miércoles, 26 de enero de 2011

Formerio se va de viaje - CUATRO

    Debo reconocer que no fue tan malo el viaje como presagiaba. Me refiero a la compañía de Fornido, no a lo que es el viaje en sí, físicamente hablando. No puedo entender como la gente soporta tantas horas sentada en un sitio tan estrecho, sin poder estirar las piernas nada más que para ir a hacer pis. Pero claro, entre las comidas en cajitas que nos daban, los tes y las películas que nos pusieron que, por supuesto, yo no había visto porque no voy al cine ni tengo televisión, no me levanté más de dos veces al wc, lo cual me pasó factura más tarde en forma de calambres en las piernas.

    Fornido me contó su vida en fascículos y debo reconocer que, por surrealista, me fue interesando cada vez más. Me contó todo tipo de detalles tanto privados como laborales, amorosos o médicos, lo malo es que me los contaba algo inconexos y no estoy seguro de haberlos ordenado bien.

    - Antes del accidente, trabajaba como reponedor de frutas en el almacén del Carrefour, había una chica guapa que me gustaba. Se llamaba Rocío, pero cuando me quedé así ya no me quería. Me decía que no quería salir con un tarado, que le gustaba más Fernando, que era tonto también, pero tenía una buena minga. Así que me quedé sin estrenarme y como me dí en la cabeza, porque no tenía el cinturón puesto, y se me torció un ojo y dejé de pensar bien. El ojo me lo arreglaron, pero lo de pensar no se me arregla. Así que Don Mario, que es un doctor muy majo, me dio la baja para trabajar y una pensión, para que cuidara a mi hermano también, que se quedó peor……

    Entre doctores, accidentes, bajas y chicas se me fueron pasando las horas.

    Farmacio solo se callaba cuando empezaba una película o cuando traían la comida en cajitas. En las películas prestaba muchísima atención, no sé si porque no podía entenderlas bien, o porque le interesaban mucho. No creo que fuera esto último porque vimos “Los albóndigas en remojo” y “Un vampiro en Brooklyn” o algo parecido. El caso es que cuando terminaba de comer o ver la tele, volvía a la carga como si se hubiera callado hacía cinco segundos para tomar aire.

    - … él está más tonto que yo, no entiende bien lo que le digo y yo si le entiendo bien, porque es mi hermano, pero si viene una enfermera y le habla, ella no le entiende. Un día le dejé sólo para irme a ver las “casas colganderas de Cuenca”, que están muy altas ¿sabes? Y quiso encender una vela, porque estaba oscuro y no sabía encender la lámpara, y se le calló y quemó un sillón entero. Menos mal que nuestra vecina Balbina tiene las llaves y entró llamándome: “!Formerio, Formerio¡”… –

    - ¡Ah, coño, que se llama Formerio! – Pensé que sería incapaz de retener ese nombre si me levantaba a hacer pis otra vez, así que me aguanté una hora más. – Formerio, Formerio, Fornicio, Formacio, …- Intenté repetirlo mentalmente como la cancioncilla de la tabla de multiplicar, pero no había manera, él no paraba de hablar y yo de pensar en su nombre. Una vez más, llegó la azafata con el carrito.

    - Tea or Coffe?
    - Fornicio – Le solté. El tipo que estaba en la butaca de detrás de la azafata, asentía con la cabeza mientras le miraba el culo, y mientras su mujer, que estaba justo al lado, le fulminaba la nuca con la mirada.

    - Sorry? – Me volvió a preguntar con la cafetera en la mano y sonrisa de maniquí.
    - Coffe, please. Fornuncio, ¿tú quieres café o te?
    - No gracias. Yo no sé casi inglés. Una vez me equivoqué y le dí a un botón de la tele y estuvimos dos semanas viendo las películas en inglés, así aprendí que “Lles” es que sí y “Cenquiu” es que gracias.


    Este tío si que tenía pelotas. Se iba a la India sin hotel, sin billete de vuleta y sin saber inglés. Lo mismo se creía que India estaba en Cuenca también, al lado de las “casas colganderas”.

    - ¿Y tú, a qué vas a la India? –

    Fue la primera vez que me preguntó algo en las últimas nueve horas. Me metí la mano en el bolsillo disimuladamente para tocar, una vez más, aquel sobre y reflexioné un momento si debería contarle o no el verdadero motivo de mi viaje.

    - Pues tengo que encontrar a alguien allí, pero no le conozco.-
    - Si quieres yo te ayudo, no tengo nada que hacer, solo pasear y ver cosas. Así te acompaño y vemos las cosas. Yo antes fumaba pero ahora no.

    A menudo, los vaivenes en la conversación de Formulio me dejaban unos segundos en silencio, mientras ordenaba mentalmente la información que me iba dando y quitaba la información inservible de cada parrafada. En ese momento de confusión y por responder automáticamente a Formulio, dije unas palabras que cambiarían completamente el devenir de mi viaje por India:

    - Si, vale, vale.

    En ese momento, la cara de Formacio se iluminó, y esbozó una sonrisa que me hizo darme cuenta de que la acababa de cagar.

5 comentarios:

  1. Joseman, por si no te has enterado de la fatídica noticia: http://www.vertele.com/noticias/confirmado/

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  2. Lo sigo con mucho interés Joseman. Me imagino la que le viene encima a Raúl con Formerio dándole la brasa todo el día... Me gusta!!!

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  3. Primera incógnita de la novela: ¿cómo conseguirá soportar Raúl a Formerio??? Yo no sé si podría...ufff.
    Jo, y ahora a esperar hasta el domingo a que aterricen. Síiiiiiii...ya sé que no tengo pacieeeeencia.

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  4. JAJAJA, No sé por dónde va a salir esto.

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