viernes, 21 de enero de 2011

Formerio se va de viaje - DOS

    Tuvo que esforzarse hasta el segundo estribillo la Electric Light Orchestra con su Midnight Blue para que me levantase a la mañana siguiente. En ese estado de duermevela dónde me había movido toda la noche, es dónde se encuentran más tonterías, pero también es dónde se encuentran las ideas más innovadoras. Había decidido que, aunque no me llevara a ningún sitio más que a tener la mente ocupada durante una temporada, iba a encontrar el sentido a aquella misteriosa carta que, algún desconocido, había llevado hasta mi buzón.

    Al bajar de nuevo la escalera miré de reojo el buzón, por si me encontraba una segunda carta con una explicación de la primera, o algo similar, pero no hubo suerte y seguí mi camino matutino hacia el metro. En el momento que bajé las escaleras y vi la primera valla publicitaria, recordé inmediatamente la tarea que tenía pendiente para hoy. Tenía que fijarme en el anuncio aquel.

    Mientras esperaba el siguiente metro, parado dónde sabía que estaría la puerta del vagón, me entretuve mirando a la gente que estaba en el andén de enfrente y pensando para mi mismo -“Raúl, estás muy aburrido últimamente, tío. La carta, el anuncio, son excusas para no fijarte en lo muermo que eres”-. Oí el convoy llegar y vi sus luces al final del túnel acercándose rápidamente.

    Aquel era uno de esos días en que el metro viene especialmente lleno y a duras penas, conseguí meterme en el vagón. Después de unos cuantos empujones, me encontré, frente a frente, con una preciosidad de mujer que, a pesar de el frío que hacía en la calle, llevaba un escandaloso escote. La altura de la chica, unos treinta centímetros más baja que yo, aquel escote y la distancia que había entre los dos, que era ninguna, me hizo temer que me iba a ser bastante difícil fijarme en cualquier anuncio, por muy interesante que fuera. Para más INRI, el maquinista debía estar afectado de algún tic nervioso que le hacía, a cada poco, frenar bruscamente, con lo que, debido al movimiento ondulatorio involuntario, aquella chica me atormentaba una y otra vez con aquellas peculiaridades morfológicas tan notables.

    Tirso de Molina, Sol. Estaba casi seguro de que el cartel aquel estaba en Gran Vía, así es que era la siguiente estación. Haciendo un esfuerzo tremendo, que sin calentamiento previo podría producirme una lesión ocular, aparté los ojos de aquel escote para dirigirlos a mi derecha que es por dónde podía ver la cuarta parte de una ventanilla y por dónde recordaba haber visto el anuncio que iba buscando.

    Gran Vía. Efectivamente, allí estaba aquel anuncio, o por lo menos una cuarta parte de él. Si, como recordaba era una chica sosteniendo una taza de té. La marca del té no podía verla, pero era lo de menos. Conseguí identificar aquello que me había llamado la atención el día anterior, porque lo que me había llamado la atención hoy lo tenía dando calor a mis costillas flotantes. El fondo del anuncio de la chica del té era el Taj Mahal. Otra vez India. ¿Una extraña coincidencia?. Tenía que serlo, el tipo que me había enviado la carta no podía haber puesto allí también aquel anuncio. Además, había visto mil veces el Taj Mahal y no tenía por qué sorprenderme, sin embargo parecía que, inexplicablemente, tenía el mismo magnetismo que el canalillo de mi recién conocida hermana siamesa.

    Cuando el tren volvió a emprender la marcha, con un par de frenazos bruscos, volví a colocar mi mirada en un sitio cómodo y mullido y seguí pensando, durante el trayecto por el túnel, en la atracción que siempre había sentido por la India y por los pechos femeninos, aún a pesar de no haber visitado nunca ninguno de los dos.

    En la siguiente estación la chica levantó la mirada un poco y me preguntó –¿Te bajas en la próxima? –. Me dí cuenta de que, además, tenía unos ojos muy bonitos. – No, en la siguiente – Le contesté devolviéndole la sonrisa. – Deberías viajar en taxi – No pude evitar el comentario que, por suerte, le hizo gracia a la chica. Me volvió a sonreír y se marchó. Deseé que no hiciera caso a mi comentario sobre los medios de transporte – Quizás la vea otro día – pensé.

    Después de aquella experiencia pseudo religiosa, encontrarme con el bigote de Luis Cid era casi un shock. Esperaba que no se le ocurriera aquel día reunirme, porque varias ideas se amontonaban en mi cabeza y necesitaba ponerles orden. Por supuesto, no hizo caso a mis deseos y me estuvo martirizando otro día más con el problema de un cliente insatisfecho, debido al incumplimiento de alguna cláusula contractual escrita con letra minúscula para evitar clientes insatisfechos.

    Aún así, sin poder concentrarme en nada de lo que estaba haciendo, fui madurando una idea poco a poco. Aquella tarde, cuando saliera de trabajar, navegaría un rato por Internet para hacerme una idea de lo que costaba un viaje a la India. Seguramente era una estupidez, pero para viajar uno solo a un país tan lejano, hay que apoyarse en alguna escusa idiota para que tenga la cosa un cierto sentido. Normalmente la gente suele decir cosas como “me voy a encontrarme a mí mismo”, pero yo sabía perfectamente dónde estaba. Estaba metido en un agujero del culo acompañado de Luis Cid, y quería salir de allí como fuera. La carta misteriosa me servía, pero pensaba irme a algún hotelazo si me llegaba el dinero a tanto.

    El buscador de viajes baratos me devolvió a la realidad de mi asquerosa nómina, así es que me decidí a buscar en foros y blogs de mochileros aventureros para ver como viajar hasta allí con cuatro euros. Claro que me encontré de todo, gente que se iba en bicicleta, que dormía en casas particulares y cosas así, pero eso ya era demasiado para mí. En un arranque de locura y con un par de clicks con el ratón, decidí comprarme un billete de avión Madrid-Delhi y marcharme a la aventura. Aventura. Qué bien sonaba eso. No había salido en mi vida de España y además me iba a ir solo. Estaba acostumbrado a andar solo por la vida, pero marcharme a un sitio tan diferente me daba vértigo. Mi nivel de inglés era suficientemente bueno como para no tener miedo en ese aspecto, aunque no conseguía recordar con claridad dónde lo había estudiado, suponía que en el instituto, pero era bueno.

    Mi avión saldría en tres semanas, así es que me puse manos a la obra para que no se me olvidara llevarme nada. La falta de experiencia en este aspecto viajero me podría jugar una mala pasada y no quería verme privado de mi enjuague bucal o de mis calzoncillos imitación Calvin Klein en un país como India. Así es que me pasé una semana haciendo una lista enorme de cosas que no se me podían olvidar.

    Una de las primeras cosas en que caí en la cuenta, por suerte, es que tenía que tener un visado en un pasaporte que tampoco tenía. Así es que dediqué las largas colas de espera que sufrí en la comisaría y en la embajada India para hacer la susodicha lista.

    En el momento en que me debatía en la duda de qué apuntar en mi lista después de mi gorra de los Yankees, la viejecita que estaba detrás mío en la cola, muy solícita ella, me dio unos golpecitos en el hombro para llamar mi atención.

- No se olvide Vd. una bufanda que el frío es muy traicionero. – Me apuntó.
- Muchas gracias, pero creo que habrá unos cuarenta grados a dónde voy.
- Yo me la llevo siempre.

    Me dio la impresión de que más que dar un consejo, la señora lo que tenía ganas era de hablar con alguien para pasar la tarde, así que saqué mi teléfono móvil simulando que me llamaba alguien para ver si me dejaba en paz.

- A mí en el teléfono siempre me cobran de más. Y eso que no hablo casi nada.

    Por supuesto, me dio la impresión de que esta última frase era totalmente falsa. Y seguí simulando que alguien me estaba contando algo muy interesante al otro lado de mi línea.

- Yo es que he perdido el DNI. Últimamente no sé dónde dejo las cosas. La cuñada de mi hermana, que es ATS en un hospital de niños y que cuida a un niño muy simpático que se llama Miguelito….- Hizo una pausa de unos segundos antes de continuar su parloteo - Uy! No me acuerdo de lo que le estaba contando joven. ¿Qué le estaba diciendo?¿Se acuerda Vd.?.

- Si señora, pero ya había terminado de contármelo - Quizás con la estrategia del despiste podría volver a centrarme en mi lista.

- Gracias, joven. Es que ya estoy muy mayor ¿sabe? 85 años. Y lo que ha cambiado la vida desde entonces. Yo cuando era pequeña vivía en Chamberí y tenía un primo que tenía un gato que se llamaba “michín” y un día fui a la compra, porque entonces se compraba la leche sin envasar ¿sabe?. No como ahora que lo meten en esas cajas de cartón que no hay quién las abra. El otro día me puse a abrir una….-

    Al cabo de treinta segundos ya me había perdido dentro del discurso de la señora, así que cerré el móvil, me lo guardé en el bolsillo y puse cara de lelo mientras movía mi cabeza acompasadamente con gesto afirmativo cada pocos segundos. Me dí cuenta de que había terminado de hacer la lista de momento y que me iba a tocar aguantar a aquella abuela de verborrea desatada e inconexa. Si se me olvidaba algo en el viaje ella sería la principal culpable.

    El funcionario pasó otro número y la lista avanzó un poco más.

15 comentarios:

  1. Un lector por aquí...me mola :D

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  2. Por fin he tenido un poco de tiempo para leer el próximo Best Seller. Buen comienzo

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  3. No está mal... me ha dejado con ganas de saber
    cómo sigue.
    Bueno, ahora que caigo, la foto ummm.
    De todas formas espero el 3º capítulo.
    Un saludo.
    T.

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  4. Lo colgaré el domingo por la noche, para que sigais esperando algo a esas horas, como cuando veíamos Pekin.

    Me alegro de os guste.

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  5. Muy buenas Josema!
    Me uno a esta aventura. Me gusta mucho lo que leo. Artista!
    Un abrazo.

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  6. Ahora que leo el comentario que he hecho sobre la foto, creo que no lo expresé bien, no quise decir ummm de me gusta si no umumummmmm de todo lo contrario.
    Un saludo.
    T.

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  7. Es una foto ilustrativa de lo que se cuenta, yo creo que lo ilustra perfectamente. Otra cosa es que guste o no guste pero ilustra. Es que un relato en formato Blog y sin fotos puede ser un ladrillo ¿no te parece T.?

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  8. Bueeeeeeno! vaaaaale!
    Pero es que ilustra mucho.
    a mi las fotos me encantan y si son de viajes ni te cuento..
    Un saludo.
    T.

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  9. Cada cosa en su momento, ya caerán, ten en cuenta que están en India y allí hay muuuucho que ver.

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  10. supercali:
    Tiene buena pinta :), te deja con ganas de seguir leyendo y eso es muy bueno.
    Hasta el domingo

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  11. joseman donde puedo conseguir un ejemplar de la ruta de la selva?
    por cierto me paece muy bien el trabajo que haces en este blog

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  12. ¡Otro lector que se apunta!

    Tiene muy buena pinta.

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  13. Gracias Anónimo. Para la novela puedes mandarme un correo a josemanviajero@movistar.es

    ¡Vaya presión con tantos lectores! Esta noche nueva entrega.

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  14. De cada vez la historia mejora, que misterio habrá en la Índia? A ver si en el capítulo 3 se desvela algo jeje. Por cierto, yo tambien con semejantes pechos como los de la foto creo que me despistaría, seguramente no hubiera visto la publicidad del Taj Mahal, jaja. Saludos!

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  15. Pues sinceramente, aún no lo sé. Lo voy a ir descubriendo casi al mismo tiempo que vosotros.

    Un abrazo Killercat,

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