videos musicales indios, me quedé un rato mirándolos medio divertido, medio sorprendido, cuando uno de los videos llamó poderosamente mi atención. Una chica bailaba una música con mucho ritmo y muy india, todo muy colorido y muy bonito, pero lo que me dejó fascinado fue la chica. Hubiera jurado que era la misma chica del anuncio del té en Madrid. De hecho “era” la chica de aquel anuncio. De pronto tuve una certeza. No era el Taj Mahal lo que me había llamado la atención en aquel anuncio, era la chica. ¡Yo conocía a esa mujer!. ¿Cómo es posible que yo conociera a una actriz india?. Un ligero mareo me obligó a sentarme encima de un bloque de pantalones y un nombre me vino a la cabeza de repente: ¡UMAY!.

    Terminó el video y allí estaba su nombre Umay Fadilah. ¡Sorprendente!. ¿Aquello era una casualidad cósmica o qué estaba pasando?. Acababa de encontrar mi siguiente pista comprando calcetines en una tienda de barrio. Necesitaba comer algo para poder pensar con claridad.

    Como se nos había hecho un poco tarde para volver al templo, nos fuimos a comer. Esta vez si que tuve cuidado con lo que le pedí a Formi. No quería repetir el espectáculo del vómito del primer día, así es que pollo tikka con arroz basmati blanco era una apuesta segura. Él no lo sabía, pero ese iba a ser su menú durante todo el tiempo que estuviéramos allí. Y esta vez si, Formi comió y se lo quedó todo dentro.  Yo también comí, como un autómata, pensando en aquella actriz que, al parecer, conocía de alguna forma.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Formerio se va de viaje - SEIS

    Efectivamente, los hoteles en India tenían

nivel. A pesar de sus cuatro estrellas, el Hans Plaza superaba con creces todas mis expectativas. Con un hall impresionante y unos empleados impecablemente vestidos, sentía que estaba entrando en un palacio o en un hotel de super lujo. Tanto, que me sentí violento al entrar allí con Fortunio y su bolsa glaseada. Ya sea por la amabilidad innata o bien porque un cliente es un cliente, el personal nos trató de manera exquisita. Un botones nos llevó a la habitación que, a pesar de que todos mis sentidos me decían que no lo hiciera, me sentí obligado a compartir con mi compañero de viaje. Me dí varias excusas a mí mismo para haber cometido tal acto de generosidad o de estupidez, como que así me saldría más barato, o que así no me sentiría tan solo, pero en el fondo pensaba que, a la menor oportunidad, le daría esquinazo a Fortunio. Eso si, el ir con un personaje así tenía sus ventajas. Cuando el mozo nos subió las maletas y se quedó unos instantes esperando la propina, Formario le estrechó la mano muy sonriente, mientras le decía – ¡Encantado de conocerle! –, ante el estupor del indio que reflejaba claramente en su cara lo que estaba pensando – Este tío es idiota–.

    Dedicamos el resto de la tarde a familiarizarnos con el hotel. Para mí era algo novedoso por su lujo y su decoración cuidada hasta el mínimo detalle, pero para Farmacio era como si hubiera aterrizado en otro planeta. Yo no solía alojarme en hoteles, pero estaba claro que Farmacio no lo había hecho nunca. Pasó más de una hora dentro del baño probando todos los botones, grifos y llaves de la luz que encontró y oliendo los jabones y geles como si se los fuera a comer. Estaba realmente fascinado, hasta tal punto, que me dí prisa en colocar mi ropa en el armario para verle disfrutar. Era como un chimpancé con un bote de pintura y un lienzo en blanco.

    Al cabo de un par de horas, y cuando ya mi compañero había tocado una y mil veces todo lo que había que tocar en la habitación, nos decidimos a explorar el resto del hotel y a buscar el restaurante para cenar algo, a ser posible que no estuviera metido en una cajita.

    Por supuesto, ninguno de los dos sabíamos nada de comida india, así que, una vez sentados, decidí simplificar la elección al máximo. Pollo o cordero. Por suerte, la carta estaba en inglés y me resultó fácil encontrar los platos que llevaban “Chicken” y el “Kebab”. El resto era fácil:

    - Formulio, ¿qué prefieres tandori o tikka masala?
    - No sé, pero me llamo Formerio.
    - Si, perdona. Yo tampoco sé lo que es, tiene pollo o cordero y podemos elegir la forma de cocinarlo. Tandori o tikka masala.
    - Pollo.
    - ¿Tandori?
    - ¿Quién es Dori?¿Es una amiga tuya?
    - Chiken tandori y Chiken tikka masala – Le dije al camarero que acababa de llegar.
    - ¿Vive aquí Dori?
    - ¡No!, vive en Cuenca, ¡joder!
    - Son muy bonitas las casas colganderas.
    - Si, se lo diré de tu parte. ¡Cómete el pan!

    Quizás se callaría un rato si tenía la boca llena. Le acerqué la salsa roja para que mojara un poco el pan mientras traían la comida. Esto provocó que tardáramos un rato más en empezar a comer, ya que tuvieron que cambiar el mantel y los cubiertos, después de que Formacio vomitara copiosamente encima de la mesa tras probar el primer trozo de pan con salsa de chile, asombrosamente picante. Evidentemente, no conseguí disfrutar de aquella primera comida india, porque no pude quitarme de la nariz el olor al vómito de mi compañero de mesa. Quizás lo único que consiguió paliarlo un poco fue una mezcla de azúcar sin refinar y especias que, al parecer, mastican los indios a modo de dentífrico para limpiarse los dientes después de las comidas. Mantuve aquella pasta en la boca hasta que el recuerdo de mi amigo desapareció por completo, y como no sabía que hacer con el producto resultante, decidí convertirlo en bolo alimenticio y enviarlo esófago abajo.

    Decidimos volver a la habitación para ducharnos y acostarnos directamente. El día había sido muy largo y necesitábamos descansar para afrontar el día siguiente con garantías de lucidez. Por supuesto, esta última frase se refiere a mí mismo en exclusiva, porque no tenía yo garantías de que el raciocinio de Formolio fuera a mejorar por muchas horas que durmiéramos.

    Por fin conseguí meterme en la cama después de una generosa ducha y de levantar a Formerilo del suelo de la misma varias veces. Aún hoy no me explico como no se rompió varias veces la cabeza en aquel baño. El caso es que dejé la mente en blanco y me quedé mirando al techo unos instantes.

    - ¿Estás pensando en tu amigo?
    - ¿Qué amigo? – Le contesté en las mismas puertas del palacio de Morfeo.
    - Ese que no conoces y que has venido a buscar.

    Me acordé en ese momento de la carta que me había llevado hasta allí.

    - No, no estaba pensando en él – Le contesté sin ganas.
    - ¿Ya no quieres buscarle?
    - Si, si, pero hoy no, mañana. Hoy estoy cansado por el viaje.
    - ¿Le vas a llamar por teléfono? Yo lo haría.

    Fui consciente en ese momento de que ese era, sin duda alguna, el único siguiente paso posible. Mañana llamaría al número de teléfono que tenía y preguntaría por Om Como-se-llame. Por un momento, me pareció que Formelio podía tener, desde su limitación, razonamientos que por simples, podían resultar geniales.

    - Seguro que es lo mejor, le llamas y quedamos y así le conoces y me lo presentas y que nos enseñe la ciudad y nos cuente cosas. Yo una vez llamé a un amigo, pero no estaba porque se había ido a Cercedilla a andar por la “Calzada murciana” que es un sitio muy bonito, como un camino pero de piedra…

    Me dejé arrullar con el parlamento de Formetio y me quedé profundamente dormido. Aquella noche ni siquiera soñé.