domingo, 30 de enero de 2011

Formerio se va de viaje - CINCO

    El aterrizaje fue, para Fornido y para mí, todo un acontecimiento. La verdad es que yo no había volado nunca, y por la reacción de Fronido, me dí cuenta de que él tampoco. Cuando comenzó el descenso tuve una sensación extraña en el estómago, pero se disipó completamente cuando Fornido me clavó las uñas de su mano derecha en mi brazo izquierdo. Por la longitud de la uña de su dedo gordo, que se me clavó un par de centímetros, supuse que además, aquel tipo, tocaba la guitarra.

    Antes de desmayarme de dolor y de que las azafatas me echaran una botella de agua en la cara para reanimarme, pude sentir como el aparato daba unos cuantos saltos antes de tocar tierra definitivamente. Cuando por fin volví en mí, me dí cuenta de que el resto del pasaje estaba aplaudiendo, aunque no me quedó claro si fue por mi rápida y exitosa reanimación o porque, en contra de todos nuestros augurios, habíamos tomado tierra sin estrellarnos.

    Nos agolpamos en el pasillo central todos los pasajeros a la vez, para coger nuestros equipajes de mano, y espalda contra espalda con el tipo que seguía recibiendo la bronca de su mujer por haberle mirado el culo a la azafata, hacía ya 4 horas, conseguí bajar mi maletita y la bolsa de deportes de Montreal 76 de Formerio. - ¡Por Dios, qué bolsa!- pensé mientras intentaba recordar si había habido alguna pandemia universal en el año 76, porque sin duda, aquella bolsa, tendría impregnada alguna muestra en su superficie.

    - Creo que aquí podrás comprarte alguna bolsa nueva y muy barata –
    Le comenté a mi recién estrenado compañero de viaje.
    - Es que era de mi padre y me hace ilusión tenerla. La llevaba cuando íbamos de viaje a Benicasim en el Renault 4 que le había regalado….

    Me tranquilizó recordar que el padre había muerto en accidente de tráfico, y que las sustancias pegadas a la bolsa no habían tenido nada que ver.

    Un olor intenso, mezcla de cientos de especias y de polvo, inundó la cabina del avión nada más abrir las puertas. El calor extraño y pegajoso y la humedad exterior se sentían desde la fila 10. Estábamos en India.


    Un sol abrasador nos estaba esperando nada más cruzar el umbral de la puerta del avión. Instintivamente cerré casi completamente los ojos y me puse la mano en la frente a modo de visera, para poder ver, por primera vez, aquel país. Cierto es que solo vi las pistas del aeropuerto, algún que otro avión y la terminal que nos estaba esperando, pero aún así me hizo ilusión. Bastante más ilusión que caerme desde mitad de la escalera hasta la espalda de Fortunio, que ya estaba a pie de pista con su mugrienta bolsa, y que, por suerte, evitó que besara el suelo emulando a un Juan Pablo II beodo.

    Probablemente todo el pasaje pensó que había pasado el viaje bebiendo lingotazos de botellitas de whisky, pero a mí lo único que me importó en ese momento es no haber perdido la carta que tenía en el bolsillo desde Madrid. Así es que saqué la carta y la miré durante unos instantes, como asegurándome de que estaba intacta.

    - ¿Es una carta de tu madre?
    - No, son los datos de la persona que he venido a buscar.
    - ¿Un amigo tuyo?

    Dejé a Fortunio sin respuesta mientras pensaba a ver qué coño hacía yo allí con esa carta en la mano, pero en seguida me dí cuenta de que había empezado mi viaje, mi aventura y que pasara lo que pasara, me lo iba a pasar bien.

    También me dio tiempo a fijarme en el aspecto lamentable que tenía mi compañero de viaje. En algún momento del vuelo se había cambiado de pantalones y ahora lucía unos cortos, con muchos bolsillos y del mismo color de sus piernas, blanco desvaído.


    El autobús nos llevó hasta la terminal para recoger nuestras maletas y allí vi por primera vez un turbante. Lo lucía un tipo con barba poblada aunque bien arreglada, impecablemente vestido con un traje a la europea, y parecía que estaba bastante apretado, y laboriosamente anudado. Luego nos enteramos de que era un Sij, digamos que la casta de comerciantes de India. Farmacio le miraba fascinado y tuve que darle un codazo para que fuera un poco más disimulado, porque aquel tipo no tenía mucha pinta de ser simpático.

    A pesar de la pinta que teníamos los dos, yo tenía la ropa sucia y rota por la caída y Formatio era así, conseguimos pasar la aduana sin problemas e incluso salir a la calle a enfrentarnos a la nube de taxistas que nos estaban esperando. Aunque nada más llegar no teníamos ni idea, se veía claramente que los taxistas eran de casta diferente a los Sij, con ropa y turbantes descuidados, algunos daban la impresión de que iban en pijama. Me dí cuenta rápidamente de que los taxistas me hablaban en inglés, aunque yo no conseguía entenderles prácticamente nada. Eso sí, la intención de ellos era clara, ofrecernos un taxi. La nuestra también, coger un taxi. Así que nos acercamos al que estaba, digamos, menos sucio y nos montamos en un Mercedes con más años que la bola del reloj de la Puerta del Sol y allí, solos ante el peligro, comenzamos nuestro acercamiento a las tribus locales.

    Dado que el nivel de inglés, o la pronunciación de los locales era igual de mala que la mía, aunque de diferente planeta, prefiero transcribir aquí las traducciones más o menos exactas de los diálogos, ya que sino no sería capaz yo mismo de entenderlos.

    - ¿Hotel?.
    - Uno cualquiera.
    - ¿Oberoi? – Me sonó a hotel carísimo y preferí buscar otra opción.
    - Otro.
    - ¿Hans Plaza? – Probablemente sería el hotel de un primo suyo llamado Hans, pero había leído que, en general, los hoteles en India son bastante buenos, así que acepté. Formacio asintió con la cabeza, como si conociera el hotel de toda la vida.
    - Mucho calor en India. ¿Primera vez en Delhi?

    El tráfico en Delhi, y en el resto de India, es en si mismo un espectáculo para un occidental. Realmente no sé si había o no semáforos, pero si los había debían estar siempre en verde en todas las calles. Aquello no tenía orden ninguno. Miles de motos, coches, motocarros (rickshaw, como llaman ellos), carritos tirados por hombres en bicicleta, bicicletas, autobuses y todo tipo de transportes inverosímiles, eso sí, siempre cargados hasta los topes. En una moto podía viajar una familia entera con aparente normalidad, por supuesto, sin casco. Entre todos estos vehículos era difícil encontrar alguno que tuviera menos de treinta años.

    En un trayecto que se nos antojó larguísimo, el taxista nos llevó por avenidas enormes, en las que podíamos ver, a lo lejos, grandes palacios y monumentos, cientos de puestos callejeros y miles de personas andando, vendiendo o simplemente sentadas en cualquier lugar.

    Al poner mi pie en el asfalto, sentí el tremendo calor que traspasaba la suela de mi zapato. Estaba claro que me iba a costar aclimatarme a este país tan extremo, aunque me iba a ayudar mucho la amabilidad de sus gentes. A solo unos pasos de nosotros, un portero vestido con las mejores galas de un maharajá, nos esperaba sonriente mientras abría la puerta del Hans Plaza, como si estuviera esperando al mismísimo primer ministro.

7 comentarios:

  1. Otro capítulo !!! ya va estando completo el domingo, jajaja
    Una propuesta: se regala un libro a quien acierte de cuántas maneras distintas llamas a Formerio !! :)
    El detalle de Montreal 76 me ha gustado...y la forma de describir el primer contacto con India también...y las fotos...y el capítulo en sí...hasta le estoy cogiendo cariño a Formerio !!

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  2. supercali:
    Bieeen!! estamos en la India :)
    que intriga lo de la carta, que será será.
    Hasta el miércoles

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  3. Estás consiguiendo que me aficione a la lectura, de nuevo, ja,ja. Es que con eso de la depre, por ser " no elegida del casting",,,pero ya se me pasa con la aventura de Formerio y nuestro amigo Raúl.
    Mañana más...

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  4. No sabéis la fuerza que me dan vuestros comentarios. La noto que sale de mi cerebro y baja por los brazos hasta mis dedos!!!.

    Gracias chicas!

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  5. Joseman no entiendo por qué no te han elegido para el programa. Si yo fuera concursante, me gustaría que mi compañero de aventuras fuera una persona como tú, me pareces supergenial y muy vivo. Eres detallista y amante del concurso. Y seguro que eres divertido. Joder no se en qué piensan.

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  6. Sinceramente, yo tampoco lo entiendo. El destino me estará preparando otra cosa seguramente.

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  7. En este episodio, del viaje de Formerio, te he visto muy bien, has descrito muy acertadamente, detalles, hasta el punto que uno se mete en la historia y parece que se transportara a la India realmente. Te felicito.
    Yo, tambien pienso que deberías ir al concurso. Pienso que mas de uno se alegraría de llevar alguien como tú cerquita en los malos momentos, si los hay.

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